En muchos
casos, los problemas de sueño no serían el resultado sino el origen de
afecciones psiquiátricas como la depresión.
LONDRES. -
Cualquiera pensaría que una persona con un trastorno psiquiátrico duerme mal a
causa de su enfermedad. Pero hoy existe una interpretación drásticamente
diferente: propone que el déficit de sueño puede, de hecho, ser la causa de
algunas de estas enfermedades o, por lo menos, que llevaría a las personas a
comportarse de manera que los doctores le atribuyeran problemas mentales. La
buena noticia es que los tratamientos del sueño podrían ayudar e incluso curar
a algunos de estos pacientes.
Nadie sabe
cuántas personas pueden entrar dentro de esta categoría. "Es terrible
-opina Matt Walker, psicólogo de la Universidad de California en Berkeley-. ¿No
debería ser importante para nosotros como sociedad saber si el tres, el cinco o
el cincuenta por ciento de las personas diagnosticadas con problemas
psiquiátricos en realidad sólo sufren de un sueño anormal?"
Primero
tendríamos que saber cómo y hasta qué punto los desórdenes del sueño pueden ser
responsables de los problemas psiquiátricos. Los médicos que los estudian
notaron hace mucho que el sueño errático de alguna manera se relaciona con
estas condiciones. Los adultos con depresión, por ejemplo, son cinco veces más
propensos a tener dificultad para respirar al dormir que una persona sana,
mientras que entre un cuarto y la mitad de los niños con desorden de
hiperactividad y déficit de atención (ADHD, según sus siglas en inglés) sufren
de complicaciones del sueño, comparados con sólo el 7% de los otros chicos.
"Era más
fácil suponer que el paciente deprimido o esquizofrénico no puede dormir bien,
sin preguntarse si la relación casual no sería la inversa", dice Robert
Stickgold, investigador del sueño de la Universidad de Harvard. La suposición
de que dormir mal era un síntoma más que una causa de las enfermedades mentales
era tan fuerte que nadie la cuestionaba, más allá de que existen estudios para
demostrar esto último.
Insomnio
En 1987, por
ejemplo, Patricia Chang y sus colegas de la Universidad Johns Hopkins, de
Baltimore, hicieron un estudio con 1053 estudiantes a los que siguieron durante
alrededor de 34 años después de su graduación. Durante este período, 101 de
ellos sufrieron depresión clínica y 13 se suicidaron. Resultó que los
estudiantes que afirmaron tener insomnio eran dos veces más propensos a
desarrollar depresión que los demás.
El equipo,
entonces, concluyó, con ciertos reparos, que el insomnio era indicativo de problemas
de mayor riesgo. Stickgold va incluso más lejos. El cree que el estudio muestra
que el insomnio puede predisponer a las personas a la depresión.
Paul Peppard,
de la Universidad de Wisconsin-Madison estudió la relación entre la depresión y
el desorden de respiración al dormir (SDB, según sus siglas en inglés). En la
apnea del sueño, la forma más común de SDB, se bloquea la tráquea, lo que hace
caer los niveles de oxígeno y nos despierta temporalmente. Peppard halló una
relación entre los trastornos del sueño y la depresión.
Dormir mal
también puede explicar algunos comportamientos característicos de otras
enfermedades mentales. Hay muchas evidencias que sugieren que puede llevar a
personas con desorden bipolar a tener episodios maníacos, según un artículo
publicado en mayo último. Stickgold cree que también estaría relacionado con un
problema muy común de la esquizofrenia, el no poder dominar las habilidades
para usar grandes maquinarias. Mientras en las personas sanas las habilidades
motoras mejoran durante la noche, el equipo de Stickgold encontró que los
pacientes con esquizofrenia crónica no lo logran.
Los
investigadores identificaron una falla específica en un componente del
aprendizaje de procedimientos que depende del sueño; de modo que, en teoría, un
mejor sueño reduciría estos síntomas.
¿Cómo es,
entonces, que dormir mal desencadena problemas de conducta y psicológicos?
Algunas explicaciones son obvias. Por ejemplo, todo padre sabe que cuando los
niños están cansados se vuelven hiperactivos y no somnolientos. Las
disrupciones durante el sueño también acarrean un aumento de los niveles de las
hormonas del estrés, que producen ansiedad durante el día, un componente de
muchos de los desórdenes psiquiátricos. Además, ahora parece ser que también
interfiere con la habilidad cerebral de procesar emociones y reaccionar a
estímulos emocionales de manera apropiada.
Si bien es
sabido que dormir mal una noche hace que uno esté más irritable al día
siguiente, Walker y sus colegas descubrieron evidencia clave de por qué esto es
así. Su estudio reveló que en las personas privadas de sueño, la amígdala (una
parte primitiva y emocionalmente reactiva del cerebro) no lograba comunicarse
con el lóbulo prefrontal, que en general controla la parte emocional del
cerebro. "La razón por la cual no nos volvemos locos cuando alguien dice
algo que no nos gusta es porque tenemos una corteza prefrontal muy
desarrollada, que actúa como freno emocional", explica Walker.
La pérdida de
comunicación entre la amígdala y el lóbulo prefrontal, entonces, podría ser una
de las maneras en que la falta de sueño puede crear síntomas psiquiátricos.
Cada vez hay
más evidencias de que en particular el sueño REM ayuda al cerebro a procesar
recuerdos. Si se daña este mecanismo, esto podría causar problemas
psicológicos, tales como el desorden de estrés postraumático.
Queda claro
que todavía hay mucho trabajo por delante para desentrañar los caminos que unen
los trastornos del sueño con los desórdenes psiquiátricos. Entre las
anormalidades que todavía hay que explicar está el hecho de que las
medicaciones antidepresivas reducen el sueño REM y, sin embargo, son muy
efectivas. También existe el descubrimiento inexplicable de que muchas personas
con depresión aseguran sentirse más felices después de una noche sin dormir.
Sin embargo,
en cuanto a cómo y hasta qué punto exactamente los desórdenes del sueño son
responsables de problemas psiquiátricos, Walker sostiene que "hace cinco
años estas preguntas no estaban siquiera en el mapa de nadie, ni siquiera de
los científicos. El hecho de que ahora nos las hagamos significa que,
inevitablemente, llegaremos a responderlas".