Por Rafael
Simón Jiménez / Opinión
Llevar a la que fue una de las Empresas Petroleras más
respetables y prestigiosas del mundo, a la postración financiera,
operativa y productiva, no es tarea fácil; solo una labor continuada e
impenitente de pillos, desfalcadores y truhanes es capaz de acreditarse esta
titánica tarea, que hoy hunde en la ruina a la petrolera Estatal venezolana,
endeudada, obsoleta y por supuesto menguante mes a mes en sus volúmenes de
producción, exportación y refinación.
Contra todo pronóstico, y por una convergencia imprevista de
factores estructurales y coyunturales que han impactado el mercado mundial de
los hidrocarburos, los precios del crudo se han disparado, colocándose la
mayoría de sus marcadores por encima de los setenta dólares, lo que ha
significado para los grandes productores un ingreso muy importante de divisas
que por supuesto refuerza sus economías. Por el contrario Venezuela dado el
deplorable estado de su industria, no ha tenido capacidad para aprovechar estos
aumentos, reduciendo su capacidad de producción de más de tres millones de
barriles diarios aun en el 2.013, hasta una cifra indeterminada, dada la
opacidad en que se desenvuelven sus operaciones, que los más optimistas estiman
en un millón trescientos mil y que decrece día a día por la ausencia de planes
de mantenimiento y reactivación de los pozos petroleros.
Para nadie era un secreto, ni en Venezuela, ni en el mundo,
el estado de corrupción total y generalizada que se implanto en PDVSA durante
la prolongada gestión de Rafael Ramírez, fueron numerosas las voces que
denunciaron distintas operaciones fraudulentas de expoliación, lavado de
activos, banqueo de dinero, comisiones y manipulaciones financieras y
contables. Frente a esos señalamientos, muchos de ellos con pruebas en la mano,
la respuesta de los voceros gubernamentales, fue la defensa en bloque de la
gestión en la petrolera estatal y del superministro y Presidente de PDVSA,
situación que solo vario cuando los conflictos internos por intereses y
negocios al interior de la cúpula oficialista, concluyeron con la
defenestración del otrora intocable Ramírez, cuya gestión, cuyo equipo, y el
mismo pasaron a ser objeto de investigaciones y señalamientos de distintas
operaciones de corrupción que en su conjunto suman más de 200.000 millones de
dólares, una cantidad con la cual pudieran resolverse todos los problemas que
cotidianamente convierten en un infierno la vida de los venezolanos.
Después de defender por años, la experticia, el honor y la
reputación de los gerentes petroleros que compartían equipo con Rafael Ramírez,
ahora caído en desgracia, el andamiaje gubernamental hace diario inventario de
lo saqueado y robado por ellos, y el inefable fiscal general espurio Tarek
Williams Saab, dedica casi todo su pantalleo comunicacional a hacer balance
de lo sustraído en PDVSA obviando por supuesto la lenidad y la alcahuetería
sostenida durante años y bajo la cual fue posible el desmantelamiento de la
empresa petrolera venezolana.
Existe una evidente correspondencia entre la trágica
situación económica y social, que martiriza la vida de los venezolanos bajo el
signo de una galopante hiperinflación, del caos en los servicios, del auge de
la delincuencia, de la pérdida total de calidad de vida, de la creciente
pobreza y exclusión, y el robo de los dineros públicos no solo en PDVSA sino en
las demás instituciones del estado. Jamás en su historia Venezuela había
presenciado el asalto al poder y la depravación corruptora de una pandilla de
delincuentes y salteadores, que han desmantelado las finanzas públicas venezolanas
y que además pretenden sobre la base de la fuerza y la violencia sostenerse en
el poder como único mecanismo de garantizarse su impunidad ante tanto
desafuero.
El saqueo de PDVSA y el asalto descarado al erario
público, pretende ahora cuando el gobierno se encuentra en una crisis terminal,
y más del noventa por ciento del país lo repudia, ser compensado mediante
nuevas cargas y sacrificios al ya extenuado bolsillo de los venezolanos,
anunciándose un alza descomunal en el precio de los combustibles, que buscaría
dotar a la estatal petrolera de recursos adicionales que seguramente, sino se
produce un cambio de gobierno, terminaran siendo igualmente esquilmados.
En Venezuela desde hace ya muchos años, existe la convicción
de que el precio interno del combustible es irrisorio, y que esa
situación resulta insostenible financieramente y además alimenta a las mafias
civiles y militares que manejan el contrabando de gasolina, por lo que un
simple criterio de racionalidad económica abona a la tesis de un alza gradual
que al menos equilibre los costos internos de la gasolina. Esa realidad tiene
que ser asumida en el contexto de un país donde la gente vive un auténtico
infierno cotidianamente por el deterioro de su poder adquisitivo que compromete
su subsistencia, por lo que cualquier medida debe tomarse en consonancia con
esa realidad económica y social, sin colocar sobre los
descoyuntados lomos de los ciudadanos insoportables cargas que agraven su
situación.
La invención de utilizar el carnet de la patria y un eventual
censo automotor como mecanismo discriminatorio y excluyente para un cobro
diferenciado del combustible, pertenece al mismo morbo y la misma catadura
moral de los saqueadores de la petrolera estatal. El carnet de la patria se ha
transformado en la nueva esvástica de los fascistas criollos para pretender
dividir, estigmatizar y castigar a quienes no estén dispuestos a someterse a
sus perversos mecanismos de control y manipulación social.
Quienes saquearon, arruinaron y llevaron a la postración
a PDVSA, no tienen autoridad política, ni moral para imponer nuevas
cargas al pueblo venezolano. Solo con la salida de esta comandita de vulgares
asaltantes del poder, será posible el relanzamiento de nuestra industria
petrolera nacional, devolviéndole eficiencia, productividad, competitividad y
transparencia, dentro de esa nueva situación sería lógico, el diseño de
un plan de racionalización del consumo interno, asegurando la sostenibilidad de
los costos, y la calidad en el servicio.
*Tomado de emisora Costa del Sol.
