Páginas vistas en total

¿Debo llevar mis hijos a clases?



  Educador. Fundador de Cecodap.
Esa pregunta nos la hacen a diario madres y padres preocupados porque sus hijos puedan ser afectados en el marco del conflicto que vive el país.
La respuesta no puede ser única ni categórica. Depende de cada contexto y circunstancia. La propia Ley Orgánica para la Protección del Niño, Niña y Adolescente nos dice que en toda decisión se debe considerar lo más conveniente para el niño o adolescente (su interés superior).

La educación es un derecho humano que no se puede negociar. Desde Cecodap lo hemos defendido (y lo seguimos haciendo). En estos momentos, más que nunca nuestros niños y adolescentes necesitan mantener una rutina que le brinde estructura en la que pueda socializar y encontrarse con sus compañeros. La escuela debe ser en estos momentos un espacio para el encuentro, compartir, drenar las tensiones que viven muchas familias y comunidades. Ofrece una oportunidad de contención emocional difícil de que los niños lo encuentren en otros espacios.
Si es posible, no hay amenazas ni violencia en los alrededores, debemos llevarlos al centro educativo.
Debemos velar por su integridad física y emocional pero si en el lugar donde vivimos, en el trayecto o donde está ubicada la escuela no hay las condiciones necesarias para desplazarse sin riesgos. Si los podemos llevar pero no estamos seguros de poder llegar a recogerlos. Si se van y vienen solos y no está garantizado el transporte público o deben atravesar zonas donde se realizarán manifestaciones. Si las bombas lacrimógenas han afectado a niños de escuelas en la zona la situación es otra
¿Qué hacer en estas condiciones?
Como padres y representantes tenemos igualmente la obligación de garantizar su integridad física y el derecho a la vida de nuestros representados. Cada familia debe evaluar las condiciones y factores de riesgo, día a día.
Es irresponsable que las autoridades presionen para que se realicen las actividades con regularidad en zonas de enfrentamiento solo para demostrar que todo está “normal”.
Por otro lado, se debe considerar el daño que se le puede hacer a los niños impidiéndoles ir a la escuela hasta que se “cambie el gobierno”. Podemos los adultos asumir posturas de resistencia ciudadana pero no se las podemos endosar a los más pequeños. Nadie sabe cuánto pueda durar el proceso sociopolítico conflictivo en el que estamos envueltos. ¿Por qué exponer más a nuestros muchachos de lo que ya están pudiendo afectar incluso su salud y emocionalidad?
¿Qué podemos esperar de los centros educativos?
Asumir que estamos transitando tiempos difíciles que impactan la cotidianidad. Entender que puede haber comportamientos que pueden traducir irritabilidad, hostilidad, apatía, tristeza por parte del estudiantado. El centro debe ofrecer la posibilidad de que puedan expresar y drenar lo que piensan y están sintiendo.
Contar con una programación especial considerando lo que los estudiantes están viviendo, cómo los está afectando a ellos y a sus familias. La organización de debates y actividades artísticas (música, pintura, teatro, danza…) pueden ser diferentes vehículos para canalizar sus inquietudes y preocupaciones.
Los tiempos que vivimos requieren flexibilidad. En la programación, si no asisten todos los estudiantes, si los muchachos están inquietos y preocupados por lo que sucede y se sienten al margen se requiere Flexibilidad en el horario. Se pueden establecer jornadas con horarios que permitan tener varias horas de clases y finalizar antes de que la zona se colapse.
¿Qué exigir a las autoridades?
Un mandato categórico de que no se lancen bombas lacrimógenas en el entorno de centros educativos. No se puede amenazar a los directivos de los centros educativos porque los padres no traen a sus niños si no existen las condiciones y garantías indispensables.
No se puede exigir que los estudiantes y docentes asistan regularmente si se paralizan medios de transporte fundamentales, como el caso de las líneas del Metro y Metrobús en Caracas.
Los niños y adolescentes ya están bastante afectados por la situación que vivimos. No los afectemos más.