Por Yasmin
Ali
Entre los coihues, cipreses y senderos de la Isla Victoria,
en medio del lago Nahuel Huapi, todavía aparece una
figura inesperada. Tiene una larga cola blanca, el pecho oscuro y una
llamativa cara roja. Aunque parece formar parte del paisaje desde siempre, el
faisán plateado no es originario de la Patagonia.
Esta ave procede de Asia y fue introducida deliberadamente en
la isla durante la década de 1950. En aquellos años, el objetivo era incorporar
animales ornamentales y de caza a un territorio que funcionó como un verdadero laboratorio
natural argentino.
La experiencia superó las expectativas. Los faisanes se
reprodujeron, avanzaron sobre diferentes sectores de la isla y alcanzaron
densidades superiores a las observadas en algunos puntos de su ambiente
natural.
Una isla convertida en laboratorio natural
La Isla Victoria tiene aproximadamente 31 kilómetros
cuadrados y se encuentra en el sector neuquino del lago Nahuel Huapi.
Actualmente forma parte del Parque Nacional Nahuel Huapi, pero durante
el siglo XX fue escenario de numerosos proyectos forestales, turísticos y
científicos.
La transformación comenzó a principios del siglo pasado,
cuando Aarón de Anchorena llegó a la región y obtuvo derechos para
utilizar la isla. Allí impulsó una estancia, construyó instalaciones y promovió
la llegada de plantas y animales procedentes de diferentes continentes.
Por entonces, introducir especies extranjeras era considerado
un símbolo de progreso. Todavía no se conocían en profundidad las consecuencias
que estos organismos podían provocar sobre los ecosistemas locales.
Con el paso de los años, el Estado desarrolló allí un vivero
y proyectó una estación zoológica de unas 2.200 hectáreas, pensada como
centro de investigación y atractivo turístico. La isla llegó a funcionar como
un espacio de aclimatación, donde se estudiaba si especies de otros lugares
podían sobrevivir en la Patagonia.
Los faisanes que llegaron desde Asia
Los registros históricos señalan que en la isla hubo faisanes
dorados, diamantinos, de dorso negro y plateados, además de pavos reales. Sin
embargo, solo algunas variedades lograron reproducirse sin asistencia humana.
El caso más exitoso fue el del faisán plateado, cuyo
nombre científico es Lophura nycthemera. Originario del sudeste
asiático, fue introducido durante la década de 1950 y terminó distribuyéndose
por toda la Isla Victoria.
Los machos se distinguen por su plumaje blanco y negro, la
extensa cola y la piel roja alrededor de los ojos. Las hembras presentan
colores pardos, que les permiten ocultarse entre la vegetación.
Estas aves pasan buena parte del día buscando alimento en el
suelo. Remueven hojas y tierra para encontrar semillas, frutos, raíces e
invertebrados. Ese comportamiento genera interrogantes sobre los posibles
cambios que pueden producir en el bosque patagónico.
Por qué consiguieron conquistar la isla
Una investigación publicada en 2017 utilizó cámaras trampa y
recorridos de observación para estudiar la población. Los científicos
descubrieron que los faisanes frecuentaban especialmente las zonas con mayor
intervención humana.
Los caminos, edificios, jardines y antiguos sectores
productivos habrían creado condiciones favorables para su alimentación y
desplazamiento. En otras palabras, la transformación humana del paisaje
facilitó su expansión.
El estudio también encontró una elevada presencia de
ejemplares en áreas menos alteradas. En algunos sectores, su densidad resultó
mayor que la registrada dentro de su distribución natural en Asia.
De atractivo turístico a desafío ambiental
Durante décadas, los faisanes fueron valorados principalmente
por su belleza. Sin embargo, la mirada sobre las especies introducidas cambió.
Actualmente, una especie puede ser considerada invasora
cuando consigue establecerse, expandirse y generar efectos sobre la
biodiversidad, la economía o los valores culturales. La Argentina posee un
sistema oficial que registra cientos de organismos exóticos presentes en el
territorio.
En el caso del faisán plateado, los investigadores todavía
analizan el alcance de sus consecuencias. Su tamaño, alimentación y abundancia
podrían afectar la vegetación del suelo y modificar la relación entre las
especies nativas.
Más de 70 años después de su liberación, los faisanes
continúan caminando libremente por la Isla Victoria. Su presencia constituye una postal
llamativa, pero también recuerda cómo una decisión humana puede transformar un
ecosistema durante generaciones.
Tomado de Canal 26 / Imagen: Wikipedia.
