Por Luis Britto García
1
Afirma Oswald
Spengler en su magistral Decadencia de Occidente que las civilizaciones,
como los humanos, nacen, crecen, maduran y perecen. Lo que el historiador
alemán denominaba “Cultura Fáustica”, el uso ilimitado de la tecnología y la
energía, entra en declive por el progresivo agotamiento de la segunda. El
“pico de los hidrocarburos” a partir del cual éstos se harán cada
vez más escasos, difíciles de extraer y antieconómicos, ya está aquí. Materia tan compleja genera
pronósticos disímiles, pero todos anticipan su proximidad. El Ministro de
Finanzas ruso Vladimir Kolichev estima que “el pico del consumo bien podría
haber pasado”
(https://www.bloombergquint.com/markets/russia-starts-preparing-for-life-after-peak-fossil-fuels). British Petroleum calcula que
nunca retornará al nivel de 2019, “la marca más alta en la historia del
petróleo”. La compañía estatal Equinor de Noruega sitúa el derrumbe
de la producción hacia 2027-28; la investigadora noruega Rystad Energy lo prevé
para 2028; la francesa Total SA hacia 2030; la consultora Mc Kinsey para 2033;
el grupo Bloomberg NEF y los consultores Wood Mackenzie en 2035; la estimación
más optimista es la de la OPEP, que lo fecha hacia 2040, dentro de 18 años apenas
(https://www.bloomberg.com/graphics/2020-peak-oil-era-is-suddenly-upon-us/).
2
El tesoro
energético de los hidrocarburos fue gastado y malgastado porque era más fácil
invadir, saquear o destruir a los países productores para la
rapiña capitalista que usar sensatamente la energía no renovable
para su progresiva sustitución por las renovables. Nada más aventurado que
adivinar el futuro; nada más necesario que preverlo cuando parece
inevitable. Pensemos en lo impensable.
3
En el plano
ecológico, resultará dificultoso sustituir en pocas décadas el consumo
energético actual, que en el 78,4% es suplido por el combustible fósil, con
otras fuentes escasas, costosas y hoy apenas en desarrollo, como la
eólica, la geotérmica, la hidráulica, la fotovoltaica. Procedimientos cada vez
más drásticos de extracción, como el fracking estadounidense,
multiplicarán los costos de la energía y la contaminación. Los picos de extracción
de otros recursos naturales los harán también progresivamente incosteables.
Ello propiciará el agotamiento de combustibles orgánicos como la madera o la
biomasa fluvial. La producción de alimentos se hará la industria
prioritaria. Las transnacionales intensificarán la disputa por la privatización
y el monopolio de las tierras y del agua dulce, amenazando los
pulmones vegetales de Siberia y la Amazonia, patentando nuevas especies yorganismos modificados. La escasez de
hidrocarburos y fertilizantes químicos dificultará los cultivos masivos de la
agroindustria. Los campesinos incrementarán la lucha por las tierras y por la
sustitución de los latifundios agroalimentarios por granjas comunales,
cooperativas o familiares. Venezuela, dueña de la primera reserva de
hidrocarburos del mundo –el doble de la de Arabia Saudita, unas trece veces
mayor que la de Estados Unidos- ni debe ni puede ceder sus Zonas de Recursos
Naturales gratuitamente a transnacionales que no pagarán impuestos.
4
En el plano
demográfico y social, se acentuará la declinación de la población en los países
desarrollados y su incremento en los subdesarrollados. La progresiva
informatización de los trabajos incrementará el desempleo de
estratos cada vez mayores de marginales y excluidos. Tanques de Pensamiento de
los países hegemónicos formularán planes de control demográfico y
esterilización masiva contra no propietarios y vastos
sectores no indispensables para el modo de producción informatizado.
La pauperización progresiva favorecerá la legalización de la compra
y venta de órganos y el suicidio asistido. Políticas
cada vez más duras de migración y represión de minorías étnicas multiplicarán
la conflictividad social. Los costos de la calefacción
incentivarán nuevos flujos migratorios de zonas frías y
templadas hacia los trópicos. Se harán inviables los rascacielos con sus
impracticables ascensores y sistemas de ventilación central; la escasez de
alimentos propiciará migraciones de las urbes a los campos. La desinstalación de
parques industriales multiplicará ciudades cuasi fantasmas, como
Detroit. Se librará lucha constante por las cuotas de reproducción
demográfica. Intrincados sistemas informáticos extremarán la discriminación y
la exclusión de los usuarios sin medios económicos. El colapso
de instituciones de asistencia y solidaridad impulsará el
resurgimiento de vínculos naturales de familia e identidad cultural, grupal,
tribal, de mera supervivencia y clase social.
Venezuela no puede ni debe entregar su población a transnacionales
exoneradas del cumplimiento de normas laborales, sindicales y sociales, que la
Constitución considera irreversibles e irrenunciables. Por el contrario, debe
dedicar celosamente sus reservas de hidrocarburos y el fruto de ellas a la
supervivencia de los venezolanos y su preparación para el duro mundo con
declinante energía fósil.
5
En el plano
económico, se hará imperativo pasar de un consumo promovido por el
desecho a otro alimentado por el reciclaje. Proseguirá el crecimiento del
sector terciario de la economía de finanzas, administración y
entretenimiento, a costas del secundario de industria y transportes
y del primario agropecuario y minero. El trabajo informatizado a distancia
disminuirá la necesidad de traslado físico cotidiano de las periferias a los
núcleos urbanos, lo que podría facilitar la desagregación espacial de
ciudades y centros administrativos. Los costos
crecientes de la energía y de la recesión permanente serán
descargados por el capitalismo sobre el eslabón más débil, el trabajador. La
contracción de la demanda relativa eternizará la recesión
económica y la espiral inflacionaria. La organización
sindical o gremial será de nuevo proscrita como delito. Un Mercado
informático secreto pero conocido por todos conectará la oferta y la demanda de
todo lo que supuestamente no está en el Mercado. Cada vez más países se unirán
a Rusia, China, la India, Irán y Arabia Saudita en la iniciativa de
independizarse del dólar y exigir el pago de sus productos en divisas con
respaldo en petróleo o en oro. Estados Unidos perderá el poder de
comprarlo todo a cambio de billetes sin soporte, en momentos en que
sus reservas petroleras alcanzan apenas para ocho años. El gran capital
intensificará esfuerzos para saquear los recursos energéticos,
ecológicos, estratégicos y humanos de los países periféricos fragmentándolos en
Zonas Especiales donde sus enclaves no pagarán impuestos y no se reconocerán a
los trabajadores derechos laborales ni sociales. El sistema bancario mundial
enfrentará el colapso; su práctica de confiscar discrecionalmente
las reservas depositadas en él provocará retiros masivos y la casi total
retracción de nuevos depósitos. Venezuela puede y debe ejercer el derecho de
exigir la devolución de sus bienes y reservas en oro confiscadas, y el pago de
sus recursos en divisas con respaldo, o en bienes y equipos indispensables para
reforzar su autonomía económica y alimentaria.
