Vistas de página en total

20 julio, 2022

RAFAEL BOLÍVAR CORONADO, EL AUTOR DE ALMA LLANERA

            A Oldman Botello

            Por Ricardo Emilio Quero

       A pesar de los vientos de guerra que soplan desde Europa,  en los caraqueños de la segunda mitad de 1914 no amaina su interés por las representaciones teatrales. En el viejo Teatro Caracas se anuncia para la noche del 19 de septiembre el estreno de la zarzuela «Alma Llanera», pieza salida de la pluma del joven Rafael Bolívar Coronado. La función sería un éxito.  Pero más que por la obra en sí sería su triunfo debido a una canción que, interpretada por Matilde Rueda, formaba parte del texto un negrito villacurano llamado Mamerto añadiría un extra al espectáculo con su particular manera de bailar el joropo.  La música para tal ocasión sería del maestro Pedro Elías Gutiérrez ─esta situación ha generado la versión que atribuye a Gutiérrez la autoría de la letra─. Aquellas estrofas captarían la simpatía de los asistentes desde un primer momento. El 30 de diciembre de ese mismo año,  en la plaza Bolívar de Caracas, la zarzuela es  presentada por primera vez en un escenario público. Con el deshoje del calendario Alma Llanera, ya como canción     independiente del guión original,  iría poco a poco ganándose un lugar especial en el sentir de los venezolanos…

      Venido al mundo en Villa de Cura el 6 de junio de 1884, Rafael Bolívar Coronado sería el primer vástago de la unión del escritor costumbrista Rafael Bolívar y Emilia Coronado. Es en ese entonces Villa de Cura capital del Gran Estado Guzmán Blanco —constituido por los actuales territorios de Aragua, Guárico, Miranda y Nueva Esparta─. Nacido en un ambiente culto, es posible que tal circunstancia hubiese influido en lo que habría de ser el leitmotiv de su existencia: la escritura.  Pero antes habría de pasar por una serie de vicisitudes que poco a poco modelarían su carácter.  Cuenta quince años cuando —según su propia versión— se enrola como soldado en las fuerzas del general Luciano Mendoza que defienden al gobierno de Ignacio Andrade contra el avance de las huestes revolucionarias  de Cipriano Castro que el 23 de mayo de 1899  cruzaran la frontera colombo-venezolana. Al año siguiente, fallecido su padre repentinamente en mayo, el joven se marcha a los llanos de Apure, región donde reside un hermano de su madre. Ocurrirían luego una serie de hechos ─entre ellos la muerte de su madre pocos meses después de la de su progenitor─ los cuales narraría en una especie de autobiografía titulada Memorias de un semibárbaro, polémica obra sobre la cual es factible dudar acerca de algunas cosas allí asentadas.

       En 1905, aprovechando el constante paso de las recuas de ganado que de los llanos son llevadas a Villa de Cura, instala una posada en un punto de la vía que comunica a La Villa con San Juan de Los Morros ─en esa época territorio aragüeño─. Por esta misma fecha da comienzo a su quehacer literario con un breve poema en el semanario villacurano Puntos y Comas. Impensable que alguien hubiese podido presagiar en aquel momento  lo que el destino tenía reservado a aquel mozo… Más adelante, cuando el general Gómez derroca a su compadre  e inicia lo que habrá de ser una férrea dictadura de veintisiete años, Bolívar Coronado se marcha a Caracas. Allí fungirá como cronista y redactor periodístico en La Nación y El Tiempo. Asimismo colaborará en  El Universal y El Nuevo Diario (vocero por antonomasia del régimen gomecista, y que dirigiera Laureano Vallenilla Lanz, creador del controversial “cesarismo democrático”). En las páginas de este último diario sobrevivirá para la posteridad el que posiblemente fue su   primer seudónimo: “Diego Gabacho”. También en  El Impulso ─medio que en ese tiempo era editado  en  Carora─ quedarían huellas de su intelecto.  En marzo de 1913 aparecerá su primera publicación en El Cojo Ilustrado, la más célebre revista en los anales venezolanos.

      Pero al parecer la situación económica de nuestro personaje no es muy holgada. El 1 de abril de 1913 escribe al general Gómez solicitando un destino en la administración pública, y donde pudiera “ganar lo poco que a mi modesto vivir es necesario”.   

      Su propuesta recibe buena acogida. Le será ofrecida en el Estado Falcón la teneduría de libros en la construcción de una vía carretera que uniría Coro con Cumarebo. Sin embargo, de acuerdo con su propia confesión, el manejo de las cuentas que llevara  no sería muy honesto.   Es en  esos días cuando participa en una celada que el régimen prepara al conocerse las intenciones de desembarco en Coro de elementos leales al depuesto presidente Castro. Fingiendo lealtad, tropas afines al gobierno ─uno de cuyos oficiales es Bolívar Coronado con el grado de coronel─ aclaman a los invasores para posteriormente reducirlos a prisión.  

       De regreso en la capital, el villacurano prosigue con sus inquietudes literarias. De su virtuosismo con la pluma da fe su triunfo, con un cuento titulado “El nido de los azulejos”,  en el concurso de los Juegos Florales  que en enero de 1916 auspicia La revista. No obstante todo indica que las bellas letras no le proporcionan medios suficientes de subsistencia.   Nuevamente acudirá al general Gómez. En   una misiva relátale que está a punto de ser echado del alojamiento donde reside por ser deudor de tres meses de alquiler. “Voy, pues, con una súplica hacia el generoso y noble jefe a pedirle quinientos bolívares para libertarme de este caso tan grave para mí…” Pero ese mismo año, en junio, emprende viaje con destino a España. Jamás habrá de regresar. Esta estancia constituirá un capítulo especial en su agitada existencia. Será allí donde lleve a cabo el que fue quizás el período más fructífero en cuanto a publicaciones. Sin embargo, la inmensa mayoría de estos escritos tendrán la particularidad de ser atribuidos a otros autores, reales o imaginarios. Uno de éstos será "Daniel Mendoza", el supuesto creador de El llanero.  Sería tan extensa la lista de nombres apócrifos que se convertirá en un caso casi único en la historia. Incluso las ya citadas Memorias… habrían sido en principio concebidas para ser publicadas con nombre de autor ficticio.

         El futuro, siempre imprevisible, le tendría preparada una emboscada. El 31 de enero de 1924, afectado por una repentina gripe que se propagara por la región catalana, Bolívar Coronado expira en Barcelona.   Sus restos habrán de perderse para siempre   al ser  trasladados en 1929 a una fosa común. Tal vez instantes antes de cerrar sus ojos para siempre evocara algunos de los versos que, una noche ─alumbrándose con una lámpara de kerosene o de carburo─ llevara al papel cuando se hallaba en «Santa Rosa», finca encaramada en una serranía ubicada al sur del lugar donde viera la primera luz de la vida…

   Yo nací en esta ribera del Arauca vibrador.

Soy hermano de la espuma,

de las garzas y de las rosas…