Gorka Castillo*
Abdallah El Harif fue secretario general de Vía Democrática
(VD), el partido de izquierda más importante de Marruecos y es hoy un
implacable opositor al régimen alauí que dirige el país con mano de hierro.
Reconoce que la represión del Makhzen ahogó la protesta de 2011 pero ahora está
encontrando una férrea resistencia popular en el Rif y en la región minera de
Jerada, “una zona muerta y sin proyecto de futuro alguno”. Abdallah El Harif
(Meknes, 1946) es una voz carismática entre las clases populares. En su
condición de responsable de Relaciones Internacionales de VD ha visitado a los
militantes en el exterior para “reforzar la lucha en un momento muy difícil”.
Gorka Castillo:El gobierno de Marruecos se ha especializado en silenciar
las protestas populares. Lo hizo en 2011 con el Movimiento 20 de febrero y el
pasado año en el Rif. ¿En qué situación se encuentra el movimiento de
resistencia?
Abdallah El Harif:La movilización del Rif se ha extendido a la provincia de
Jerada, una región carbonífera fronteriza con Argelia que hoy está muerta,
completamente olvidada por parte de los poderes públicos. El problema es que
estas oleadas sólo tienen impacto cuando llegan a las grandes ciudades como
Casablanca y Rabat. ¿Y cuándo ocurrirá esto? No lo sabemos. Sin embargo, nos
estamos preparando para la llegada de ese momento porque no es algo improbable
que suceda, vista la situación actual. El problema que tenemos es que,
efectivamente, en Marruecos existen frenos sociales. Por ejemplo, las clases
medias y algunos partidos de la izquierda propagan el miedo a las revueltas
populares y piensan que la estabilidad actual del país, por muy falsa que sea,
siempre será mejor que una transformación política profunda. Yo, sin embargo,
pienso que una estabilidad bajo el despotismo actual nos conduce,
inevitablemente, a situaciones mucho más graves. Quizás una guerra civil.
G. C.:¿Creen que la confrontación es inevitable?
A. E. H.: Luchar por la estabilidad cuando la situación del pueblo es deplorable
es inadmisible. En Vía Democrática (VD) luchamos para incorporar más fuerzas al
movimiento pacífico de resistencia que se ha creado en Marruecos para
extenderlo por todo el país. Trabajamos para crear un frente opositor lo más
amplio posible, ya que el cambio sólo puede llegar si millones de personas
salen a las calles de forma no violenta. El papel de los partidos políticos y
de los movimientos de izquierda es intentar la unificación de la protesta
contra el Makhzen. Esa es nuestra estrategia. Cuando comenzaron las protestas
en el Rif, el lema era apoyar el Hirak (el movimiento) para extenderlo al resto
de Marruecos sin utilizar la violencia. La violencia no debe venir de nuestro
lado sino de la otra parte, del régimen, para que él sólo se sitúe en una
posición de ilegalidad.
G. C.: Entonces, ¿la represión es un arma de doble filo para el régimen?
A. E. H.: Efectivamente. En mi opinión, el gobierno actual actuó de manera
irresponsable en el Rif y lo está repitiendo en la región de Jerada. La
represión sólo contribuye a que la rabia crezca. Hemos visto a los
intermediarios oficiales ir a estas dos regiones y prometer programas de
desarrollo que han quedado en papel mojado mientras suprimía cualquier
iniciativa de diálogo con el VD y con Al Adl wal Ihsane (Justicia y Caridad),
las únicas fuerzas populares capacitadas por mediar en estos dos conflictos.
Eso es muy grave. Esa política no la practicaba ni Hassan II, que reprimía con
fiereza pero permitía algunos espacios de expresión a las fuerzas de oposición.
Hoy, el Makhzen no quiere diálogo ni tolera la resistencia. Todo esto está
provocado que la política oficial viva en un mundo y el pueblo en otro
diferente, separados por un abismo enorme e irreconciliable. Si sigue así y no
revisa sus políticas, se encaminará hacia el suicidio.
G.C.: Las elecciones de 2016 fueron boicoteadas por Vía Democrática, ¿Qué
coste político tuvo?
A. E. H.: No podemos decir que el boicot que propusimos haya tenido gran impacto
sobre el régimen. Afirmar lo contrario sería mentir pero, a pesar de todo, votó
muy poca gente. No más del 20% del electorado. Nosotros decidimos mantener
activo ese boicot hasta el día de hoy y estamos explicando los motivos en los
barrios populares de todas las ciudades de Marruecos. Nuestra resistencia no es
una posición de principios sino que es puramente táctica. Pensamos que no
tenemos nada que ganar dentro de este régimen. Las elecciones en Marruecos
carecen de garantías e impiden que el Parlamento sea la caja de resonancia de
los problemas reales del pueblo. A esto hay que añadir que toda la prensa está
en manos del Makhzen, incluso aquella que se autodenomina independiente, que
depende de las subvenciones del régimen y de los recursos publicitarios que
provienen del holding real y de los grandes grupos ligados al poder. Para
nosotros, es más importante participar en la vida política del país que unas
elecciones. Y esta incidencia en las clases populares lo estamos logrando a
través de nuestro trabajo con la militancia de las organizaciones de derechos
humanos, de los sindicatos, con las mujeres y con las asociaciones amazigh. VD
es cada vez más visible en Marruecos, sobre todo en las grandes ciudades. Nos
falta redoblar nuestra presencia en las regiones rurales más recónditas del
país.
G. C.: El ministerio del Interior baraja la posibilidad de ilegalizarles bajo
acusaciones de rebelión.
A. E. H.: Es cierto. Hace dos semanas, el ministro del Interior, Abdelouafi
Laftit, intervino en el Parlamento para decir que VD, la Asociación Marroquí de
Derechos Humanos y el partido Justicia y Caridad empujan a la población a la
rebelión. No es la primera vez que lo hace. Hace no muchos meses nos convocó a
una reunión para amenazarnos con “darnos el acta de defunción”. Nos recriminó
estar a favor del derecho a la autodeterminación del Sáhara y de incitar a la
gente a exigir sus derechos. Para comprenderlo mejor, habría que contextualizar
la política marroquí. En mi país, el Makhzen concibe que el deber de los
partidos políticos es controlar a la población, no agitarla. También nos
reprochan que mantengamos relaciones con una organización alegal como Justicia
y Caridad y de ser nihilistas. He leído en la prensa que Francia no está a
favor de nuestra ilegalización, lo que influye en la decisión que tome el
régimen, pero que no les ha frenado en perseguirnos. Hasta la fecha nos han
arrebatado espacios públicos para la organización de actos y actividades, e
incluso han detenido a varios de nuestros militantes.
G. C.: ¿Cómo un partido laico de izquierda como Vía Democrática ha podido
unirse con una fuerza islamista como Justicia y Caridad?
A. E. H.: Pensamos que el cambio en Marruecos no se puede realizar únicamente
desde la izquierda. Algunos partidos islamistas, no todos, como Justicia y
Caridad o el partido de la Oumma (Al Haraka Min Ajli Al Oumma) son actores
políticos importantes y están legitimados para participar en ese cambio que proponemos.
Trabajamos para la constitución de un frente amplio, dialogando con todas las
fuerzas opositoras al régimen. También con los liberales. Y queremos que el
debate de ideas, además, sea público. Debemos fomentar el diálogo pero sin
marginar a los islamistas ni mucho menos demonizarlos. Es verdad que hay
personas fanáticas y retrógradas en el seno del movimiento islamista, pero
también hay gente que intenta comprender la realidad. Nosotros ya preguntamos a
Justicia y Caridad si estaría dispuesta a imponer la sharía en
el caso de un cambio de régimen y su respuesta fue que está a favor de la
libertad de conciencia. Para nosotros es muy importante que admita ese
principio de libertad. La laicidad que proponemos para el Estado no se puede
aplicar sin tener en cuenta a estas personas. Su transformación no se consigue
de un día para otro. El régimen está aterrorizado por esa conjunción y el
imperialismo tiene miedo. Pero al mismo tiempo, ese pavor también dificulta más
la vía del cambio en Marruecos. Hace falta tiempo/ *Tomado de Viento Sur.
