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21 agosto, 2014

España, único amigo de Marruecos



Inmigrantes hacinados ayer en uno de los polideportivos de Tarifa.

IGNACIO CEMBRERO

Cuando a principios de año se acentuó la presión migratoria sobre Ceuta y Melilla el portavoz del Gobierno marroquí, Mustafa el Khalfi, explicó que era achacable al blindaje de sus costas logrado por Marruecos. Aseguró que el número de inmigrantes irregulares que habían llegado a las costas andaluzas procedentes de Marruecos cayó en pocos años en un 95%.

Otros miembros del Ejecutivo marroquí se comparaban con Libia, donde la llamada "primavera árabe" se truncó sumiendo al país en el caos -en el primer semestre del año zarparon de sus costas 64.000 inmigrantes rumbo a Italia-, mientras que en Marruecos el rey Mohamed VI había emprendido reformas sin desestabilizar al país.(...)


Un solo día, el martes 12 de agosto, ha dado al traste con esas aseveraciones. Procedentes de Marruecos 920 inmigrantes alcanzaron las costas andaluzas a bordo de 94 embarcaciones, en su mayoría lanchas hinchables, y otros 80 lograron saltar la valla de Melilla. En los últimos diez días entraron en España 1.388 inmigrantes irregulares.

Hicham Racihid, fundador de una asociación marroquí de ayuda a los inmigrantes (GADEM), recuerda, para explicar el fenómeno, que "el verano es propenso a las travesías" y que los "inmigrantes temen lo que les pueda suceder cuando, en diciembre, concluya la operación de regularización" que puso en marcha Rabat.

Veinticuatro horas después del desembarco del martes el ministro del Interior marroquí, Mohamed Hasad, achacó, no obstante, lo ocurrido no al buen tiempo veraniego sino a "disfunciones que han podido suceder". No aclaró en qué consistían. Aseguró que "serán corregidas muy rápido" sin explicar cómo.

Las disfunciones son de tal calibre que en un solo día han llegado a Andalucía y Melilla desde Marruecos diez veces más inmigrantes irregulares que los que alcanzaron en 2013 las costas de Canarias procedentes de Mauritania, el otro gran frente migratorio de España. Fueron 104.

"Cuando zarpan tantas embarcaciones, desde tantos puntos diferentes y durante tantas horas en un mismo día no puede tratarse de meras disfunciones; hay algo más", asegura una fuente que colabora con las fuerzas de seguridad españolas.

Hay que remontarse a 2001 para encontrar una oleada migratoria de proporciones similares aunque algo más pequeña. El penúltimo fin de semana de agosto llegaron a las costas andaluzas unos 800 inmigrantes, en su mayoría marroquíes. El entonces ministro de Exteriores, Josep Piqué, convocó al embajador de Marruecos, para protestar, pero ahora Interior ha apostado por el apaciguamiento. Ayer resaltó los "estrechos contactos" con Rabat.

Las autoridades marroquíes han tenido, sin embargo, estos últimos tiempos otros dos gestos poco amigables con su vecino español. El martes rehusaron, por primera vez desde hace meses, readmitir a los subsaharianos encaramados en la valla de Melilla. Tras varias horas se les dejó entrar en la ciudad autónoma.

Hace un mes el rey Mohamed VI acogió a Felipe VI en Rabat anunciándole que había firmado el acuerdo de pesca con la Unión Europea, pendiente de rúbrica desde febrero, del que se beneficiarían 126 barcos, en su mayoría españoles. Aún así sigue sin entrar en vigor y los últimos rumores apuntan a que no lo hará hasta septiembre. Hay pesqueros que ya han abonado la licencia.

La visita del monarca español a Rabat puso de manifiesto la excelente relación bilateral entre ambos países. Era tan buena que, con discreción, las Fuerzas Armadas de Marruecos levantan alrededor de Melilla su propia valla, que se añade a la doble verja del lado español, para proteger de la inmigración a una ciudad que reivindican como suya.

De todos sus vecinos el único con el que Marruecos tiene ahora una relación cordial es España. Con Argelia sigue peleado, con Mauritania la relación es tensa como lo es también con Francia desde que en febrero la policía judicial se presentó en la residencia del embajador marroquí en París para intentar llevar ante un juez a Abdellatif Hammouchi, director de la DST (policía política marroquí). El magistrado le quería interrogar sobre presuntas torturas que habría infligido.

La relación franco-marroquí pasa por un momento tan malo que Rabat ha dado instrucciones verbales a sus ministros y altos funcionarios para que ya no soliciten los visados Schengen, para viajar a Europa, en los consulados de Francia, como solían hacerlo, sino que lo hagan en los de España.

¿Va a arriesgarse ahora Marruecos a enfrentarse con el único amigo que le queda en el vecindario? Rabat tiene algunos motivos de descontento con España que no ha expresado públicamente. Teme perder su influencia sobre los musulmanes en Melilla. Por primera vez no se rezó allí por Mohamed VI, en julio, al final del Ramadán. El PP, que gobierna Melilla, y Coalición por Melilla, el partido musulmán de oposición, han sellado un pacto social que aleja al islam local de Marruecos.

En un país como Marruecos, donde la Justicia no es independiente, resulta difícil de comprender que un juez de Melilla haya además abierto diligencias [documento en PDF] este mes para averiguar si, el 18 de junio, la Guardia Civil y las Fuerzas Auxiliares (antidisturbios) marroquíes se han excedido contra los inmigrantes. El magistrado ha enviado una comisión rogatoria a Rabat para que identifique a un agente al que se ve en un vídeo propinar una paliza a un subsahariano [vea las imágenes].

Por mucho que todo esto disguste a Rabat, es peccata minuta comparado con los réditos que puede sacar de la relación con España, su único amigo, en el tema que más le más le importa -el Sáhara Occidental- ahora que se reactiva con una gira por la región de Christopher Ross, el enviado del secretario general de la ONU. "El 90% de la relación [con España] pasa por el Sáhara", ha dicho más de una vez Taieb Fassi-Fihri, consejero de Mohamed VI. De ahí que, probablemente, las disfunciones migratorias se subsanen pronto.