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29 abril, 2019

No pasaron


Por Héctor Barbotta *

La España de Lorca y Machado respira aliviada. Las urnas sepultaron ayer la posibilidad de un gobierno reaccionario condicionado por una extrema derecha en ascenso que en diciembre del año pasado ya propició el cambio político en Andalucía, la región más poblada del país, y que ahora amenazaba con hacerlo en el conjunto de España.
Para ello fue necesaria una movilización electoral con escasos precedentes –más de un 75 por ciento de participación– y la concentración mayoritaria del voto progresista en los candidatos del PSOE. Las elecciones de ayer volvieron a confirmar la tesis que sostiene que una alta participación en España beneficia invariablemente a la izquierda.
El sistema parlamentario español y su ley electoral castigan la dispersión del voto. La derecha, dividida en tres opciones –los conservadores del Partido Popular, los liberales de Ciudadanos y los ultras de Vox– sumaron el 42,81 por ciento de los sufragios y solamente 147 escaños; a su izquierda, el PSOE y Podemos, con el 43 por ciento, consiguieron 165, a sólo 11 de los 176 que dan la mayoría absoluta que permite investir al presidente en primera votación y gobernar sin sobresaltos. Los nacionalistas y los partidos regionales tienen, como casi siempre, la llave, pero cualquier posibilidad que no pase por la reelección del socialista Pedro Sánchez para los próximos cuatro años está descartada.
El secretario general del PSOE ha sido el gran vencedor de la noche. Tras acceder al Gobierno el 1 de junio del año pasado con una moción de censura a Mariano Rajoy que salió adelante después de que la corrupción estructural del PP quedara reflejada en una sentencia judicial, supo capitalizar en las urnas el fuerte perfil social imprimido a su gestión durante estos diez meses con medidas como la subida del salario mínimo a 900 euros, la ampliación de los permisos de paternidad o la bajada del IVA que se aplica al pan, aprobada en el último Consejo de Ministros apenas 48 horas antes de las elecciones. 

La movilización electoral que ha dado la victoria al PSOE, la mayor desde 2004, no se explica sin embargo tanto en el perfil social del gobierno de Sánchez como en el temor que despertó en la España progresista la irrupción de la extrema derecha de Vox y la mimetización que de su discurso hizo Pablo Casado, el joven cachorro conservador que se hizo con los mandos del Partido Popular desde la salida de Mariano Rajoy.
Encaramada sobre el conflicto territorial en Cataluña, que azuza el sentimiento nacionalista y exacerba los ánimos de la España más conservadora, los ultras de Vox consiguieron ganar su espacio con un discurso extremista sin complejos que además de proponer una respuesta autoritaria al desafío catalán pone sobre la mesa otras cuestiones como su enfrentamiento al movimiento feminista o la defensa de tradiciones cuestionadas como la caza o las corridas de toros.
El Partido Popular, lejos de marcar distancias con la extrema derecha en la línea de los partidos conservadores europeos, se sumó a este discurso, una estrategia que resultó ser catastrófica para sus intereses. Perdió más de la mitad de los escaños y cosechó el peor resultado de su historia.
Los ultras de Vox, aunque entran con fuerza en el Congreso al sumar 24 diputados, quedan muy lejos de las expectativas que el resultado en Andalucía les había despertado.
Entre las fuerzas de la derecha el más beneficiado es Ciudadanos, una formación que se reivindica liberal aunque también propicia una solución drástica frente al secesionismo catalán, que pasa de 32 a 57 escaños. 
Podemos, por su parte, paga cara la crisis interna que se saldó con la salida de sus estrategas más brillantes, hastiados del personalismo de Pablo Iglesias, pero puede jugar un papel relevante pese a pasar de 71 a 42 diputados. Todo dependerá de si Sánchez mira a su izquierda para conseguir los apoyos que le faltan o lo hace a su derecha, como ya lo intentó hace cuatro años, cuando firmó un pacto que no prosperó con el líder de Ciudadanos, Albert Rivera. La suma de PSOE y Ciudadanos sería suficiente para no necesitar ningún otro apoyo. Anoche, sin embargo, los simpatizantes socialistas coreaban dos consignas frente a la sede madrileña del PSOE: “¡No pasarán!” y “¡Con Rivera no!”
Los partidos nacionalistas, tanto vascos como catalanes, también se beneficiaron del temor a la extrema derecha. Algunos resultados fueron espectaculares. Esquerra Republicana de Cataluña (separatistas de izquierda), con su principal líder, Oriol Junquera, encarcelado desde hace un año y enjuiciado en la causa por el proceso independentista, fue la fuerza más votada y estará en el Congreso con 15 diputados. Su respaldo puede ser fundamental si Sánchez decide pactar a izquierda. En esta comunidad, la representación del Partido Popular cayó de seis diputados a uno. Sólo irá al Congreso la marquesa Cayetana Álvarez de Toledo, nacida en Madrid pero educada en Argentina y emparentada con la familia Peralta Ramos.
También en el País Vasco hubo un fuerte ascenso de las fuerzas nacionalistas, tanto conservadoras como de izquierdas. Allí el Partido Popular perdió los dos escaños que tenía. / Tomado de Página 12 / Argentina.
* Máster en comunicación política.