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Bruno Gallo: La mejor salida es la salida negociada


Noticiero Digital

El experto en sistemas electorales y análisis político, Bruno Gallo, argumentó que dentro de todas las opciones que se plantea la oposición para superar la grave crisis política y económica, entre las que se cuentan el golpe de Estado, una revolución, la salida negociada es la mejor. 


Así lo dijo en el foro Venezuela 2016: ¿Salida, golpe, revolución o acuerdo?, organizado por Roberto Smith Perera y que tuvo lugar en La Guaira. 

"La visión de la anti política ha instalado en la cabeza de muchos la idea de la negociación como una mala palabra, una acción burocrática y elitesca. Un chanchullo acordado entre cogollos. Pero la verdad es que la anti política ha demostrado que no negocia, impone. Militares, empresarios, actores y mises venidos a la política, prefieren imponer que negociar, por eso la descalificación de la esencia de la política, la búsqueda de acuerdos en la diversidad".


A continuación la intervención de Gallo:

Después de algunas dudas sobre cómo emprender la tarea de disertar sobre la disyuntiva planteada en el título de este foro, Venezuela 2016: ¿Salida, golpe, revolución o acuerdo?, a la que Nelson López agregó en un muy concurrido chat de WhatsApp, las posibilidades del revocatorio y constituyente, he decidido usar la imagen de umbrales físicos como recurso expositivo.

Es decir, imaginar que cada una de las posibilidades que nos propone la disyuntiva son puertas que debemos atravesar, pero antes de escoger cual es la más adecuada, se me plantean por lo menos dos preguntas previas.

La primera tiene que ver con quién debe cruzar el umbral y la segunda hacia dónde queremos ir al cruzar el umbral, es decir, qué esperamos encontrar del otro lado de la puerta.

1.- ¿Quién debe cruzar el umbral?

Los sectores opositores, en consonancia con la cultura mesiánica imperante, hemos estado tentados desde hace algún tiempo a pensar que tenemos la misión apostólica de sustituir al hombre por otro hombre, al caudillo por otro caudillo, al partido por otro partido... y así sucesivamente. Pero resulta que hoy la realidad se expresa con alaridos imposibles de desoír:

- No hay medicinas, los pacientes sufren las consecuencias, los hospitales parecen las tiendas de campaña donde se atienden los heridos de una confrontación bélica del siglo XVII. Muere una jovén en Chichiriviche por una reacción alérgica despues de ingerir accidentalmente un camarón y recorrer varios centros de salud en Falcón y por si fuera poco sus familires tuvieron que llevarla de regreso a Maracaibo en su carro particular pues no habían furgonetas en la morgue ni ambulancias en el centro de salud donde murió.

- No hay alimentos, las colas saltan a la vista pueden llamarse como quieran menos sabrosas y los productos que encuentras cada vez distan mas de poder comprarse.

- Aumentan los robos, secuestros y asesinatos y esa expresión terrible de la justicia en manos de la victima que son los linchamientos. 

- Los crímenes no solo aumentan cuantitativamente sino que empeoran cualitativamente y se tornan cada día mas horrendos: degollamientos, decenas de tiros o puñadas, derroche de crueldad o 17 mineros asesinados y desmembrados con una sierra eléctrica.

- El aparato productivo ha sido destruido por las expropiaciones, la política monetaria, el acoso y la persecución del estatismo, regresándonos a la situación de dependencia de las importaciones anterior a los años 40.

- Nícmer Evans denuncia que se robaron 400 mil millones de dólares de CADIVI y Julio Montoya investiga la falta de otros 60 mil millones de dólares en Pdvsa, es decir, la corrupción nunca en toda nuestra vida republicana fue tan grotesca y desfachatada.

Ante esta escandalosa realidad sería, como mínimo, miope pensar que los únicos interesados en pasar el umbral que nos lleva a un país más amable somos nosotros, los opositores.

De hecho las encuestas coinciden en negar semejante falta de tino. No solo quienes nos hemos opuesto al gobierno de Chávez primero y al de Maduro después, estamos convencidos de que para que el país avance debemos trascender este gobierno. A decir de todas las encuestas cerca del 90% de la población tiene una visión pesimista de la situación y mas del 80% piensa que este gobierno lo está haciendo mal, solo el 13% (aproximadamente) aprueba la gestión del gobierno y muy cerca del 70% aprueba la búsqueda de una vía constitucional para que este gobierno no se prolongue hasta el 2019.

Así pues, una parte importante de quienes han venido votando sostenidamente por el proyecto que encarnó Chávez antes y Maduro ahora creen que esos umbrales deben ser traspasados y buscar algo mejor del otro lado de una de esas puerta. De tal manera que la puerta que escojamos no debe satisfacer solo a un hipotético nosotros sino a una aún mas hipotético e incluyente mayoría nacional afectada por el rosario de calamidades que estos gobiernos han potenciado y de la que apenas mencionamos un abreboca.

2.- ¿Qué esperamos encontrar detrás de la puerta que crucemos?

La segunda consideración de alguna manera define, o al menos ilumina, cuál umbral en más recomendable. Tiene que ver con lo que esperamos encontrar detrás de la puerta que crucemos. Porque, para encontrarme la misma realidad con otras caras, mejor nos quedamos quietos.

Si ya dijimos que quienes debemos cruzar somos una mayoría muy incluyente entonces la puerta se debe cruzar para que esa mayoría se convierta en protagonista de la construcción de un proyecto de país igual de incluyente y profundamente respetuoso de la diversidad. En resumen eso que llaman una visión compartida, una agenda común que es el secreto de todos los países que han tenido un relativo éxito, no en frías estadísticas sino en apreciable calidad de vida. Así pues pudiéramos soñar que detrás de la puerta que escojamos encontraremos un país con proyecto, un país con una visión compartida de su propio futuro:

En un país con proyecto ocurren cosas deseables para todos:

- Los ciudadanos, empresarios, organizaciones políticas y ciudadanas, de un país con proyecto, saben hacia dónde va el país, conocen sus potenciales económicos y sus aspiraciones sociales, saben que hay cosas que no cambiarán si cambia quien gerencia o quien gobierna.

- Hay reglas claras y universalmente válidas.

- Todos saben a qué atenerse en ámbitos que no se mueven al vaivén de la creatividad de un hombre, de la ideología del partido o de los intereses de la tribu.

- El sistema de justicia es imparcial, confiable, “justo”, la gente sabe que allí pueden dirimir diferencias sin que la balanza se incline a favor de quien tenga más dinero o influencias políticas.

- Con los países vecinos y aliados se tiene relaciones respetuosas y basadas en visiones de largo alcance, no basadas en la simpatía que se siente por quienes los dirigen coyunturalmente, pues importa la comunidad de intereses, no la comunión ideológica.

- Los presupuestos se diseñan con base a metas y no a la improvisación, se acude a endeudamiento público con responsabilidad premeditada y no como si le pidieras unas monedas al compadre para completar para la cerveza.

- Los funcionarios al servicio del Estado están allí por sus capacidades y cualidades técnicas, por su currículo y no por la credencial del partido y mucho menos por su capacidad para templar testículos, aplaudir a un jefe o gritar la consigna de turno.

Un proyecto de país no puede ser el resultado de la visión de una parcialidad que se le impone a otras y las derrota hasta aniquilarlas.

Un proyecto de país es el resultado del reconocimiento de la existencia del otro, de intereses nacionales superiores a las visiones parciales.

Una visión compartida el resultado de un diálogo en el que se reconozcan las diferencias pero se fijen unas pocas Políticas de Estado en las que todos los sectores del país se comprometan, por ejemplo: superación de la pobreza, inseguridad, estabilización macroeconómica, inflación y política petrolera, profesionalización del Estado y la carrera administrativa, reforma del sistema judicial hasta hacerlo imparcial y confiable.

Si el país pudiera llegar a un acuerdo en ese puñado de temas se abriría para los ciudadanos un futuro verdaderamente prometedor. Pero eso requiere actores políticos y sociales capaces de escucharse, de respetarse y de trascenderse a ellos mismos.

Más que cambiar a un hombre en el poder, más que cambiar al partido en el poder, el reto es cambiar esta visión en el poder que lamentablemente es anterior a quienes nos gobiernan hoy y parece presente en otras visiones y otras organizaciones políticas. Esta visión puede parecer ingenua, pero no hay forma de convertirnos en una nación con un destino prometedor sin pasar por esta “ingenuidad”. Y una nación con destino prometedor solo puede encontrarse detrás de alguna puerta.

Antes de hablar de la especificidad de esa puerta quisiera hacer una digresión y dedicar mi atención a dos trampas que sabotean a posibilidad de traspasar ese umbral civilizatorio.

3.- Primera digresión.

Cuando uno ha tenido que ver con la actividad política desde hace tanto tiempo, la gente te ve y te pregunta “¿Cuándo vamos a salir de estos tipos? ¿qué vamos a hacer? En el mejor de los casos... porque unos más desesperados te increpan y exigen que lo que se vaya a hacer se haga ya pues “esto ya no lo aguanto” y otros bastante peores, de dedican a despotricar contra unos diputados que en cuatro días cumplirán tres meses en sus curules enfrentado todo el poder de un proyecto que tiene el monopolio de las armas de la justicia, del presupuesto público, de la organización electoral y además tiene suficiente desfachatez como para usarlo con toda la arbitrariedad que es posible. Estos amigos impacientes, esperan que la Asamblea Nacional desate un nudo gordiano que se ha ido tejiendo en 17 años de desafueros. Esta actitud promueve desesperanza, deserción y depresión.

A los amigos impacientes, a los valientes del teclado y demás desesperados hay que pedirle paciencia, perseverancia y aportes. Cada quien desde su trinchera política, intelectual, comunitaria, sindical o partidista, teórica o practica. Pero lo que está claro es que no se puede seguir cayendo en la trampa de la impaciencia y la desesperanza, no puede seguirse optando por la solución mas rápida en detrimento de la mas adecuada.

Quienes hicimos una pasantía por la izquierda radical nos especializamos en derrotas y dejamos amigos en el camino y sin embargo solíamos refugiarnos en una frase extraordinaria de Julius Fucik, poeta y periodista checoslovaco escrita en una celda de la Gestapo en un reportaje al pie del patíbulo: “Por la alegría he vivido, por la alegría he ido al combate, por la alegría muero, que la tristeza nunca sea unida a mi nombre”

Obviamente nadie más debe morir trascendiendo la crisis, pero sería deseable infundir a nuestra lucha por el futuro algo de esta esperanzadora decisión de hacerlo con alegría y por la alegría. O al menos, que podamos administrar mejor nuestro pesimismo y desesperanza.

4.- Otra digresión

La otra trampa a la que queremos referirnos que pudiera sabotear la posibilidad de escoger la puerta adecuada es el radicalismo y su chantaje, que ha funcionado sistemáticamente durante los 17 años que ha durado este gobierno y no dudamos en afirmar que ese chantaje radical ha ayudado a prolongar. Veamos.

En tiempos de la Coordinadora Democrática una nueva forma de radicalismo aparece en la Fuerza Armada, un grupo de oficiales de alto y mediano rango, soldados y sub-oficiales inventa, sin consultar a nadie, por lo menos no a los partidos políticos, una nueva forma de protesta: Salirse de los cuarteles y declararse en una extraña rebeldía en una Plaza del Este de la ciudad. Al que no se solidarizaba, que fue mi caso, se le acusaba de traidor o cobarde o de reducida virilidad (falta de bolas, decían). Durante varios meses la Plaza Altamira se convirtió en el epicentro de una forma muy rara de acción político-militar con mucho valor y muy exiguos resultados. El gobierno salió ganando, avanzó en el control del aparato militar y la Fuerza Armada perdió algunos valiosos oficiales institucionales sacrificados en el altar de la testosterona.

Similar historia se repite con el paro petrolero empujado por el radicalismo a contrapelo de la opinión de los dirigentes sindicales. El gobierno gana otra vez y expulsa de Pdvsa a miles de trabajadores experimentados que representaban además la conciencia del negocio petrolero. 

La historia se repite varias veces más pero citemos solo el golpe de abril de 2002 azuzado por el mismo radicalismo impaciente y por intereses económicos, termina de atornillar a Chávez en el poder y entregar la Fuerza Armada al Ejecutivo. 

El abstencionismo del 2005 opera de la misma manera, entrega el Poder Legislativo al partido de gobierno y tiñe de rojo rojito todos los poderes que son electos por la Asamblea Nacional.

El último caso es el de febrero de 2014, pero por educación uno no nombra la soga en casa del ahorcado.

Lo que si diré con absoluta claridad es que no podemos seguir tomando decisiones chantajeados por los radicalismos, sin concertar en la MUD y sin considerar las opiniones que están mas allá de la MUD.

Dicho esto... volvamos sobre el tema hay un portal que escoger.

5.- La política, el umbral de los umbrales. Las tareas que hay que hacer para encontar la salida

Ya hemos dicho que el umbral deben cruzarlo no solo los opositores sino el universo mucho mas incluyente de los descontentos, los afectados, los que no creen en la falacia de la guerra económica.

También hemos esbozado lo que esperamos encontrar al otro lado de uno de estos umbrales: Salida, golpe, revolución o acuerdo; que no es otra cosa que una visión compartida. Lo que, de hecho, sugiere una vía.

Recuerdo que al poco tiempo de comenzar a militar en un partido de izquierda radical, una corriente maoísta me captó e insistía en que había que utilizar todas las formas de lucha... todas, armadas o no. Debo decir que ha corrido mucha agua bajo el puente Osorio desde entonces y obviamente ya no creo en semejante laxitud. Sin embargo sigo pensando que optar por la violencia o por el pacifismo no es una decisión solamente ética o moral, sino sobre todo, un problema de correlación de fuerzas, de posibilidad más o menos objetiva. En la disyuntiva que nos presenta esta jornada de hoy no solo se trata de lo deseable sino de lo posible. Con eso en mente deshojemos rápidamente la margarita.

La salida, si se entiende como un especie de revuelta popular que lleva a la renuncia no solo de presidente sino del gobierno, aunque parezca teóricamente deseable, no creo que sea posible pues la experiencia demuestra que no hay fuerza social o política preparada para dirigir semejante titanismo, ni el gobierno tiene el talante democrático de De Gaulle como para renunciar.

Un golpe no me parece deseable ni posible, no me parece deseable porque la cultura que anima a los militares no es política, no consulta ni negocia, ordena e impone... y se impone por la fuerza de las armas y una nueva ruptura puede meternos en otro torbellino interminable. Y no me parece posible porque hasta para dar un golpe es necesario hablar y esta Fuerza Armada esta cruzada por informantes, miedos, espionaje y es muy difícil acordarse en semejante nido de alacranes. Por otra parte la sociedad venezolana y el mundo de hoy condenarían casi unánimemente una salida como esa.

Una revolución al estilo de la francesa, rusa o cubana es impensable e indeseable. Ni siquiera los sectores radicalizados del Psuv están trabajando en ello y mas que indeseable en esta coyuntura de privaciones y recortes. Sería un remedo cruel y tragicómico de las masacres de Pol-Pot y los Khemers rojos.

A mi me parece deseable una salida negociada que satisfaga a los factores descontentos, e incluso, que no pretenda la destrucción de los factores desplazados del poder. La visión de la anti política ha instalado en la cabeza de muchos la idea de la negociación como una mala palabra, una acción burocrática y elitesca. Un chanchullo acordado entre cogollos. Pero la verdad es que la anti política ha demostrado que no negocia, impone. Militares, empresarios, actores y mises venidos a la política, prefieren imponer que negociar, por eso la descalificación de la esencia de la política, la búsqueda de acuerdos en la diversidad. Pero hoy tampoco lo veo viable, salvo que se cumplan cierta pre-condición. Retornar la Política con P mayúscula, sin devaneo con maniqueísmo alguno. Eso significa:

5.1 Trabajar en la construcción de una mayoría contundente

Lo que significa hablarle a la mayoría. Ningún proyecto político triunfa democráticamente sin el apoyo de las mayorías, debe buscarse ese apoyo sin complejo y expresando claramente una opción preferencial por los humildes y la superación de la pobreza. Durante 17 años el gobierno y su partido han vivido de la falacia según la cual ellos representan a los pobres y “los otros” a las oligarquías. Si no se revierte esa matriz de opinión será difícil de revertir.

Denunciar desde la perspectiva de los mas humildes es absolutamente inaplazable, hay que ponerse frente a las luchas de los trabajadores, los sin techo, los desempleados, las victimas de pésimos servicios.

5.2 Tender puentes al chavismo descontento

Hay que hablarle al chavismo dirigiéndole un discurso sin complejos discursos, decir por ejemplo:

- Aspiramos la rectificación de los errores actuales y pasados, no pretendemos la restauración de viejo errores.

- Se trata de un proyecto incluyente, del que los chavistas no serán excluidos, ni estigmatizados.

- Creemos en el respeto a la diversidad, no hay aspiraciones de pensamiento único, ni exigencias de profesión de Fe

- Aspiramos una amplia participación democrática y popular en la reconstrucción del país. La gente será escuchada, nunca mas nariceada,obligada a marchar o silenciada. 

La identidad de quien pretende constituir mayoría no puede cuidarse de herir susceptibilidades. Un conocido partido popular se definía antiimperialista y antilatifundista sin que lo asustara lo que pensarían en el departamento de Estado, ni pensaba en las puyas que dejarían de dar los terratenientes para la campaña. AD se forjó una identidad enfrentando los autoritarismos de derecha o de izquierda con igual vehemencia y colocándose del lado de los más humildes sin complejos.

5.3 La importancia ética, política y simbólica de condenar las posturas racistas, clasistas y excluyentes de cierta oposición silvestre en el “exilio” o frente al teclado.

Hay una cierta oposición que no se conecta con los discursos de los sectores democráticos organizados, son inocuos para el gobierno, su valentía se reduce al escándalo en las redes sociales, a repetir fórmulas que ahuyentan a nuestros electores y ofenden a los sectores populares y al “chavismo” con expresiones racistas y clasistas.

Estos sectores resultan profundamente funcionales para el gobierno que extrapola sus despropósitos como identidad genérica de la oposición. La ofensa y el desprecio de estos “radicales” hacia los sectores populares no ha sido claramente rechazada por la dirigencia de la Alternativa Democrática. Esa condena no puede seguir esperando. No suena realista que alguien, “pobre y de color”, quiera compartir tienda política con sectores que no ocultan su desprecio por negros, pobres y similares. No puede taparsele la boca, pero se puede deslindar nuestro discurso de sus prejuicios.

Estos mismos radicales suelen hostigar a los sectores que abandonan el chavismo acusándolos de cómplices del desastre, delincuentes que en algún momento recibirán castigos ejemplares. No es raro escuchar o leer cada vez que ocurre un notable abandono de las filas chavistas que ... “las ratas abandonan el baro que se hunde” Este es un buen momento para tender puentes a los descontentos, todos los que abandonen el proyecto político de quienes gobiernan deben ser respetuosamente tratados. No se trata de dar asilo a violadores de derechos humanos y corruptos enriquecidos, pero si, de no tender un cerco comunicacional que mantenga unidas las filas del PSUV por elemental sentido de supevivencia. En este sentido es menester generar una política, hacia los sectores descontentos y contra los excesos del radicalismo silvestre.

5.4 La necesidad de construir un proyecto para, no un proyecto anti ni contra

Diecisiete años de polarización han logrado construir una barrera insalvable entre gobierno y oposición, se trata de un maniqueísmo no siempre racional en el que cualquier definición política es antinómica, no nos definimos por lo que somos sino por lo que enfrentamos. En ese discurso:

- No somos demócratas sino anti chavistas, dejando nuestra cualidad democrática, nuestra principal cualidad, tácita y en veremos.

- No somos la alternativa democrática sino la oposición. Definiéndonos solo por nuestra acción contra el gobierno.

- No aspiramos una sociedad abierta sino que somos anticomunistas. Con la carga histórica negativa de ese vocablo.

- No somos un proyecto para la Reconstrucción Nacional, un proyecto PARA salvar la patria, sino que queremos sacar del poder al chavismo y castigarlo.

- El país que aspiramos construir (que es, en definitiva, con lo que la gente se identifica) queda en un lugar de muchísima menos importancia.

¿Quien se identifica solo con la negación? Es difícil alinearse con quienes no definen con claridad y pasión su visión, su proyecto de país, sus sueños.

Una identidad en afirmativo que defina con claridad lo que somos es urgente, pero sobre todo es necesario que esa identidad recoja claramente las aspiraciones y anhelos de las mayorías populares, que despierte su entusiasmo, que congregue a quienes quieren superar el fracaso de un proyecto político que, para bien y para mal, reunió y traicionó a una contundente mayoría electoral.

Que las mayorías se sientan identificadas con la Alternativa Democrática depende de la capacidad que tengamos para definirnos claramente según las aspiraciones mayoritarias de los venezolanos y no contra algún otro proyecto.

A manera de conclusión

En conclusión, nadie negocia una salida del poder con una fuerza a la que puede derrotar en la cotidianidad de la acción política o por la fuerza de los poderes públicos y armados que controla. Sin embargo una fuerza basada en una contundente mayoría sienta a cualquier poderoso a negociar salidas. De tal manera que antes de traspasar cualquier umbral es menester, trabajar duro en la recuperación de un espacio político secuestrado por el gobierno. Lo que permitirá convocar a las mayorías empujar una salida negociada y en paz sin las dudas de que esa mayoría pueda sentirse identificada con quienes los convocan. Mientras tanto se debe arrebatar a quienes hoy controlan el poder ejecutivo y la mayoría de los poderes factitivos, todo los espacios que sea posible liberar, ciudadano, regional, municipal, popular, electoral...

Acumular fuerzas los obligará a negociar.

¡Gracias!