El mandatario defendió su gestión y
prometió medidas sociales y económicas, mientras el senador ultraderechista
aseguró que endurecerá la lucha contra el crimen organizado.
El presidente brasileño, Luiz Inácio
Lula da Silva, y el senador Flávio Bolsonaro se enfrentaron este domingo en el
debate presidencial de cara al balotaje
del próximo 25 de octubre, en un último tramo de campaña marcado por la
disputa voto a voto. Durante el cara a cara, expusieron sus propuestas en
materia de seguridad pública y economía, en busca de convencer a los electores
indecisos. Además, intercambiaron acusaciones de corrupción y cuestionamientos
personales.
Seguridad y economía
En materia de seguridad pública, Lula
da Silva sostuvo que los estados brasileños fracasaron en resolver los
problemas vinculados a este tema y defendió una mayor intervención del gobierno
federal para su abordaje. Además, prometió crear un Ministerio de Seguridad
Pública si el Senado aprueba la enmienda constitucional sobre seguridad, con el
objetivo de coordinar acciones entre el gobierno federal, los estados y los
municipios para recuperar territorios dominados por grupos criminales. Y
aseguró: “Lo que hicimos en estos 4 años fue mucho más de lo que se hizo
durante muchos años en este país en la lucha contra el crimen organizado”.
Flávio Bolsonaro afirmó que declarará la guerra al narcoterrorismo a partir de enero. En ese sentido, prometió recuperar los territorios dominados por estos grupos y endurecer las penas contra sus líderes. Además, criticó al gobierno actual por aplicar, según él, una política de excarcelación que permite la liberación de delincuentes peligrosos.
Por otro lado, Lula da Silva defendió
su gestión económica y afirmó que Brasil debe impulsar la distribución de los
ingresos para reducir la pobreza y promover el crecimiento. Recordó que durante
sus gobiernos el país alcanzó un crecimiento económico del 7,5 % en 2010 y
acumuló 270.000 millones de dólares en reservas, tras cancelar su deuda con el
Fondo Monetario Internacional (FMI). De cara al futuro, propuso impulsar la
economía digital, verde y creativa para generar empleo, fomentar el desarrollo
y dar un nuevo salto económico. En cambio, Bolsonaro planteó que la salida de
Lula de la Presidencia es necesaria para recuperar la estabilidad económica y
devolver la esperanza a la población.
Además de hablar de propuestas, el
ultraderechista acusó al presidente de proteger a su hijo ante las sospechas
sobre sus presuntos vínculos con una trama de desvío de fondos, mientras que el
progresista expresó que su rival es un mentiroso. El senador desviaba el tema
cuando el presidente mencionaba su vínculo con el caso Vorcaro, uno de los
grandes fraudes bancarios en la historia reciente de Brasil, con un desvío
estimado en más de 10.000 millones de dólares.
Horas antes del debate, Flávio
Bolsonaro, participó en un acto de campaña en San Pablo, donde lanzó duras
críticas a Lula, en un breve discurso que apenas duró unos cinco minutos, con
el objetivo de preservar su voz para el cara a cara con el mandatario. Durante
su intervención, el candidato conservador también reiteró sus críticas a la
Corte Suprema y prometió designar al menos cuatro magistrados para el alto
tribunal que sean “contrarios al aborto y a las drogas” pero a favor de la
prosperidad económica. En paralelo, se realizaron “actos por la democracia” a
favor del líder progresista en diferentes ciudades del país, pero sin su
presencia, puesto que Lula dedicó la jornada a prepararse para el debate.
La agenda social
La carrera por la Presidencia de
Brasil llega a su recta final con un escenario que pocos días atrás parecía más
favorable a Bolsonaro y que faltando una semana para la segunda vuelta,
comienza a sonreírle a Lula da Silva. El mandatario dominó la agenda política
de los últimos ocho días al lograr la reducción de la jornada laboral y
anunciar nuevos beneficios para los brasileños, junto con una intensa actividad
en las calles y las redes sociales.
La ventaja que los sondeos
electorales daban al hijo del expresidente Jair Bolsonaro sobre el líder
progresista después de salir victorioso en la primera vuelta se redujo esta
semana, en vísperas de la segunda ronda, y llegó a solo dos puntos (51 % contra
49 %), un empate técnico de los candidatos, según la última encuesta de
Datafolha.
Uno de los principales movimientos de
Lula fue la promulgación de la enmienda constitucional que reduce la jornada
laboral de 44 a 40 horas semanales, sin recorte salarial y con dos días de
descanso remunerado. La medida era uno de los objetivos que el mandatario
quería concretar antes de las elecciones, ya que beneficiará a millones de
trabajadores formales, algo que puede traducirse en votos.
En la última semana, el presidente
también anunció medidas para financiar y condonar deudas de microemprendedores
y prometió impulsar el transporte público gratuito los fines de semana para que
los trabajadores aprovechen sus días libres con sus familias. Estas iniciativas
se suman a otras anunciadas por el líder progresista en campaña, como el
aumento de los subsidios para los más pobres, la subvención de combustibles,
créditos para taxistas y ayuda económica a universitarios para evitar su
deserción.
Tras el éxito de Lula, Bolsonaro ha
tenido que ajustar su discurso. Luego de cuestionar la reducción de la jornada
laboral, terminó apoyando la iniciativa porque, según dijo en una entrevista al
noticiero Jornal Nacional, el de mayor audiencia, “el pueblo lo estaba
pidiendo”. La campaña entra ahora en su tramo decisivo tras el debate
presidencial, con ambos candidatos luchando por el objetivo de llegar a los
electores indecisos, puesto que la abstención alcanzó un 21 % en la primera
vuelta.
Tomado de Página 12 / Argentina.
Imagen: NELSON ALMEIDA. AFP.
