Los atacantes ignoraron que la puerta del refugio
abría hacia afuera y se salvó. La traumática vivencia de hace tres años
reafirmó su opción por una salida pacífica y plantea que el problema de raíz es
la ideología sionista.
Por Guillermo Levy *y Julián
Varsavsky
Pedro Goldfarb hizo el secundario a mediados de los 70 en el
Colegio Nacional Buenos Aires y fue parte de la efervescencia política desde su
militancia en el movimiento Hashomer Hatzair de judíos laicos socialistas. Pero
a los pocos años abandonó el sionismo como ideología y entró al Partido
Comunista de Israel. En 1981, luego de graduarse de agrimensor en la UBA,
emigró a Israel al kibutz Nir Itzchak, frente a las ciudades palestinas de Khan
Yunis y Rafah --cerca de Egipto-- uno de los atacados el 7 de octubre de 2023:
se salvó de milagro y lo relata entrevistado en el libro del sociólogo
Guillermo Levy, Sobre los escombros de Gaza (Marea 2025). El relato es
escalofriante: “A las 6:20 am. pasó algo inaudito. Estábamos acostumbrados a
que de vez en cuando llegaran misiles desde Gaza; nos metíamos en la habitación
de seguridad, escuchábamos cinco minutos de misiles, tanques o helicópteros del
Ejército, y todo volvía a la normalidad. Esa mañana no fueron uno o dos, sino
veinte. Durante 15 minutos eran misiles y antimisiles que volaban de un lado a
otro. Un pariente que trabaja en seguridad me preguntó por WhatsApp: “Pedro,
¿qué está pasando ahí? Hay rumores de que terroristas entraron desde Gaza y
están invadiendo los kibutzim. En mi casa aún no pasaba nada, pero me di cuenta
de que la cosa venía fulera. Me llamó Liata Tzili, que vivía en el kibutz Nir
Oz. Estábamos en contacto y, de repente, no escuchamos más de ella. Supimos que
fue una de las llevadas a Gaza y volvió después de dos meses. Nosotros nos
encerramos en el refugio interno. A las 7:45 empecé a decirles a todos en el
teléfono: “No puedo hablar porque tengo terroristas en casa”.
--¿Desde allí dentro escuchaban lo que sucedía en el resto de
la casa?
--Durante cuatro horas, dos grupos distintos de terroristas
estuvieron dentro de mi casa. El primero fue un grupo armado que baleó toda la
casa y destrozó lo que pudo. Yo tenía en una mesita de luz mi pasaporte y plata
para una operación que me tenía que hacer: se afanaron todo lo que había.
Estuvieron hora y media y hasta tuvieron tiempo para sentarse, abrir la
heladera, comer y beber tranquilos. Yo tenía botellas de vino. Como ellos son
musulmanes, no toman. Y se dedicaron a romperlas. Mi mujer es de procedencia
iraquí; escuchaba todo y me traducía lo que pasaba afuera. Nos quemaron el auto
e intentaron prender fuego a mi casa, pero no encontraron la llave de gas, que
está escondida en un armario. Intentaron abrir la habitación de seguridad y no
pudieron. Yo tengo problemas con las manos; no tienen fuerza, así que era mi
mujer la que agarraba el picaporte, haciendo fuerza para que no entren. Y no
los dejó entrar.
--¿Pero no había traba de seguridad ni llave?
--No. Eran solo refugios antimisiles. El asunto es que, para
suerte nuestra, la puerta de la habitación de seguridad se abre para afuera. Y
estos intentaron entrar empujando para adentro. Así que mi mujer hacía fuerza
de adentro y ellos hacían fuerza también de afuera para adentro: la estaban
ayudando. A la media hora en que no pudieron abrir, ya dijeron: “Acá no hay
nadie, así que no hay nada que hacer acá”. En un momento de desesperación, le
dije a mi mujer: “Escúchame, deja la puerta de lado, metete adentro de la cama,
yo salgo afuera y me entrego para que no te agarren a vos”. Me dijo: “Salimos
vivos los dos o no sale vivo nadie. Así que no te hagas el valiente”. Tiempo
después me di cuenta de que en Nir Oz hubo situaciones parecidas. El marido se
entregó y la mujer se salvó. Y a él lo mataron cuando estuvo cautivo en Gaza.
Nosotros estuvimos en la habitación hasta las 5:30 de la tarde: once horas. Yo
estaba en calzoncillos, mi mujer estaba en camisón.
--Es extraño que no le hayan disparado a la cerradura. La
puerta es de metal, pero ese es el punto débil.
--Es lo que me pregunto hasta hoy. A mi vecino Moshe Rozen,
argentino, le pegaron un tiro en la mano, justamente porque estaba sosteniendo
la cerradura.
--¿Cómo siguió el encierro?
--Cuando se fue el primer grupo, creímos que habíamos zafado.
Pero a la media hora llegó otro. Eran habitantes de Khan Yunis o Rafah que
vinieron a robar. Yo tenía unos zapatos ortopédicos en la entrada de casa y se
los afanaron. Me dejaron las zapatillas de ellos. Nos dimos cuenta de que era
gente común porque escuchábamos las ojotas. Ellos también trataron varias veces
de entrar a la habitación y no pudieron.
--¿Ese segundo grupo no estaba armado?
--No. Se repartieron las habitaciones para robar. Recién a
las 5:30 llegaron los soldados israelíes. Escuchamos que uno le decía al otro:
“Acá nadie salió vivo”. Nos golpearon la puerta y mi mujer tenía miedo: le
dolía mucho el pecho por todo el esfuerzo que hizo. Nos dijeron: “Somos del
ejército”. No sabíamos si contestar. Luego supimos que hubo casos de gente que
vino del otro lado de la frontera vestida como soldados de Israel y varios
abrieron la puerta: los mataron. ¿Cómo nos dimos cuenta de que eran soldados
israelíes? Porque uno dijo: “Soy el paramédico”. Yo había pedido un paramédico
por teléfono por los dolores de mi mujer. Y los árabes pronuncian la P como B.
Entonces le dije a mi mujer: “Él no dijo baramédico, dijo paramédico; tiene que
ser uno de los nuestros”. Entonces abrimos.
--¿Cuánta gente de Nir Itzak murió?
--Seis personas: Shajar Iaron, Ofek Arazi, Oren Goldin, Boaz
Abraham, Lior Fabian Rudaeff, Tal Haimi, Ela Hamoi y Ofir Melman. Eran los
encargados de la Fuerza de Seguridad para defendernos con lo poco que tenían;
fallecieron en combate. El hijo de mi vecino cayó porque estaba dentro del
grupo que salió a defender el kibutz, Ofec Arazi. Una muy amiga de mi hija
murió; la balearon en el festival Nova. Un soldado murió cerca de aquí. Y hubo
cuatro secuestrados, vecinos de la casa de atrás a la mía. Clara, que es
miembro del grupo que emigró conmigo en 1981. Con ella estaban la hermana, el
hermano y la pareja. Clara fue liberada durante los primeros meses. Y los otros
dos fueron rescatados por el ejército.
--¿Cómo cambió la sociedad israelí tras el 7 de octubre?
--Cambió en forma tremenda. La tolerancia desapareció del
mapa. Gadi Moses es uno de los creadores de este kibutz, quien volvió de su
secuestro en los túneles de Gaza. Fue el responsable de la fiesta de Rosh
Hashaná. Como todos los años, liberó palomas como deseo de encontrar una paz
con nuestros vecinos del otro lado de la frontera. Cuando eso llegó a las redes
sociales, lo amenazaron y putearon: “¿Para qué hicimos todo lo posible para
salvarte? Te hubieses quedado en Gaza. Lo mismo pasó con Yohebet Lifshitz, que
volvió del secuestro y cuando fue entrevistada, culpó a Netanyahu de ser el
responsable directo de todo lo que pasó el 7 de octubre. Y de nuevo: gente sin
escrúpulos la inundó de mensajes mandándola a Gaza de nuevo. En las últimas
semanas estamos viendo que casi no hay respuesta oficial del gobierno al
terrorismo judío. Lo digo con todas las palabras: terrorismo judío. Terroristas
judíos atacando palestinos en Cisjordania, simplemente por atacarlos. No es que
los palestinos les hicieran algo, solamente atacan por revancha. Hacen pogromos
contra la gente inocente que vive en Cisjordania y que quiere vivir en paz,
como la gente nuestra que quiere vivir en paz. Esto ya lo dije en el artículo
del libro Sobre los escombros de Gaza: que una de las cosas importantes
que me pasaron --y lo digo sin ponerme colorado-- fue que yo llegué en 1981 a
Israel con un grupo juvenil sionista y a los pocos años, tuve una tremenda
decepción con las políticas del Estado, no solo contra los palestinos de Gaza y
Cisjordania, sino también contra los habitantes árabes israelíes que viven
dentro de Israel. Abandoné el sionismo y entré al Partido Comunista que integra
el Frente por la Paz y la Igualdad, Hadash. La decepción es tremenda. En ese
artículo digo que Israel está al borde del precipicio, considerando las
respuestas populares por el mundo, a lo que está pasando en Gaza.
-¿Está arrepentido de haber ido a Israel?
--En su época, no dije que todo el pueblo argentino estaba a
favor de la dictadura cívico-militar de Videla. De la misma manera, no puedo
generalizar y decir que todos los habitantes de Israel son racistas,
colonialistas y fascistas. Porque no es la verdad. Mis hijos me están
preguntando eso mismo hace tres años. Después de mi infarto posterior al 7 de
octubre, mis alumnos de Historia me pidieron que volviera al colegio. Y me
hicieron dos preguntas. “¿Cómo te sentís?” Y la segunda: “¿Cambiaste tu forma de
pensar?”. Y para su sorpresa, dije: “Sí, cambié mi forma de pensar. Ahora soy
más izquierdista que antes”. Sobre el arrepentimiento, mis hijos me preguntaron
lo mismo. Y les dije: “No, no estoy arrepentido de emigrar. Una vez ya me
escapé. Y si yo me fui de Argentina en 1981, dos veces no escaparé: yo me quedo
acá y la lucho hasta el final”.
--Hemos entrevistado al historiador israelí Omer Bartov,
quien rompe el tabú sin pudor: dijo que el problema de fondo es la ideología
supremacista sionista.
--Israel, para poder mejorar algo, para poder superar todo
esto, primero que todo tiene que abandonar el sionismo, nada menos que su
fundamento. Ser sionista y ser progresista es una contradicción. Los problemas
del Estado de Israel son dos. El primero es el sionismo. El segundo es que los
dirigentes creen que EE.UU. es la solución, cuando en verdad es el eje
secundario del problema.
--¿Sionismo es racismo?
--Las personas que se autotitulan sionistas y son de extrema
derecha --los fanáticos religiosos y también parte de la derecha liberal-- y
que no tratan en forma igualitaria a los vecinos de Gaza y Cisjordania por un
lado, y a los propios habitantes árabes del Estado de Israel, son xenófobas y
alimentan el colonialismo interno y externo del Estado.
--A un dirigente del Meretz le preguntaron en la prensa “qué
es el sionismo” y dijo: “Es amar a Israel”.
--El partido Meretz se autotitula socialdemócrata, pero a mi
juicio tiene los mismos fundamentos enfermizos que el resto. La izquierda
sionista en Israel no existe, no hay izquierda sionista. Si uno dice “yo amo a
Israel, soy sionista”, entonces ¿el ciudadano árabe de Nazaret dentro de Israel
que dice que ama al Estado donde vive, es sionista?
--Hablemos desde la perspectiva opuesta: la de un palestino
exiliado durante la Nakba hacia Gaza en 1948. Algunos aún viven y sus hijos y
nietos han sido bombardeados, masacrados en las Marchas del Retorno y
bloqueados toda la vida. ¿Un militante palestino o un civil común que cruzó a
Israel a matar, robar y vengarse, podría discriminar entre israelíes pacifistas
y no pacifistas?
--Alguien me enseñó alguna vez que cuanto más trate a mi
enemigo de forma agresiva y haga todo lo posible por deshumanizarlo y que no
tenga voz ni voto, la sed de venganza será mucho mayor. Por eso, cuando alguien
me pregunta cómo veo el asunto, acá hay dos pueblos. Y tendrán que pasar, acaso
una o dos generaciones, para tratar de hacer un proceso de reeducación de base.
Ehud Barak fue primer ministro de Israel y dijo: “Si fuera un joven palestino
de la edad adecuada, en algún momento habría entrado en una de las
organizaciones terroristas”. Yo no puedo dejar de echarle culpas a gente
que vino a asesinarme; no puedo decir “soy pacifista, no me asesinen”. Porque
el asunto viene de base: como le dije a mis alumnos, el problema es que los
israelíes de 16 y 17 años no ven otra alternativa que no sea ir al ejército y
matar; cuantos más puedan matar, mejor. ¿A Sudáfrica cuántos años le llevó
terminar esto? Varias generaciones. Y no llegaron a una solución
extraordinaria, pero al menos están intentando modificar todo el aparato de
relaciones entre blancos y negros, después de tantos años de apartheid. ¿Qué
puedo esperar yo de un joven de 12 o 13 años que vive entre los escombros de
Rafah o Khan Yunis? ¿Que me quiera? Pero hay que hacer todo lo posible para que
eso cambie. No creo que vaya a verlo yo, pero por lo menos que lo vean mis
hijos. Tengo tres nietos. ¿Qué país les dejo? ¿Qué zona de mierda les dejo
cuando las personas que estaban más identificadas con una idea izquierdista me
dicen “no hay con quién hablar”, “no ves que nos vinieron a matar?” El problema
es que no conciben una forma de análisis en que ellos vean las dos partes de la
ecuación. Acá se ve solamente la parte nuestra de la ecuación. La derecha
fascista, fanática y clerical busca anexionar Gaza y limpiarla de habitantes.
Después se quejan porque los acusan de genocidas. Y la mayoría de los partidos
de la oposición al gobierno hablan de establecer una supremacía militar que nos
de cierta pseudotranquilidad, sin dar ni siquiera un espejismo de solución
política.
*Guillermo Levy --Sociologo y docente de la UBA y Undav.--
autor del libro Sobre los escombros de Gaza:
del ataque del Hamás a la destrucción planificada: Voces israelíes contra la
guerra. Marea 2025
Tomado de Página 12 / Argentina. Imagen: captura de video.
