“Es aproximadamente 20 veces la cantidad de escombros
generados en todas las guerras del mundo en los últimos 18 años”, se lamenta un
experto del PNUD. Abajo, aún están los restos sin identificar de miles de
víctimas civiles del genocidio llevado adelante por Israel.
Por Carlos Loría
Un ingeniero de la ONU describió la
magnitud del desafío con una frase que resume la impotencia frente a la
devastación: “Siento como si estuviéramos sosteniendo una cuchara
intentando vaciar el mar”.
Ahmed Alyan, del Programa Mundial de Alimentos (PMA), pronunció
esas palabras tras pasar un día completo despejando un tramo de la calle
Beirut, en el barrio de Tel al-Hawa, en la ciudad de Gaza. Al final de la
jornada, el sudor le resbalaba por la frente y a su alrededor seguían
acumulándose montañas de escombros.
La calle Beirut fue una vía principal, llena de tiendas,
oficinas y viviendas. Hoy está prácticamente desierta. La bloquean piedras,
restos de comercios destruidos y una torre inclinada por daños en sus cimientos
de hormigón, donde todavía viven familias desplazadas. En algunos puntos, las
aguas residuales fluyen desde el suelo porque el sistema de drenaje quedó
destruido por los bombardeos.
La dimensión de una catástrofe sin precedentes
El Programa
de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estima que en la
Franja de Gaza hay 61 millones de toneladas de escombros. Jaco
Cilliers, representante especial del PNUD para Palestina, ofreció una
comparación que dimensiona el problema: . La ONU calcula que retirar la
mayor parte de esos restos llevará entre siete y diez años y
costará miles de millones de dólares, lo que convertiría esta operación en una
de las mayores de la historia moderna.
Las cifras de avance resultan desalentadoras. Tras más de dos
años de trabajo, se han retirado unas 907.000 toneladas de
escombros y más de 300.000 han sido recicladas y reutilizadas. Sin embargo, ese
volumen representa apenas el 1,5% del total. Los equipos han
logrado despejar 580 kilómetros de carreteras, lo que ha permitido
el paso de camiones de ayuda y el tránsito de residentes.
Trabajar entre cadáveres, bombas y amianto
La retirada de escombros se ejecuta en condiciones
extremadamente peligrosas. Bajo las ruinas hay innumerables cadáveres y
bombas sin explotar. El PNUD estima que entre 8.000 y 10.000
cuerpos podrían seguir enterrados. La presencia de restos humanos
convierte cada metro cúbico en un asunto de extrema sensibilidad.
“Los escombros en algunas zonas no representan solo escombros
para las personas; representa toda su vida y recuerdos”, explicó
Nehal Abu Hassan, ingeniera del PMA. “En algunos casos, puede haber cuerpos aún
bajo los escombros. Por eso eliminarlo es un tema muy delicado”.
A ese drama se suma la amenaza de los artefactos explosivos.
El Servicio de Acción contra Minas de la ONU (UNMAS) advierte
que entre el 5% y el 10% de las municiones disparadas en Gaza no
detonaron. Los equipos de desminado no pueden desactivar todos los objetos,
pero identifican y marcan las áreas peligrosas antes de que comiencen las
labores de despeje.
Los escombros también contienen amianto, un
material cancerígeno cuya inhalación puede provocar enfermedades graves años
después. Un informe publicado en The Lancet señala que en los
campamentos de refugiados de Gaza se utilizó amianto en techumbres y que la
cantidad de escombros contaminados asciende a unas 800.000 toneladas.
El reciclaje como única salida posible
Ante la prohibición israelí de introducir maquinaria pesada
—bajo el argumento de que podría tener “doble uso” y beneficiar a Hamás—, el
PNUD ha optado por reciclar y reutilizar los escombros. La
agencia gestiona cinco sitios de trituración donde los restos
se clasifican para eliminar metales y el hormigón se pulveriza hasta obtener
fragmentos del tamaño de una canica.
El material resultante se emplea para reparar
carreteras, rellenar baches y elevar el suelo bajo tiendas y refugios,
protegiéndolos de las aguas residuales. “Estas soluciones nos han sido impuestas
por la realidad en la que vivimos”, afirmó Abu Hassan. La maquinaria
disponible está gravemente desgastada y la escasez de repuestos y aceite de
motor provoca averías constantes. Dos de los siete trituradores fueron
reconstruidos por ingenieros locales a partir de modelos existentes.
Tomado de RED 21 / Uruguay. Foto: agencia de noticias palestina WAFA.