Neto Baldo / SPUTNIK
Se considera que el sexo ejerce unos efectos positivos en
nuestra salud. Pero, ¿precisamente en qué consisten estos efectos y por qué es
tan bueno el sexo para el estado físico?
Para responder a esta pregunta a lo largo de los años fueron
llevados a cabo numerosos estudios científicos. Así, Roy Levin publicó en 2007 un artículo en el cuál
evaluó los resultados de otros estudios sobre el tema.
En dicho artículo el investigador llegó a la conclusión de
que la frecuencia de encuentros sexuales es uno de los factores que influyen en
la longevidad de los varones. No obstante, en el caso de las mujeres lo que
mayor importancia tiene para añadir años de vida es la experiencia pasada de
satisfacción sexual.
Según explica la columnista de Sputnik, Tatiana Pichugina,
otros estudios muestran que el riesgo de morir por un infarto es menor entre
los hombres que tuvieron sexo más a menudo. De acuerdo con ella, probablemente
se deba al hecho de que el esfuerzo físico que se emplea durante el coito
contribuye a la salud cardiovascular.
También, destaca Pichúgina, varios estudios apuntan a que el
riesgo de padecer el cáncer de mama entre las monjas es un 20% mayor en
comparación con las mujeres que practican el sexo con regularidad.
No obstante, muchos de estos estudios son criticados por
simplemente determinar correlaciones en lugar de demostrar una relación de
causa-efecto. Al fin y al cabo, son muchos los factores que influyen sobre la
longevidad, señala la columnista.
Entre ellos está la herencia genética, particularidades
fisiológicas, condiciones sociales y psicológicas. Por lo cual, los críticos
afirman que es imposible delimitar los efectos de las relaciones sexuales.
Con ello, algunos investigadores se esfuerzan por encontrar
la relación causa-efecto entre el sexo y algunos aspectos de la salud humana.
Ejemplo de ello son estudios sobre la polémica influencia de niveles hormonales
sobre el comportamiento sexual.
Otro ejemplo de estudios más rigurosos es la investigación llevada a cabo por los
científicos de la Universidad Estatal de Nueva York en Albany, encontraron una
consistente relación entre el uso de condones y depresión en mujeres.
Por ello llegaron a la conclusión de que la esperma tiene
unos efectos antidepresivos, puesto que las jóvenes que hicieron un menor uso
de este método contraceptivo obtuvieron mejores puntuaciones en la escala de
depresión de Beck.
Estos resultados concuerdan con las conclusiones de
otro estudio estadounidense, según el cual los actos sexuales tienen
efectos positivos sobre el humor de parejas de matrimonio y consecuentemente
sobre su calidad de trabajo.
Así, los que tuvieron sexo la noche anterior estuvieron de
mejor humor y se mostraron más involucrados en el trabajo. Por lo cual, hay una
relación directa entre la vida privada y el trabajo, afirman los autores del
estudio.