Por Héctor
Barbotta *
La España de
Lorca y Machado respira aliviada. Las urnas sepultaron ayer la posibilidad de
un gobierno reaccionario condicionado por una extrema derecha en ascenso que en
diciembre del año pasado ya propició el cambio político en Andalucía, la región
más poblada del país, y que ahora amenazaba con hacerlo en el conjunto de
España.
Para ello fue
necesaria una movilización electoral con escasos precedentes –más de un 75 por
ciento de participación– y la concentración mayoritaria del voto progresista en
los candidatos del PSOE. Las elecciones de ayer volvieron a confirmar la tesis
que sostiene que una alta participación en España beneficia invariablemente a
la izquierda.
El sistema
parlamentario español y su ley electoral castigan la dispersión del voto. La
derecha, dividida en tres opciones –los conservadores del Partido Popular, los
liberales de Ciudadanos y los ultras de Vox– sumaron el 42,81 por ciento de los
sufragios y solamente 147 escaños; a su izquierda, el PSOE y Podemos, con el 43
por ciento, consiguieron 165, a sólo 11 de los 176 que dan la mayoría absoluta
que permite investir al presidente en primera votación y gobernar sin
sobresaltos. Los nacionalistas y los partidos regionales tienen, como casi
siempre, la llave, pero cualquier posibilidad que no pase por la reelección del
socialista Pedro Sánchez para los próximos cuatro años está descartada.
El secretario
general del PSOE ha sido el gran vencedor de la noche. Tras acceder al Gobierno
el 1 de junio del año pasado con una moción de censura a Mariano Rajoy que
salió adelante después de que la corrupción estructural del PP quedara
reflejada en una sentencia judicial, supo capitalizar en las urnas el fuerte
perfil social imprimido a su gestión durante estos diez meses con medidas como
la subida del salario mínimo a 900 euros, la ampliación de los permisos de
paternidad o la bajada del IVA que se aplica al pan, aprobada en el último
Consejo de Ministros apenas 48 horas antes de las elecciones.
La
movilización electoral que ha dado la victoria al PSOE, la mayor desde 2004, no
se explica sin embargo tanto en el perfil social del gobierno de Sánchez como
en el temor que despertó en la España progresista la irrupción de la extrema
derecha de Vox y la mimetización que de su discurso hizo Pablo Casado, el joven
cachorro conservador que se hizo con los mandos del Partido Popular desde la
salida de Mariano Rajoy.
Encaramada
sobre el conflicto territorial en Cataluña, que azuza el sentimiento
nacionalista y exacerba los ánimos de la España más conservadora, los ultras de
Vox consiguieron ganar su espacio con un discurso extremista sin complejos que
además de proponer una respuesta autoritaria al desafío catalán pone sobre la
mesa otras cuestiones como su enfrentamiento al movimiento feminista o la
defensa de tradiciones cuestionadas como la caza o las corridas de toros.
El Partido
Popular, lejos de marcar distancias con la extrema derecha en la línea de los
partidos conservadores europeos, se sumó a este discurso, una estrategia que
resultó ser catastrófica para sus intereses. Perdió más de la mitad de los
escaños y cosechó el peor resultado de su historia.
Los ultras de
Vox, aunque entran con fuerza en el Congreso al sumar 24 diputados, quedan muy
lejos de las expectativas que el resultado en Andalucía les había despertado.
Entre las
fuerzas de la derecha el más beneficiado es Ciudadanos, una formación que se
reivindica liberal aunque también propicia una solución drástica frente al
secesionismo catalán, que pasa de 32 a 57 escaños.
Podemos, por
su parte, paga cara la crisis interna que se saldó con la salida de sus
estrategas más brillantes, hastiados del personalismo de Pablo Iglesias, pero
puede jugar un papel relevante pese a pasar de 71 a 42 diputados. Todo
dependerá de si Sánchez mira a su izquierda para conseguir los apoyos que le
faltan o lo hace a su derecha, como ya lo intentó hace cuatro años, cuando
firmó un pacto que no prosperó con el líder de Ciudadanos, Albert Rivera. La
suma de PSOE y Ciudadanos sería suficiente para no necesitar ningún otro apoyo.
Anoche, sin embargo, los simpatizantes socialistas coreaban dos consignas
frente a la sede madrileña del PSOE: “¡No pasarán!” y “¡Con Rivera no!”
Los partidos
nacionalistas, tanto vascos como catalanes, también se beneficiaron del temor a
la extrema derecha. Algunos resultados fueron espectaculares. Esquerra
Republicana de Cataluña (separatistas de izquierda), con su principal líder,
Oriol Junquera, encarcelado desde hace un año y enjuiciado en la causa por el
proceso independentista, fue la fuerza más votada y estará en el Congreso con
15 diputados. Su respaldo puede ser fundamental si Sánchez decide pactar a
izquierda. En esta comunidad, la representación del Partido Popular cayó de
seis diputados a uno. Sólo irá al Congreso la marquesa Cayetana Álvarez de
Toledo, nacida en Madrid pero educada en Argentina y emparentada con la familia
Peralta Ramos.
También en el
País Vasco hubo un fuerte ascenso de las fuerzas nacionalistas, tanto
conservadoras como de izquierdas. Allí el Partido Popular perdió los dos
escaños que tenía. / Tomado de Página 12 / Argentina.
* Máster en comunicación política.
