- FRANCISCO CARRIÓN / Tomado de
El Mundo - España
"Ha
habido un número de factores acumulativos que han incrementado las
tensiones", reconoce un experto en el Golfo pérsico.
"Ha
habido un número de factores acumulativos que han incrementado las
tensiones", reconoce a LOC Ghanem Nuseibeh, director de Cornerstone global
associates, una consultora de riesgo con sede en Londres especializada en el
golfo Pérsico. El analista aporta, al menos, dos razones de fondo que han
enturbiado las relaciones entre ambas cortes. "Una emisión de la
televisión saudí Al Arabiya que los marroquíes interpretaron como
contraria al país en el asunto del Sáhara Occidental meses después de que los
saudíes junto a otros países árabes apostaran por Estados Unidos para albergar
el Mundial de fútbol de 2026 en detrimento de Marruecos", precisa.
La trifulca,
sin embargo, ha sido más virulenta de lo que pudiera parecer. Quienes conocen
los lazos aseguran que se hallan en uno de los niveles más bajos en décadas. En
febrero Rabat llamó a consultas a su embajador en Arabia Saudí, cansado de lo
que interpretaron como un continuo desprecio de Riad. Uno de los principales
responsables de agotar la paciencia de los asesores de Mohamed VI ha sido Turki
bin Al Shaij, un asesor de 37 años muy cercano al príncipe heredero Mohamed bin
Salman que hasta el pasado enero ocupó la autoridad general de deportes. Desde
entonces, lidera la apuesta del reino por convertirse en La Meca del
ocio, con espectáculos tan variopintos como un trasunto de los
"Sanfermines".
Durante
meses, Turki no ocultó en sus redes sociales los reproches contra Marruecos que
circulan por los pasillos del reino ultraconservador. "Algunas personas se
extraviaron. Si desean nuestro apoyo, deben buscarlo en Riad. Lo que hacen es
perder el tiempo. Ahora que pidan al pseudoestado que los ayude", tuiteó
en referencia a Marruecos y sus relaciones con Qatar en plena carrera del país
magrebí para hacerse con el torneo. La regañina, sin el más leve disimulo, dejó
al descubierto la incomodidad de Riad con la cercanía de Mohamed VI -un rey
ausente aquejado de graves problemas de salud- con Qatar. Rabat no secundó a
Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin o Egipto en la ruptura de
relaciones diplomáticas decretada en junio de 2017 contra el país.
Lejos de
aproximarse a las tesis y las demandas del cuarteto, el monarca alauí visitó
Doha seis meses después de que comenzara un bloqueo por tierra, mar y aire que
aún continua. En su periplo, Mohamed VI también recaló en Emiratos pero no así
en Arabia Saudí. Su encuentro con el emir qatarí Tamim bin Hamad Al Zani (38)
no cayó en el olvido. Tampoco la reciente decisión de Rabat de
abandonar la coalición árabe quebombardea desde hace cuatro años Yemen, una
agresiva aventura de los sucesores al trono saudí y emiratí que ha segado
decenas de miles de vidas civiles. La presencia marroquí era más testimonial
que real pero su salida de la alianza coincide con la creciente presión de la
comunidad internacional para que cesen los ataques aéreos y los Gobiernos
occidentales dejen de proporcionar armamento.
La gota que
colmó el vaso fue, sin embargo, una información divulgada por Al Arabiya que la
diplomacia marroquí consideró un ataque a la discutible "integridad
territorial del reino" a propósito del Sáhara Occidental, la que fuera
provincia española invadida ilegalmente a finales de 1975, con
Francisco Franco agonizando, y el último territorio pendiente de
descolonización en el continente africano. Un golpe a las tesis que durante
décadas Rabat ha mantenido contra viento y marea gracias a la complicidad de
Francia y la negligencia de España.
Y, a pesar de
las diferencias que les separan, ambas monarquías transitan horas bajas.
Enfermo, Mohamed VI ha comenzado junto a sus asesores a preparar a su sucesor,
su primogénito Hasan. Su ex esposa, Lalla Salma, lleva quince meses
desaparecida de la vida pública. Y la semana pasada miles de profesores
llevaron la protesta por sus condiciones de trabajo hasta el Parlamento. La
dictadura reprimió con dureza las manifestaciones. Salman, en cambio, trastocó
todas las reglas de sucesión entre las distintas ramas de la familia real saudí
para catapultar a su vástago. Las acciones de Mohamed bin Salman en política
exterior y el crimen del periodista Jamal Khashoggi en el
consulado saudí en Estambul han provocado su descrédito internacional.
Para
salvaguardar su camino al trono, el treinteañero ha reducido su exposición
pública. Salman ha vuelto a escena a pesar de su frágil salud. "Está en
una fase muy avanzada de alzheimer. No se está exponiendo. Lo están exponiendo.
Su hijo quiere convencer ahora al mundo de que no está a cargo del país para
que las relaciones se normalicen tras el asesinato", comenta a este
suplemento una garganta profunda del reino que exige anonimato. Como prueba de
este recuperado protagonismo, Salman fue el que acudió a la cumbre que la Unión
Europea y la Liga Árabe celebraron en febrero en Sharm el Sheij. También fue el
máximo representante saudí en la conferencia de la Liga Árabe que tuvo lugar
este pasado domingo en Túnez. Un escenario en el que pudo iniciarse el
deshielo. "Las relaciones entre ambas familias reales son
históricas y personales. La cumbre fue, sin duda, una oportunidad para
fortalecer los lazos", apunta Nuseibeh.
