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19 marzo, 2017

La salida


Javier Antonio Vivas Santana/Tomado de www.aporrea.org
"Huid del país donde uno solo ejerza todos los poderes: es un país de esclavos."
Simón Bolívar - Discurso ante el Convento de Franciscanos de Caracas, 1814
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El madurismo se ha convertido en la destrucción del país. En la actualidad tienen una retórica agotada. Todos sus verbos sobre sus acciones y decisiones políticas, luego de estar cuatro años en el poder son en futuro. Por el contrario, las únicas palabras que son el presente de este gobierno sobre la praxis del pueblo están relacionadas con un malogrado léxico: inflación, especulación, escasez, pobreza, miseria, hambre, desnutrición, mortalidad infantil, embarazo en adolescentes, enfermedades, protestas, corrupción, narcotráfico, persecución política, fosas comunes, contrabando, pranes, colectivos armados, paramilitarismo, guerrilla, hurtos, robos y asesinatos.
De todas esas desgracias sociales, el madurismo no acepta ninguna de ellas. Todo es producto de fuerzas externas e internas que conspiran contra Venezuela, sin mirar que el resto de países con sistemas de gobierno que fueron afines al gobierno del presidente fallecido Hugo Chávez, como Ecuador y Bolivia, tienen economías robustas y en pleno crecimiento, con una inflación anual de un dígito, a pesar de tener ambos países, una importante dependencia de hidrocarburos, lo cual echa por la borda cualquier invento o fantasía lingüística sobre una supuesta "guerra económica".
El fracaso del madurismo tiene dos vertientes. La primera está originada por quienes persisten en visiones ancladas de un izquierdismo ortodoxo y fracasado, que sigue pensando que aún estamos en comienzos del siglo XX, aferrados con una doctrina marxista que escribía con pluma, pensando que los sistemas de producción sólo están pervertidos por el dominio del capital en pocas manos, pero nunca por quienes detentan los espacios del gobierno.
La segunda ha sido pasar por debajo de la mesa que las acciones emanadas desde el poder ejecutivo sean ideas de "izquierda", cuando representan acciones de la más rancia derecha, al someter al pueblo con un disfrazado y pervertido proceso de ajustes, que pensaron les permitiría campear la situación económica entre 2013 y 2014, esperando una recuperación de los precios del petróleo, con la finalidad de volver a inundar de importaciones al país durante 2015 como política para disminuir la inflación, pero les salió el tiro por la culata, y por ello, tuvieron desastrosos resultados electorales con la Asamblea Nacional.
El fracaso madurista ha seguido su curso. Durante 2016 repitieron con más intensidad la política de ajustes que han mantenido desde que llegaron al poder, agudizando los males sociales de los venezolanos, y peor, éstos han sido acompañados con la hipoteca de activos internacionales de la república, o el saqueo de nuestras reservas minerales con la autorización del uso del mercurio y cianuro sobre recursos naturales e hídricos.
Ante una realidad como la que vivimos los venezolanos, el madurismo sabe que no podrá ganar elección alguna en el país. Por ello, intentarán desde el Consejo Nacional Electoral (CNE), boicotear las elecciones regionales y municipales con cualquier excusa que les permita suspenderlas con el aval del mal llamado Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).
Es más, es tal la negatividad del madurismo que el espejo de su gobierno ha impactado en resultados contrarios sobre los llamados gobiernos o candidatos de izquierda en recientes procesos eleccionarios de la región sudamericana.
Y ante esa realidad, la situación para Maduro en el plano internacional no puede ser más complicada. No sólo serían las obligaciones de pago de deuda externa y los bajos precios del petróleo los que amenazarían su continuidad en el poder, sino que la mayoría de los países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) pudieran aplicar la Carta Interamericana Democrática contra el gobierno de Venezuela, generando sanciones que agravarían la crisis política, económica e institucional del país.
Maduro tiene dos salidas para intentar salir del averno político. El las conoce. Sólo que en ambos casos tendrá que entregar el poder. La única diferencia es que entre una y otra decisión difiere el tiempo. La primera es realizar las elecciones según lo establece la normativa constitucional. La segunda sería entregar a Cabello o El Aissami según dispongan las autoridades internacionales conforme sea la gravedad de las acusaciones, e intentar sobrevivir un tiempo más sin presiones del exterior.
¿Y qué pasará si niega cualquiera de las dos salidas? Pues, entonces, habrá que preguntarse: ¿Será factible la aplicación de sanciones por parte de la OEA y otros organismos internacionales sobre Venezuela?
Por ahora, las llaves de la salida están en manos de Maduro. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.