Opinión / Por Erick Camargo *
El diferendo existente entre
Venezuela y Guyana por el denominado “Territorio Esequibo”, lamentablemente no
ha sido abordado de la forma requerida por una materia de tal magnitud. Siendo
un asunto de política internacional, pero además de interés referente a la
soberanía de la República, no debe ser abordado a la ligera.
Lamentablemente en Venezuela no ha
existido una política de estado referente a esta disputa territorial. Siendo abordado
como un asunto de Gobierno, por cada uno de los mandatarios que han ocupado
Miraflores, durante todo el siglo XX.
Si empezamos por los gobiernos de la
hegemonía andina, tanto Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, apenas tuvieron
algunos pronunciamientos, que podrían clasificarse como tímidos, producto de la
situación internacional imperante en el momento. Durante el gobierno de Isaías
Medina Angarita y el de Rómulo Gallegos, igualmente se realizaron
pronunciamientos sobre la injusticia cometida en el Laudo de París, aunque
tampoco existió una política referente al tema, igualmente imposibilitada por
el escenario político mundial.
En el transcurso del régimen militar
de Marcos Pérez Jiménez, se dieron nuevamente pronunciamientos, en este caso el
Canciller Luis Emilio Gómez, apoyado por la reciente publicación del Memorándum
Mallet-Prevost en 1949, denunciando la nulidad del Laudo de París. En la X
Conferencia Interamericana en Caracas, Marcos Pérez Jiménez reafirma los
derechos de Venezuela sobre el territorio Esequibo.
A la instauración de la democracia,
durante la presidencia de Rómulo Betancourt, se establece una política respecto
a los límites con Guayana Británica, la cual tenía dos ejes esenciales, por un lado,
se inició una acumulación de documentos e información que diesen bases y apoyos
sólidos a la reclamación venezolana, y el segundo eje dirigido a realizar las
gestiones diplomáticas necesarias para lograr que Gran Bretaña quisiese
resolver el conflicto territorial. En este sentido en 1962 se reaviva el
reclamo por parte de Venezuela, a través de las ONU.
La victoria de Raúl Leoni como nuevo
Presidente de la República, logró mantener una continuidad en las gestiones,
así como de los actores que llevaban el caso en sus manos, tal como es el caso
de Iribarren Borges, quien fue comisionado para recabar la información
documental y ahora fungía como Canciller de Venezuela. De esta forma se logra
como un éxito de esta política, la firma del Acuerdo de Ginebra en 1966. En el
marco de las negociaciones abiertas a raíz del Acuerdo de Ginebra, Venezuela
inicia una serie de acciones tendientes a recuperar el territorio despojado,
acciones que incluso utilizando las vías de hecho como la invasión a la isla
Anacoco, pero también la propuesta de desarrollo compartido de la región,
aprovechando la reciente independencia de Guyana. Importante en este caso es
destacar la preparación de la Revuelta del Rupununi, así como el levantamiento
de varios pueblos indígenas de la región.
En 1968 la política cambia totalmente
luego de los resultados electorales que dan como ganador al Dr. Rafael Caldera,
quien detiene por completo la política de presión hacia Guyana, terminando en
la firma del Protocolo de Puerto España en 1970, congelando la disputa por 12
años; desperdiciando el arduo esfuerzo realizado desde la Cancillería desde
1959.
Lamentablemente el Protocolo de
Puerto España no sólo congeló la disputa, sino que además paró en seco toda
política, sea cual fuere, con respecto a la Guayana Esequiba.
A partir de 1981 durante el gobierno
de Luis Herrera Campins, Venezuela decide no prorrogar el Protocolo de Puerto
España, con la intención de iniciar las negociaciones que devinieran en la
resolución del conflicto. Igualmente se declaró que Guayana no daba muestras de
querer negociar de buena fe una resolución a la disputa territorial. Guyana
niega cualquier intento de negociación directa, promoviendo siempre el uso de
tres intermediarios (entre las que se encontraba ir a la Corte Internacional de
Justicia), opciones que Venezuela rechaza tajantemente. El conflicto es llevado
a instancias del Secretario General de la ONU, quien acepta buscar una solución
“práctica” al conflicto.
En 1987 durante el gobierno del
Presidente Jaime Lusinchi, Venezuela y Guyana deciden utiliza el método de los
“Buenos Oficios”, el cual inicia su funcionamiento en 1989.
En 1993 Guyana demuestra poseer una
política más agresiva respecto al diferendo, al otorgar de forma unilateral
concesiones de exploración y explotación petrolera frente a las costas del
territorio reclamado por Venezuela. Política que continuará hasta la
actualidad, no sólo referida al petróleo sino también a diversos commodities.
Durante el segundo gobierno de
Caldera se definen demarcaciones de seguridad en el espacio marítimo de la
fachada atlántica, evitando confrontaciones diplomáticas, pero asegurando
ciertos espacios de acción, sobre todo en medidas de protección y derecho para
los navegantes venezolanos.
Los gobiernos de Venezuela desde la
llegada de Hugo Chávez al poder se han caracterizado por dejar el tema del
Esequibo en un segundo plano, para poder cumplir con la agenda política
establecida, la cual se concentraba en conseguir la mayor cantidad de apoyos
regionales y construir una hegemonía basada en la política energética, que
diera sustento y legitimidad a los cambios que se pretendían encaminar
internamente. De allí que ante las delimitaciones unilaterales de Guyana en su
fachada atlántica, sólo se observaron tímidas protestas de Venezuela, mientras
que no se impidió, ni protestó por los desarrollos económicos y de
infraestructura, en pro de la integración continental entre el Caribe y
Sudamérica.
Sin embargo, en 2014 en medio de
agitaciones político-sociales referidas a los conflictos de la política
interna, el tema del Esequibo se vuelve de nuevo prioridad en la política
nacional, aunque principalmente construyendo un discurso nacionalista doméstico,
tras las exploraciones petroleras en la plataforma continental atlántica, que
buscaban concentrar mayores apoyos al gobierno que tenía que resolver un estado
de levantamiento por parte de las agrupaciones políticas contrarias.
Lo que buscamos señalar con este
pequeño compendio histórico es precisamente la divergencia en la política
exterior venezolana, la cual se ha visto influenciada por los vaivenes de la
política doméstica, sin existir una política de Estado clara y precisa con
respecto a la reclamación. La única vez que se observó algo similar fue durante
los primeros gobiernos de Acción Democrática, por la continuidad del partido en
el poder, sin embargo, esta continuidad no logró sobrevivir al cambio de
partido en el gobierno.
Una política exterior exitosa, con el
fin de recuperar el despojo histórico debe fundamentarse en la continuidad, en
la visión sistémica de Estado y Sociedad para asumir el rescate del Esequibo,
no sólo como un asunto diplomático causal, sino como una prioridad de Estado,
una prioridad social. No podemos definirnos como nación sin establecernos como
meta la resolución del conflicto, integrando a los habitantes del Esequibo como
venezolanos y sus pueblos indígenas como parte de nuestro acervo cultural, y
que cada venezolano conozca a plenitud el conflicto.
No podemos permitir que el tema siga
siendo ignorado por la mayoría de los venezolanos, quienes somos los primeros
que debemos interiorizarlo como un tema social de relevancia, para que de esta
forma se convierta en asunto esencial del Estado. Sin una política coherente y
sin una meta fija trazada en el tiempo, con diversas estrategias, nuestro Estado
carece de esencia histórica, nuestra sociedad carecería de un elemento
fundamental de su espíritu, el de luchar para recuperar un despojo tan
largamente rechazado, pero débilmente peleado.
La resolución del reclamo territorial
pasará también por una política clara, no diluida por los conflictos de los
vaivenes de los gobiernos, sino que estos, deban apegarse a una política
estable y constante en el tiempo, que si pueda tener leves variaciones de
acuerdo a las orientaciones que cada gobierno pueda imprimirle, pero que se
mantenga dentro de unos marcos generales que den coherencia a la acción del
país. Es esto, o definitivamente olvidarnos de recuperar la usurpación, así
esta se concrete en décadas, siglos o en pocos años.
*Dirigente de Alternativa 1 / Juntos.
