Caso
Venezuela
La gran selva
húmeda tropical de América del Sur es la selva amazónica o Amazonía, la de
mayor extensión e importancia del planeta. Constituye un ecosistema con
gran riqueza y variedad de flora y fauna, de mucho interés por su biodiversidad (mayor
que la de cualquier otra región). Abarca nueve países; principalmente Brasil,
Perú, Bolivia y Colombia; también Guyana, Surinam y Ecuador; y en menor
proporción, Guayana francesa y también Venezuela, con la cuenca del río
Orinoco. Su extensión total sobrepasa de los 7 millones de km2.
El bosque
amazónico, por su influencia en la climatología y equilibrio ecológico mundial,
ha sido catalogado como “el pulmón del planeta”. El mayor beneficio que
proporciona se deriva de la capacidad de las plantas de realizar la función clorofiliana,
para formar compuestos orgánicos; mediante la cual captan y asimilan el dióxido
de carbono, importante gas de “efecto invernadero” que produce el calentamiento
global. En el proceso se libera oxígeno, fundamental para el mantenimiento de
la vida en el planeta. Otros beneficios importantes incluyen la protección de
dos recursos fundamentales, mediante la conservación del suelo y la
regularización del ciclo del agua. Se estima que posee la quinta parte de toda
el agua dulce del mundo. Adicionalmente, el bosque es fuente de muchos recursos:
alimentos, compuestos medicinales y materia prima de interés industrial. Todos
estos efectos beneficiosos se han visto reducidos debido al gran daño causado
por la deforestación y pérdida de suelo.
Las
principales causas de la deforestación en la selva amazónica son la ampliación
de la frontera agrícola por los cultivos y la ganadería, la explotación
maderera y los incendios forestales; también la minería y las empresas
petroleras, en algunas zonas. De acuerdo a los datos disponibles (1), en los últimos
50 años se han perdido 963.612 km2 de bosque, un área mayor que la
superficie total del territorio venezolano. Otras estimaciones aseguran que ya
se ha destruido cerca del 20 % de la totalidad. El daño producido es
prácticamente irreparable. Hasta ahora, ningún plan de reforestación ha tenido
resultados realmente significativos. Si la desforestación alcanza un límite
crítico, que podría estar alrededor del 40% de la superficie total, es probable
que se produzca un cambio irreversible, mediante un proceso de sucesión
ecológica; así, lo que antes era bosque se convertiría en una sabana árida.
Al perderse
la protección de los árboles del bosque, el suelo sufre los efectos de la
exposición directa a los rayos del sol, la lluvia y el viento. Como
consecuencia, se degrada rápidamente, pues es de condición frágil, causando
graves efectos en el equilibrio ecológico, afectando a factores climáticos, la
flora y la fauna. Esto trae como consecuencia el aumento de la frecuencia y la
intensidad de las sequías, al reducirse el ciclo hidrológico; lo cual, a su
vez, aumentaría las probabilidades de incendios forestales; también aumentan
los riesgos de inundaciones, por la pérdida en la retención del agua en el
suelo y el aumento de la escorrentía.
La
deforestación de la selva amazónica en Venezuela, al sur del Orinoco, se ha
intensificado en los últimos cinco años, particularmente después de decretada
la Zona de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero del Orinoco. Con este
decreto se entregaron concesiones mineras a unas 180 empresas, nacionales y
extranjeras, para la explotación de oro, diamantes, cobre, bauxita y otros
minerales. La voracidad capitalista y las extraordinarias ganancias han
prevalecido por encima de los intereses de la nación y el resguardo del
ambiente natural. En la actualidad, el país posee una de las tasas de
deforestación más grandes del mundo.
Estas
explotaciones mineras, al trabajar a cielo abierto, usan agua a muy alta
presión para disgregar el suelo, derribando los árboles que están en el sitio,
con las graves consecuencias ya mencionadas. Esta práctica produce grandes
cantidades de sedimentos que afectan a los principales ríos en la cuenca
hidrográfica más importante del país; también contaminan las aguas con sustancias
tóxicas como mercurio, arsénico y cianuro. El escándalo del Arco Minero no es
sólo el gran impacto económico, social y ambiental, sino el grado de corrupción
que ha generado. Toda esta destrucción ha obligado a la movilización de grupos
humanos de ascendencia indígena que abandonan sus tierras originales, con
deterioro de sus condiciones de vida.
Preservar el
bosque amazónico venezolano es de importancia estratégica de primer orden para
el país; ya que la cuenca hidrográfica del Orinoco representa el 80% de las
reservas de agua dulce de Venezuela; además, el 72% de la electricidad del país
se produce en las represas del estado Amazonas y el 85% de su superficie
corresponde a parques nacionales.
El régimen de
gobierno de Nicolás Maduro ha irrespetado las leyes y decretos de Parques
Nacionales y Áreas Protegidas, causando un grave y generalizado daño al
patrimonio natural del país. La ambición por la explotación de la riqueza fácil
se impuso a la racionalidad. Se puede afirmar, con toda propiedad, que lo que
está ocurriendo en la selva tropical amazónica es una tragedia de nivel
mundial, un verdadero crimen ecológico, en el que el gobierno de Venezuela ha
tenido, desgraciadamente, una grave responsabilidad.
(1) Forestry
Research (CIFOR), Rhett Butler,
2017. Cálculo de las cifras de deforestación para la selva
amazónica. Disponible en: https://rainforests.mongabay.com/amazon/deforestation_calculations.html.
También se usan cálculos propios.
