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LOS VENEZOLANOS, DERROTADOS O RESIGNADOS?




























El derrotado deja de luchar y da por
imposible su emprendimiento, el resignado deja
de luchar de la manera habitual para emprender
a la primera oportunidad y volver a luchar de
una manera distinta.
Sigue aunque todos esperen que
abandones. No dejes que se oxide el hierro
que hay en ti. Haz que en vez de lástima, te
tengan respeto. Cuando por los años no puedas
correr, trota. Cuando no puedas trotar, camina.
Cuando no puedas caminar, usa el bastón.
¡Pero nunca te detengas! Madre Teresa de
Calcuta.
La resignación es sinónimo de paciencia
y la paciencia es un arma muy poderosa, que
tiene el poder de obtener todo lo que deseamos,
tan solo hace falta un nuevo impulso para
cambiar este estado de pasividad.
Por suerte o por desgracia, nos hemos
acomodado resignados a una nueva forma de
vivir en Venezuela. Frases como “no encuentro
harina, se acabo la leche, viste que caro
está el pollo, otra vez cola para comprar”...
y paro ya de contar porque son innumerables
las expresiones que se escuchan en todos los
entornos a nivel nacional.
Ha contado las veces que en los años
recientes has necesitado algo, tienes los medios
y no lo encuentras?, ha contado las veces que
le dices a tus hijos, si quieres ir a esa fiesta me
llamas cada media hora, ah y mosca cuando
vengas por la autopista.
La terrible ingenuidad de pensar que
un sistema va a cambiar con simples frases
esperando que nos escuchen, es hoy por hoy
insostenible. La sociedad venezolana tiene
hambre de cambios, el pueblo merece una mejor
forma de vivir, más equitativa y agradable,
pero mucho me temo que todo de lo que nos
quejamos, puede quedarse en la explosión de
una botella de refresco caliente.
Esto no es un tema de política, es un
tema de calidad de vida señores y a pesar de la
crítica de este artículo, aún tengo la esperanza
que no sea así indefinidamente, todos sabemos
que las reivindicaciones que exigimos, son justas
y necesarias para nuestro presente.
Urgen bocanadas de aire fresco en
nuestra adormecida sociedad, urge un cambio
en la expresión verbal y corporal, en el trato al
amigo, al vecino, al compañero, al hermano.
Pongamos fin a tanto improperio y a tanta
desidia, llegó la hora de poner en práctica la
tolerancia, llegó la hora del respeto mutuo, llegó
la hora de dibujar una patria donde quepamos
todos y dónde todos, tengamos lo que por
derecho nos corresponde.