Por Ciro Espitama / Opinión *
Han de decir mis numerosos críticos que me dejo seducir
apenas por palabras. Que lisonjeo y adulo al poder. Allá contemplo el
crepúsculo al otro lado del mar Adriático, en este exilio autoimpuesto. Y
pienso en el país de Venezuela, en sus desafíos y en sus humildes esperanzas.
Hay documentos que cambian la historia o que testimonian
grandes transformaciones. Muchas veces, o casi siempre, son poco apreciados al
momento de escribirse.
Pongamos por caso ese panfleto titulado _Manifiesto del Partido Comunista_. Su impacto inicial fue casi nulo. En la Europa sacudida por las revoluciones burguesas de 1848, el texto de Marx y Engels sólo fue apreciado por la ínfima *Liga de los Comunistas*. ¿Quién podía predecir que su contenido determinara, para bien y para mal (más para mal que para bien), el siglo XX planetario y que un tercio de la humanidad toda se dejara seducir por sus delirantes postulados?
Entre los venezolanos hay dos escritos (entre muchos otros)
cuyas trascendencia sólo pudo calibrarse años después de haberse redactado.
¿Quién estaba en capacidad de decir que la luego llamada _Carta de Jamaica_
rubricada por un Bolívar derrotado y apesadumbrado, con tentaciones suicidas
inclusive, exiliado en esa isla del Caribe, podría ser el anuncio de la gesta
emancipadora que poco después libertó a más de la mitad del continente
sudamericano? ¿Quién podía atreverse a afirmar en su momento que el _Plan de
Barranquilla_, que ni siquiera tuvo originalmente ese título, redactado por un
grupete de venezolanos exiliados que rumiaban su impotencia política, reunidos
en una frutería de esa ciudad colombiana, en tiempos en que aún la hegemonía
andina lucía imperturbable e invencible sobre la nación venezolana, iba a
determinar el origen de un movimiento democrático popular que, disidente del
comunismo, iba a determinar medio siglo de la historia patria: Acción
Democrática?
Sostengo sin temor a equivocarme que, de terminar siendo
exitoso (como parece ha de serlo) el intenso proceso de reformas políticas,
económicas y sociales que ella impulsa con coraje y aplomo, *el discurso de la
Presidenta Delcy Rodríguez ante la 81a Asamblea General de las Naciones Unidas
marcará un antes y un después en la historia de Venezuela del siglo XXI*. Por
su contenido doctrinario, por su visión estratégica de largo alcance, y por la
ruptura con prácticas recientes de la política venezolana, se trata de un
discurso de envergadura histórica. Veamos.
Cuando la Presidenta dice: “Durante demasiado tiempo *fuimos
un país dividido entre trincheras* donde el color de una bandera partidista
pesaba más que el apellido común que todos compartimos: venezolanos y
venezolanas”, está no sólo cuestionando el concepto mismo de *partido-Estado*
que tanto vulneró la convivencia democrática de los hijos de una misma patria,
sino que está postulando la que puede ser, luego de la que forjó la
independencia en el siglo XIX y luego de la que conquistó la democracia en el
siglo XX, *la tercera unidad nacional*, la del siglo XXI, la que nos dé
prosperidad material y desarrollo.
Lo mismo confirma cuando expresó: “Quiero que sobre los
escombros de la división levantemos los cimientos de *una república nueva*,
plural, espiritual y en paz consigo misma…”.
Cuando dijo: “Venezuela ha comenzado un proceso de
*transformación democrática* para su renacer, un proceso ordenado,
institucional y verificable”, está quemando las naves con nuestro pasado
reciente y anunciando una transición política que va de un régimen autoritario
a otro de democracia plena.
Y si alguna duda faltaba, refrendó este compromiso al
subrayar: “La historia nos ha enseñado que *algunas de las transiciones
democráticas más sólidas del mundo contemporáneo no nacieron de la ruptura sino
de la transformación conducida con firmeza desde las propias instituciones*”.
¿Alguna duda de que evocaba a la España que transitó del franquismo a la
democracia, o tal vez a la Sudáfrica del apartheid que mudó en otra inclusiva,
o acaso a los nueve comunismos de Europa oriental que pasaron de la mano de los
propios jerarcas comunistas del totalitarismo a la libertad?
Es frase afamada de Torcuato Fernández Miranda, a la sazón
presidente de las Cortes Españolas: “De la ley a la ley a través de la ley”, al
momento de redactar la *Ley 1/1977, de 4 de enero, para la Reforma Política*
que trastocó de raíz lo que a través de las *Leyes Fundamentales del Reino* y
los *Principios Fundamentales del Movimiento*, Franco pretendía dejar “atado y
bien atado” al momento de su muerte, dos años antes. Acaso parafraseando a
Fernández Miranda, proclamó la flamante Presidenta venezolana: “La legalidad
puede ser el camino hacia una legalidad mejor”.
Si a estos testimonios de compromiso con los cambios
políticos profundos que son necesarios se agrega *la mutación radical que se
está produciendo en el campo económico y social al iniciar el tránsito de un
aparato productivo precarizado a causa de un desenfrenado estatismo-populismo a
otro de economía social de mercado acompañada de un vigoroso Estado de
bienestar*, y, así mismo, *la recolocación geopolítica de Venezuela en el campo
de donde nunca debió haber salido*, entonces tenemos una transformación de
proporciones históricas que la posteridad ha de reconocer.
La Presidenta ha apelado al espíritu de lo mejor de la patria
cuando convocó a los migrantes a volver: “A los jóvenes les digo: *vale la pena
creer de nuevo*”. Anda poseída de la misión histórica que tiene por delante:
“La reconstrucción del *alma nacional* será nuestra prioridad”, afirmó con un
poderoso sentido de trascendencia.
Quien escrute estas palabras con la mano puesta en el
corazón, sin mezquindad, sin pequeñez de espíritu, pertenezca o haya
pertenecido o no a cualquiera de nuestros bandos confrontados durante décadas,
tiene que admitir la *estatura de estadista* sobre la que se empinó al
pronunciarlas la Presidenta Delcy Rodríguez. A Venezuela le hacía falta algo de
grandeza, pero con los pies en la tierra. Claro, el éxito final de este _nuevo
momento político_ no reposa exclusivamente en sus manos. Ojalá todos los venezolanos,
cada uno en su pequeña parcela, podamos asumir y cumplir la parte de la tarea
que nos corresponde.
*Las opiniones contenidas en este articulo son de la exclusiva responsabilidad del autor. Imagen de AFP.
