El
diputado Américo De Grazia ha denunciado el ecocidio que deriva del Arco Minero
del Orinoco y los grupos ilegales que allí operan.
La “fiebre del oro”. Así la describen los habitantes del sur del país. Una vez
que atraviesas ambos puentes, el Angostura o el Orinokia y
llegas al estado Bolívar, oyes hablar del preciado mineral y las
“oportunidades” que hay, si logras establecer alguna relación comercial que te
permita acceder a él, inclusive para los más arriesgados, que te permita ir
hasta las minas a trabajar.
Luego que sales de Puerto Ordaz, pasas San Félix y
emprendes rumbo a Upata, el paisaje va cambiando. Ya en El Palmar empiezas a
palpar la denominada “cayapa” contra el oro. Todos quieren oro, pero
sólo unos pocos lo manejan y comercializan con anuencia del Estado y sus
instituciones.
¿Cómo empieza esta cadena del oro en el sur del estado
Bolívar, desde El
Palmar “hacia abajo”, como dicen a quienes van en dirección a Guasipati, El
Callao, Tumeremo, el kilómetro 88, El Dorado o Las Cristinas (oro y
diamantes)?
Comienza con el minero, a quien el Gobierno le colocó el remoquete de
“artesanal”, esa persona venezolana o extranjera, va hasta las minas, muchas de
ellas en la selva a cuatro horas o más, lejos de la población, a sacar el
mineral. En esos campamentos debe cumplir con ciertas normas como
por ejemplo cero comunicación con las poblaciones más cercanas (aunque no hay
señal de telefonía), de ningún tipo.
Después de obtener el oro, luego de estar en la mina una
o dos semanas, el minero debe entregar a la “base”, al “pran” o al
“sindicato”, como se les conoce a los apoderados del yacimiento, el 30% del
oro que “sacan”.
En estos sitios donde no existe la banca electrónica,
ni la ley, el dinero en efectivo puede llegar a costar hasta 100% de su
valor nominal. Cabe destacar que, Los pranes son los que fijan el
precio de venta del gramo de oro.
Estos líderes negativos que controlan la actividad en
las minas, a su vez son custodiados por pequeños contingentes del Ejército
venezolano en las afueras de las minas, aseguran los habitantes de
estos parajes. Además son quienes controlan la venta de combustible en las
pocas estaciones de servicio que hay en la vía. Según el diputado Américo
de Grazia, son quienes suministran las armas (armas largas, granadas) a
estos sindicatos o grupos delictivos.
Los pranes y los efectivos de las FAN,
según información del parlamentario, comparten las ganancias por la
comercialización del oro. Así mismo, “ejercen funciones de “limpieza”
cuando los mineros o los pranes incumplen con la entrega del oro”.
Esta cadena terminaría según Insight Crime, cuando
estos efectivos castrenses de alto rango sacan ilegalmente el oro de Venezuela
hacia Aruba, Curazao, Bonaire, Dubai y China. Usan vuelos particulares, vuelos
comerciales y aviones de las FAN.
Fuente: Venepress
