Los bombardeos contra embarcaciones
no han frenado el tráfico de cocaína. Informes de la DEA revelan que los
carteles modificaron sus rutas y mantienen el suministro, mientras mejoraban la
calidad de su producto final.
La estrategia militar desplegada por Donald
Trump para combatir el narcotráfico en América Latina enfrenta
cuestionamientos sobre su efectividad. A pesar de los bombardeos contra
embarcaciones y la creación del Escudo de las Américas, la cocaína
continúa llegando a Estados Unidos en grandes cantidades, con elevados niveles
de pureza y precios que no reflejan una reducción sostenida de la
oferta.
Una investigación publicada el 14 de
octubre de 2026 por The Wall Street Journal, basada en testimonios de funcionarios
antidrogas de cuatro continentes, revela que las organizaciones criminales
han desarrollado nuevas estrategias para eludir la ofensiva estadounidense.
Evaluaciones internas de la DEA, divulgadas por el citado medio, identificaron
la falta de efectos sostenidos sobre precio, disponibilidad y pureza.
El Escudo de las Américas que no funciona
El Escudo de las Américas fue
presentado en marzo de 2026 como coalición regional contra las organizaciones
criminales transnacionales. En setiembre, Trump reunió a representantes de 14
países adheridos durante la Asamblea General de la ONU. Los bombardeos, sin
embargo, comenzaron antes de la creación formal de la coalición, por lo que no
se deben atribuir todos sus resultados exclusivamente al Escudo.
La DEA observó que los ataques no
habían reducido de forma sostenida la disponibilidad ni alterado
significativamente los precios. Funcionarios del Pentágono informaron a
legisladores que las operaciones tampoco habían reducido la pureza.
La investigación de The Wall Street
Journal señala que autoridades de distintos continentes observan cocaína más
pura y barata que en décadas anteriores. No hay pruebas de que los
bombardeos hayan causado directamente ese aumento de pureza.
Más de 70 embarcaciones y decenas de
muertos: ¿No eran narcos?
Según cifras estadounidenses
recogidas por The Wall Street Journal, en trece meses fueron destruidas más de 70
embarcaciones y murieron cerca de 240 personas. Washington estima
pérdidas de 1.500 millones de dólares en cargamentos para las
organizaciones criminales. No obstante, esos resultados operativos no
demuestran una reducción sostenida del suministro. La letalidad de las
operaciones también ha provocado cuestionamientos jurídicos.
En Buenaventura, Colombia, las
autoridades detectaron compartimentos metálicos adheridos a cascos de buques
mercantes. Los traficantes también utilizan rutas fluviales amazónicas,
navegación cercana a las costas, embarcaciones mayores y vuelos clandestinos
hacia Guyana y Surinam. La presión en un corredor impulsa la
diversificación hacia otros.
Colombia en producción récord de
cocaína
Trump ha declarado que el tráfico de
drogas por mar se redujo 97% o 98%. FactCheck.org concluyó en junio de
2026 que los datos federales no respaldan ese cálculo. Los decomisos no
permiten conocer el volumen que ingresó sin detección. La Casa Blanca y el
Pentágono sostienen, por su parte, que los ataques imponen costos y dificultan
las operaciones criminales.
Colombia sigue concentrando, según
las estimaciones citadas por The Wall Street Journal, alrededor del 70% de
la producción mundial de cocaína. La producción elevada y la demanda
internacional sostienen un mercado capaz de absorber pérdidas de cargamentos y
financiar nuevas rutas.
John Walsh, de WOLA, y Kevin
Whitaker, exembajador estadounidense en Colombia, han señalado las limitaciones
de sustituir investigaciones judiciales, inteligencia y fortalecimiento
institucional por fuerza militar. La magnitud de los beneficios del narcotráfico
permite que las redes se reorganicen.
El desplazamiento de rutas puede
incrementar riesgos de lavado de activos, corrupción y violencia en corredores
amazónicos, puertos comerciales y trayectos hacia Europa.
Fuente: La Red 21 / Uruguay.
