No sabemos el nombre
del niño. Podría llamarse Aylan o también Omran. Pero nadie ha pronunciado su nombre.
Sólo sabemos, por su aspecto, que debe tener mucha hambre. En la descripción
enviada por la agencia Reuters junto a la foto de Abduljabbar Zeyad sólo reza: "Un niño
malnutrido yace en la cama del hospital de la ciudad de Hodeida, puerto del Mar
Rojo, en Yemen". Le vemos hecho un amasijo de piel y huesos, con el
cabello decolorado por la falta de alimento. En otra foto, aparece junto a su
madre, también en los huesos.
El rostro de este
pequeño es idéntico al de otros tres millones de niños menores
de cinco años, mujeres embarazadas y lactantes que necesitan ayuda urgente porque
sufren malnutrición aguda en el país árabe. Según la ONU y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), a causa de la contienda, 19 de las 22 provincias del
país están acosadas por la inseguridad alimentaria y
más de la mitad de la población civil no tiene prácticamente qué echarse a la
boca.
Una mujer, junto a su hijo malnutrido en el hospital
de Hodeida. ABDULJABBAR
ZEYAD /REUTERS
Los
técnicos del PMA prevén que la situación empeore si el conflicto continúa. Y esta guerra no tiene visos de detenerse, tras el
reciente fracaso de las negociaciones de paz auspiciadas por Naciones Unidas.
Desde que la llamada coalición árabe, liderada por Arabia Saudí, intervino en
el conflicto en Yemen en marzo de 2015 han muerto más de 10.000
personas, según cifras de Naciones Unidas.
La crisis humanitaria en Yemen es de una magnitud
desproporcionada. "Es una de las peores crisis del mundo y sigue
empeorando. El país y sus habitantes han pagado un precio muy alto por el
conflicto; la exacerbada expansión de la vulnerabilidad y la destrucción
virtual de los mecanismos de supervivencia de los hogares. Como resultado, la
inseguridad alimentaria es inaceptablemente alta", ha explicado Jamie McGoldrick, coordinador humanitario de la ONU
para Yemen.
Este país ya era el Estado más pobre del mundo árabe antes de
la guerra. Hoy, la situación es desesperada. Al menos siete
millones de personas -un cuarto de la población yemení- viven en lo que las
agencias humanitarias internacionales califican "por debajo de los niveles
de emergencia
de inseguridad alimentaria",
en la fase cuatro de cinco niveles de una escala. Otros siete millones, están
en la fase tres. Lugares como Hodeida (donde
se encuentra el niño de la imagen) -que antes de la guerra era la cuarta ciudad
del país, con una población de 400.000 habitantes- los niveles de desnutrición
superan el 21%.
Literalmente, no hay
alimentos en Yemen porque el conflicto impide que se importen normalmente los
productos de primera necesidad, en un país que depende al 90% de los alimentos
traídos del exterior. A eso hay que añadir el alza de precios de la
comida y la escasez de combustible para cocinarlos. La pesca tradicional
también se ha visto recortada en un 75% en el caso de puertos de mar de las
provincias de Taiz y Hodeida.
Sin apenas fondos para
poder ofrecer asistencia, agencias como el PMA reclaman financiación para
asistir a millones de civiles en Yemen. Mientras, niños sin nombre se
mueren de hambre en este conflicto casi olvidado.