Por Humberto
Seijas Pittaluga / Opinión
A muchos les
resulta más familiar la exhortación de Horacio a que se aproveche la juventud: carpe diem —aunque lo que dice literalmente
el latinajo es: “disfruta los días”. Que
no es mala recomendación. Pero la que
quiero traer hoy a colación es aquella que aconseja que tomes pronta acción
cuando veas que la pared de la casa de tu vecino comienza arder porque, a
menudo, los fuegos cogen más fuerza.
Deja omitido, pero es fácilmente comprensible que se refiere a que la
casa tuya también corre peligro de incendiarse.
El consejo se encuentra en el libro primero de sus Epístolas, y las
palabras exactas del poeta son: Nam res
tua agitur / paries cum proximus ardet, et neglecta solent incendia / sumere
vires.
La advertencia
fue hecha hace más de veinte siglos, y sigue siendo desoída. En todas partes. Porque tanto en Venezuela como en muchos
otros países de la América Hispana (y cuidado si también en Europa y
Norteamérica) pasaron por alto dos indicadores de lo que podría venir en la
región. Primero, la reunión de los
fulanos “países no alineados”, a la que tanto el adiposo usurpador y sus jefes
cubanos le habían hecho tanta fuerza, no trajo la cantidad de jefes de Estado
que se esperaba y resultó un evento de poca envergadura. Eso no podía ser dejado así, como un actucho
que demostraba cuán bajo han caído esos países que se supone contestatarios al statu quo occidental. Entonces, ¡presto!, sacaron de la manga la
reunión en Caracas del Foro de São
Paulo. Los más desaprensivos tomaron ese
conciliábulo como otra manera por la cual el régimen podía seguir con la regaladera
de plata a sus amigotes y compañeros de ruta.
Nada de eso, los amos cubanos no dan puntada sin dedal. Allí se preparó lo que, en el lenguaje del
Capitán Hallaca (repito: verde por fuera y mucho guiso por dentro) se puso de
moda como: “brisita bolivariana”. Que de
bolivariana nada tiene, pero de castrocomunista, mucho.
Hoy vemos a
mucha de la América Hispana encendida.
Comenzaron en Ecuador, intentando hacer volver el “correísmo”; quisieron
hacerlo en Perú, aunque les tocó coger mínimo por el apoyo sensato de pueblo e
instituciones al gobierno; ya las guerrillas asoman sus garras en Colombia,
dejando claro que eso de la paz era solo una artimaña —una mera, según el lenguaje militar,
“acción retardatriz” —, como es ceder espacio cuando se está en una situación
difícil, para ganar tiempo y emplearlo en aumentar las posibilidades de pasar
al contraataque; en Chile abundan los saqueos al comercio y los ataques sin
sentido a sistemas útiles para la población, como el Metro de Santiago, o a
templos religiosos, que no le hacen mal a nadie. Puro desmadre incitado por los cubiches y
ejecutado, en mucho, por las viudas del allendismo apoyadas por infiltrados
enviados y pagados por el madurismo por órdenes de la gerontocracia
castrista. Ya en Argentina lograron que
volviera el kirchnerismo. Con un
mascarón de proa, pero que quien va a mandar es Kristina. Que lo que busca es evitar que la condenen
por la más de una docena de juicios por corrupción que tiene. Parece que una maldición le cayó desde 1946 a
la nación que fue la más culta e instruida de toda América. Y que se refleja en el eslogan: “ladrón o no
ladrón, queremos a Perón”. Salen de un
presidente que está tratando de conducir a la normalidad económica, que ha hecho
más obras físicas, con menos presupuesto, en cuatro años que los que hicieron
el tuerto y su mujer en tres veces ese tiempo.
Y todo, porque les prometieron a los argentinos que iban a regresar los
tiempos de recibir cheques sin trabajar, el cielo socialista en la tierra…
Y, como siempre,
el doble rasero. Ya el mofletudo usurpador
y el rollizo porta-mazo dicen que es una injusticia que los chilenos tengan un
sueldo mínimo de ¡475 dólares! Y no
miran la desesperación de los venezolanos que no pueden subsistir con unos
piches siete dólares al mes que perciben como salario oficial. Ya salieron a decir que es una muerganada lo
que le están haciendo al camarada Evo; que las elecciones que “ganó” resultaron
tan limpias como las que se acostumbran en Venezuela. Con las mismas maquinitas, por cierto. No importa que la OEA diga, después del
reconteo de votos, que hubo fraude; no importa que el mismo órgano electoral
boliviano certifique que hubo inyección de votos entre medianoche y
gallos. ¡Naaah!, el compañero Evo no
puede ser dejado de lado. Si lo hacemos,
¿quién nos proporcionará la coca que necesitamos para infectar Occidente?
Mientras,
quienes debieran actuar diligentemente porque ven que la pared del vecino arde,
lo que hacen es mirarse el ombligo en perennes ataques de omphaloskepsis,
como si fuesen yoguis. Por fuera, la
Unión Europea y otros gobiernos occidentales miran para otro lado. Cuando mucho, pontifican sobre la necesidad
del diálogo. Sin darse cuenta de que lo
que hacen es correrle la arruga al régimen, que ve cómo se desvanecen las
acciones en contra de su permanencia en el poder. Por aquí, los opositores no hacen los
esfuerzos aglutinadores —cada quien con su agenda secreta— que se requieren;
ven como unos timoteoszambranos, claudiosfermines, enriquesantichs y otros
especímenes de la misma ralea —que no tienen votos que los respalden, sin
representar a nadie sino a sus intereses personales— se sientan con los
hermanitos Rodríguez a negociar, no el futuro de Venezuela, sino la pervivencia
del régimen.
Se les olvida que neglecta solent incendia / sumere
vires…
