Por Rafael
Narbona *
En las primeras décadas del siglo XXI, ha reaparecido el fascismo. Aunque no utiliza correajes, botas ni estandartes, sus consignas apenas han variado. «Toda época tiene su fascismo», advirtió Primo Levi, superviviente de Auschwitz. El fascismo no es un fenómeno político circunscrito a la Europa del siglo XX. Como explicó Emmanuel Lévinas, su origen no hay que buscarlo en la historia, sino en las pulsiones más oscuras del ser humano. Nace del miedo, la inseguridad, la frustración y la impotencia. Su característica principal es la búsqueda de chivos expiatorios. En la Edad Media, las brujas, los judíos y los herejes desempeñaron ese papel. Durante la Guerra Fría, se responsabilizó de todos los males al comunismo y hoy se demoniza a los inmigrantes. La idea de segregar, deportar y aniquilar a los supuestos indeseables sigue viva en la mente de muchas personas: «La idea no ha muerto -advierte Primo Levi-, porque nada muere definitivamente. Todo reaparece bajo nuevas formas, pero nada muere por completo». Eso sí, «las formas cambian». En nuestros días, valga como ejemplo la pretensión de Donald Trump de expulsar de Estados Unidos a miles de inmigrantes, incluidos somalíes que gozan de la condición de refugiados o que incluso han conseguido la ciudadanía. Desde el punto de vista del presidente republicano, solo son «basura». Levi afirma que detrás de las políticas segregadoras y represivas siempre late el mismo propósito:
«reducir a la nada la personalidad del hombre, tanto interior como exteriormente, y no solo la del prisionero, sino también la del guarda del lager; él también pierde su humanidad; sus rutas divergen, pero el resultado es el mismo». Fragmento de mi nuevo libro, Manifiesto contra la intolerancia @RocaEditorialTomado de @Rafael_Narbona
*Profesor de filosofía. Escritor.
