Nota de la redacción de Entre Todos D. Hace unos
días, familiares de Dora María Téllez,
una de las figuras más destacadas de la revolución que derrocó al dictador
nicaragüense Anastasio Somoza Debayle hace ya 43 años, y que ahora está en
prisión acusada de “traición a la patria”, señalaron que su vida está en
peligro debido a malos tratos recibidos en El Chipote, un espantoso centro
penitenciario, antes usado por Somoza contra los sandinistas y que en este
momento es el lugar preferido de los esposos Ortega para confinar a sus
adversarios.
“Dora María luce muy delgada,
envejecida, completamente pálida, su piel está casi translúcida, se pueden ver
incluso sus venas”, han relatado familiares que a duras penas han podido verla.
A propósito de esta denuncia, Entre
Todos D. transcribe a continuación un artículo de opinión de Gustavo
Hernández Salazar sobre Dora M. Téllez, publicado el año pasado por el
periódico español Baleares Sin Fronteras.
Por Gustavo Hernández Salazar*
Corría el año 1978, el 22 de agosto para ser exactos, cuándo 25 valientes guerrilleros sandinistas, jóvenes en su
inmensa mayoría, asumieron el riesgo de
asaltar el Palacio Nacional de Nicaragua, lugar donde sesionaba la somocista Asamblea
Nacional. Los rebeldes tomaron como rehenes a un numeroso grupo de
parlamentarios para exigir a cambio de su liberación la excarcelación de decenas de prisioneros políticos, una suma importante
de dinero - 10 millones de dólares, inicialmente -, la publicación de sus proclamas en los medios
de comunicación donde, por supuesto, estaban vetados , la aceptación de todo cuanto pedían los empleados del gremio hospitalario,
en huelga para la época, y garantías para que el comando y los presos liberados
viajaran a Panamá una vez logrado el acuerdo.
Entre los insurgentes estaba Dora
María Téllez, oriunda de Matagalpa, que con apenas 22 años era la tercera al mando – aunque
aparecía como "Comandante Dos" -
de aquella legendaria operación comandada por Edén Pastora, el célebre
Comandante Cero.
Lo que vino después
En los años siguientes, Dora María
Téllez desempeñó roles muy importantes: ministra de Salud del primer gobierno
sandinista – había estudiado varios años de medicina en la universidad de León
-, vicepresidenta del Consejo de Estado,
diputada y, sobre todo, una dirigente
muy respetada por el pueblo de Nicaragua.
La ruptura
En 1995, asqueada por el rumbo que
había tomado Daniel Ortega, fundó junto con Hugo Torres, por cierto, el “Comandante
Uno” en la toma del Palacio Nacional, Víctor Hugo Tinoco y el escritor Sergio Ramírez,
exvicepresidente de Nicaragua, entre otros, el Movimiento Renovador Sandinista
(MRS), agrupación política que ha sido perseguida con saña por Ortega y sus
secuaces.
En junio de 2008 realizó una huelga
de hambre de una semana cerca del Consejo Electoral Supremo en Managua, después
que, por órdenes de Ortega, ese organismo invalidó al MRS como partido político,
por lo que fue excluido en las
elecciones municipales de ese año.
Lo que siguió fue un duro combate
político en el que Dora María Téllez demostró coraje, inteligencia, constancia
y en el que actuó para unir a la sociedad de su país contra Daniel Ortega, “el
nuevo Somoza”, ahora un líder
autoritario, corrupto y personalista.
Del sandinismo al orteguismo
En julio de 2019, Téllez le dice al diario El País de España que lo que
hay en Nicaragua es “una dictadura forjada en la matriz propagandística de la
revolución sandinista. Digo la matriz propagandística porque no tiene nada que
ver con el sandinismo lo que está sucediendo. Tiene que ver con un adefesio que
se llama orteguismo, una maquinaria de poder político que ha ocupado el Frente
Sandinista, un partido que no pudo conformarse como una formación con vocación
democrática jamás”.
En otra parte de esa entrevista, indica que
“del sandinismo quedamos los sandinistas, que estamos luchando contra el
orteguismo”. No cabe duda que su propósito no es sólo desalojar del poder al
nefasto régimen de los Ortega – Morillo –por Rosario Morillo, conocida como “chayo”,
la esotérica esposa del presidente, y vicepresidenta de Nicaragua desde 2017,
tenida como el poder detrás del trono-; sino también el de preservar el legado
del prócer Augusto Cesar Sandino.
UNAMOS
A comienzos de 2021, el MRS se
transformó en Unión Democrática Renovadora, UNAMOS, que hace parte de la Unidad Nacional Azul y
Blanco, uno de los movimientos cívicos que integran la opositora Coalición
Nacional, alianza que pretende ser la gran fuerza política que enfrente a los
orteguistas en la próximas elecciones.
La cárcel
Este año, Daniel Ortega y su gente,
al parecer muy nerviosos, han profundizado la represión; hace pocos días, Dora
María Téllez, la mítica Comandante Dos, y varias decenas de activistas
políticos fueron arrestados, entre
ellos, antiguos aliados de Ortega, como
el general en retiro Hugo Torres, Víctor
Hugo Tinoco, que ocupó el cargo de vicecanciller (1979-1990) y cuatro
precandidatos presidenciales que así quedan inhabilitados.
El gobierno los acusa de promover
la injerencia extranjera en los asuntos internos y "pedir intervenciones
militares", nadie duda que los tribunales dirán amen porque están
sometidos a los designios de los Ortega-Morillo. En Nicaragua no hay Estado de
Derecho. Todo indica que esos enjuiciamientos son parte de una maniobra para garantizar la reelección del presidente en las venideras
elecciones. "Son zarpazos desesperados de un régimen que se siente moribundo…",
dijo al respecto Hugo Torres antes de ser arrestado por la policía.
La soledad de Ortega
Daniel Ortega pasa por un mal
momento, muchos de sus antiguos seguidores ya no lo acompañan – hasta su
hermano Humberto que vive exiliado en Costa Rica, se deslindó de él – y la
comunidad internacional cada día tiene más conciencia de lo tiránico de su
régimen, además de la cada vez más grave crisis social y política que vive la patria
de Rubén Darío. La claque gobernante, que ahora no tiene el generoso subsidio
de la quebrada Venezuela, pasa por malos tiempos. Puede que dentro de poco la “dictadura familiar de Daniel Ortega”,
como bien la describió en el 2015 el
fallecido poeta Ernesto Cardenal, sea cosa del pasado por el bien de Nicaragua
y que, después de todo esto, finalmente,
sea reconocida la titánica lucha de ese portento de mujer que es Dora María
Téllez. Lo que sí es seguro es que Ortega y su corte tendrán un merecido lugar
en el basurero de la historia.
*Abogado, exdiputado al Parlamento
Latinoamericano, dirigente del movimiento Alternativa 1.

