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15 julio, 2019

Un pedazo del sol naciente en el corazón de Suramérica


Agencia EFE / foto: Martín Alipaz

Okinawa I (Bolivia). - Hablan okinawense, juegan gateball y bailan eisa en recuerdo de su origen, que hace 65 años les llevó del lejano país del sol naciente al corazón de Suramérica, donde estos días esperan la visita de la princesa Mako de Japón.
A quienes no conocen Bolivia les resulta difícil imaginar que en el país suramericano se alza un pequeño enclave japonés, la colonia Okinawa I, así llamada por sus fundadores en recuerdo a la isla japonesa de sus orígenes.
Muchos de los pioneros que aún viven hablan solo japonés o el dialecto okinawense, como el presidente de la Asociación Boliviana Japonesa de Okinawa, Yukifumi Nakamura, que conversó con Efe gracias a la traducción del secretario general de esa entidad, Satoshi Higa.
Aunque esta colonia cumplirá 65 años, las primeras migraciones japonesas a Bolivia datan de 1899, cuando 91 nipones se trasladaron desde Perú, donde habían llegado ante la necesidad de mano de obra, a Bolivia para dedicarse a la extracción de caucho, y algunos nunca más volvieron a su país.

La mayor oleada de inmigración la propició a partir de 1953 un decreto del entonces presidente boliviano Víctor Paz Estenssoro, a quien se recuerda con una estatua en la plaza central de Okinawa I como el "padre" de la colonia por abrirles las puertas en Bolivia.
La travesía de los okinawenses comenzó en el puerto japonés de Naha, en buques que atravesaron los océanos Índico y Atlántico hasta el puerto brasileño de Santos para continuar el viaje en tren hacia Bolivia.
Tras las penalidades que les obligaron a cambiar varias veces de emplazamiento, como enfermedades, sequías e inundaciones, fundaron Okinawa I, la principal colonia japonesa en Bolivia, abriendo camino a sus carretones con hachas entre la maleza.
Nakamura, que tenía 22 años en 1963, cuando llegó al país, hoy tiene 78, mientras que Higa, de 53 años, es nikkei, hijo de japoneses nacido en Bolivia.
La Okinawa I en la que viven es ahora un ejemplo en Bolivia, reconocida como "capital triguera" y "máximo exportador de soya" del país, superadas aquellas dificultades.
Convertida en un municipio de la región de Santa Cruz, entre sus vecinos ya son más los venidos de varias partes de Bolivia, pero los japoneses y nikkeis se esmeran por conservar su cultura y tradiciones.
Aunque se ven muy pocas casas con estilo asiático y algún letrero por ahí escrito en español y japonés, en los edificios construidos por la asociación predomina el idioma nipón.
Los más jóvenes aprenden japonés en casa y en el colegio, y practican deportes como el béisbol, muy popular en Japón, y en el Festival de la Buena Cosecha en agosto hacen demostraciones de bailes tradicionales nipones como el eisa, con tambores.
Según Nakamura, en su vida cotidiana los pioneros conservan muchas costumbres japonesas, sobre todo en cuanto a la comida, aunque es más que nada en casa, pues en el pueblo predomina la cocina boliviana.
Los ancianos, muy respetados en la comunidad, se mantienen activos con actividades como el "gateball", un deporte popular en Japón inspirado en el críquet.
Sakae Atta, de 71 años, es parte del grupo que se reúne sin falta todas las tardes para jugar "gateball".
Atta comentó a Efe en un perfecto español que se siente "como si fuera boliviano", pues llegó con apenas 7 años y casi no tiene recuerdos de Japón.
Los pioneros sienten que su tiempo ya está pasando, por lo que esperan que sus descendientes se encarguen de gestionar nuevos proyectos para mejorar la comunidad, afirmó Nakamura.
Cuando la colonia cumplió medio siglo, vieron necesario "dejar algo que marque en la historia" su llegada a esta tierra, lo que dio lugar a un museo, recordó Higa.
Las dificultades de los primeros años se evidencian en centenares de fotografías en blanco y negro o herramientas de agricultura y carpintería, entre otros objetos.
También está una campana, obsequiada por Paz Estenssoro a los primeros colonos, que se usó inicialmente para convocar a fiestas o reuniones, pero pronto ese sonido "de alegría se convirtió en su tiempo" en otros "de tristeza", pues era el aviso de muertes por una epidemia, relató Higa.
Algunos nikkei han tenido oportunidad de volver a la tierra de sus padres, como Higa, que al acabar el colegio se fue becado a Japón, mientras que tres de los hijos de Nakamura viven allí y los otros tres se establecieron en Bolivia.
El legado de los pioneros llega hoy hasta la sexta generación en la zona amazónica de Bolivia, mientras que en otras colonias como la cruceña San Juan, siguieron llegando hasta 1992, según datos de la Embajada de Japón en La Paz.
Actualmente son más de 10.000 los descendientes, a los que su alteza imperial la princesa Mako de Akishino visitará del 15 al 20 de julio en Bolivia, en conmemoración del 120 aniversario, donde recordará con los supervivientes de Okinawa I esta historia.
Gina Baldivieso