Una propuesta de consulta
reabre el separatismo en tres estados brasileños. ¿Qué pasaría si Uruguay
pierde su frontera directa con Brasil?
Por Carlos Loría*
El separatismo del sur de Brasil volvió al debate
político y plantea una pregunta para Uruguay: ¿qué pasaría si cambiara su
vecino del norte? El diputado estadual electo Bruno Souza, del Partido Liberal
de Santa Catarina, anunció el 26 de octubre que pretende impulsar una consulta
sobre la separación, empezando por su estado y promoviendo después iniciativas
similares en Paraná y Rio Grande do Sul.
La idea retoma el proyecto de “O
Sul é o Meu País”, que propone reunir a esos tres estados en una nación
soberana. Para Uruguay,
una eventual independencia significaría perder la frontera directa con Brasil.
Sin embargo, conservaría su límite con Argentina y su salida al Atlántico. El
escenario es hipotético: el orden constitucional brasileño impide la secesión.
Qué propone la iniciativa y cuáles
son los estados involucrados
Souza anunció su intención de promover el plebiscito después del segundo turno presidencial del 25 de octubre, en el que Luiz Inácio Lula da Silva derrotó a Flávio Bolsonaro. El dirigente argumentó que las diferencias políticas entre regiones justifican preguntar a los habitantes del sur si desean continuar en la federación bajo sus condiciones actuales.
Los territorios involucrados son Paraná,
Santa Catarina y Rio Grande do Sul, cuyas capitales son Curitiba,
Florianópolis y Porto Alegre. El anuncio de un legislador no equivale a un
acuerdo entre los tres estados ni a una independencia en marcha. Lo anunciado
es la intención de impulsar una consulta; no una votación oficial ya convocada.
La idea de crear un país en el sur
brasileño
El movimiento O Sul é o Meu País,
fundado en 1992, defiende una emancipación política y administrativa pacífica
mediante consultas populares. Sus promotores sostienen que la región comparte
características históricas, culturales y económicas suficientes para constituir
otro país, con instituciones propias y capacidad para decidir sobre sus
recursos.
La organización cuestiona la distribución
de los impuestos y el poder de decisión de Brasilia. Alega que el sur
recibe un trato fiscal y político perjudicial. Esa es la posición del
movimiento: una separación también obligaría a resolver asuntos como deuda
pública, jubilaciones, moneda, bienes federales y relaciones comerciales con el
resto de Brasil.
Una región con peso económico, aunque
no concentra toda la riqueza
Los tres estados tienen un peso
productivo importante. En las cuentas regionales del IBGE correspondientes a
2023, Paraná representó el 6,1% del PIB brasileño; Rio Grande do Sul,
el 5,9%; y Santa Catarina, el 4,7%. Son economías relevantes, pero São
Paulo, Rio de Janeiro y Minas Gerais superan individualmente a cada uno de
ellos por tamaño del PIB.
La prosperidad regional tampoco
garantiza el resultado de una eventual independencia. El nuevo Estado tendría
que organizar su financiación pública y negociar su relación con un
mercado brasileño del que hoy forma parte. La continuidad de las cadenas
productivas y del comercio dependería de las condiciones de esa separación, que
no están acordadas.
Por qué una consulta no alcanza para
independizarse
El artículo 1 de la Constitución
brasileña establece que la república está formada por la unión indisoluble
de los estados, municipios y Distrito Federal. Además, el artículo 60 protege
la forma federativa del Estado frente a propuestas de enmienda destinadas a
abolirla. Una mayoría regional favorable no habilitaría por sí sola la
secesión.
El movimiento ya realizó consultas
informales en 2016 y 2017, conocidas como Plebisul. Esas votaciones no
tuvieron efectos legales. La propia organización reconoció que en 2017 no
alcanzó su objetivo de participación. Sus resultados tampoco equivalen a una
encuesta representativa que permita afirmar que la mayoría de la población
sureña quiere independizarse.
Qué pasaría con Uruguay: otro vecino
al norte y acceso al mar
Si los tres estados se independizaran
juntos manteniendo sus territorios actuales, Uruguay dejaría de limitar con
Brasil: toda su frontera brasileña corresponde a Rio Grande do Sul. Rivera,
Artigas, Cerro Largo, Treinta y Tres y Rocha pasarían a estar frente al nuevo
país. Argentina seguiría siendo el otro vecino terrestre uruguayo.
Uruguay conservaría su salida al
Atlántico y su costa sobre el Río de la Plata. No quedaría rodeado por el
nuevo Estado ni convertido en un enclave. Sí quedaría separado territorialmente
del Brasil restante: un viaje por carretera hacia ese país atravesando el sur
podría requerir cruzar una frontera internacional adicional, según los acuerdos
que se establecieran.
Frontera, comercio y Mercosur: qué
habría que resolver
En un escenario de separación, las
cuestiones inmediatas para Uruguay serían la circulación de personas y
mercaderías, las aduanas y el funcionamiento de las localidades
fronterizas. Rivera-Santana do Livramento y Chuy-Chuí seguirían teniendo los
mismos vecinos de ambos lados, pero su vida cotidiana dependería del régimen
pactado con las nuevas autoridades.
También habría que definir la
relación del eventual país con el Mercosur
y la continuidad de los acuerdos con Brasil. La afinidad cultural y la cercanía
geográfica no resolverían automáticamente esas negociaciones. Para Uruguay, el
cambio central sería comercial y diplomático: mantener la integración
fronteriza y el acceso al mercado brasileño con un nuevo Estado entre ambos.
Tomado de La Red 21 / Uruguay. Imagen
solo con fines ilustrativos.
*Periodista y postproductor
audiovisual con más de veinte años de trayectoria en medios de prensa,
redacción publicitaria y producción.
