Rupert
Wingfield-Hayes - BBC News, Tokio, Japón / Fragmento.
El lugarteniente Hiroo Onoda fue el
último soldado japonés en rendirse tras la derrota de su país en la Segunda
Guerra Mundial.
De hecho, su entrega de espada -gesto
inequívoco de rendición- no se produjo hasta el 9 de marzo de 1974.
Desde que terminara la guerra en 1945,
Onoda sobrevivió en la jungla de Filipinas durante 29 años. Más tarde, a través
de cartas y entrevistas tras su regreso a Japón, Onoda admitió que no
había sido capaz de aceptar la capitulación de su país.
Para muchos extranjeros, el
comportamiento de Onoda puede parecerse al de un fanático. Pero en el Japón
imperial sus acciones eran completamente lógicas.
El lugarteniente había jurado no
rendirse jamás y morir por su emperador. Creía firmemente que sus compatriotas
y mujeres harían lo mismo.
