El otro día estábamos hablando mi esposa y yo contando cosas
de cuando llamábamos a Venezuela por teléfono y ella me contaba que sus
hermanos estaban haciendo un sancocho; mi esposa disfrutó su fiesta por
teléfono y por Internet; mi hija, que estaba escuchando, me pregunto:
Papá, qué es un sancocho?
Y mi esposa le dijo:
Hija es una sopa.
Pero yo le contesté:
No hija, no es solo una sopa, agua y verduras, es mucho más
que eso.
Para un venezolano un sancocho es amistad, amor, fraternidad,
besos, abrazos.
Es compartir con el vecino, con los amigos y con el que
llegue, es probar aquí, probar allá.
Es parranda, es rumba, es navidad, es semana santa y carnaval,
es playa, aguardiente, ron, mujeres, raticos, momentos, años que componen la
felicidad del venezolano.
Es sol, llano, nieve, montañas y laderas. Es manantial y río
al carbón.
Es tambor y pescado, carne y verduras, es ricura, es
familia... es amor hija.
Ella me contestó:
Cómo puedes saber todo eso?
Y le contesté:
Porque soy venezolano, lo sé porque soy de allá y allá crecí
y un Sancocho es un ícono venezolano que nos identifica.
Me dijo:
Papi, yo quiero ser venezolana!, hazme un sancocho.
Le contesté:
Que difícil explicar las cosas sencillas de nuestra
cotidianidad cuando se está lejos, que duro es traducir el sentimiento, que
triste es luchar con la absorción de otra cultura, de otros íconos (mc donald,
tim hortons, disney, etc). Que dolor sentir que se pierde nuestro idioma,
nuestro acento, como perdemos de vista nuestros paisajes, que amargo es mirar a
lo lejos y sólo ver recuerdos, como ocultarlo, como vivir sin mis viejos
amigos, mis hermanos, sin reunión familiar y sin un buen sancocho.
Atentamente,
Un venezolano en el exterior...
