Cuenta Juan en su Evangelio:
"Y había un hombre de los fariseos que se llamaba
Nicodemo, un principal entre los judíos.
"Este vino a Jesús de noche y le dijo: Rabí, sabemos
que eres maestro que ha venido de Dios, porque nadie puede hacer estos milagros
que tú haces si no está Dios con él.
"Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te
digo que el que no naciere de nuevo no puede ver el reino de Dios.
"Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede el hombre nacer siendo
viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?
"Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo que el
que no naciere de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo
que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu
es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo".
Extraviados los hijos de la nación… zahiriéndonos unos a otros por largas décadas… quebrantando la hermandad política que debe ser base de toda república… desencuadernadas sus instituciones… devastadas las capacidades de la sociedad para hacerse próspera… envilecido el espíritu mismo de la nación por el odio y el fanatismo… socavadas sus bases por absurdos fundamentalismos ideológicos… a la tierra de nuestros padres, ésa que llamamos patria, sólo le queda ponerse de pie y echar a andar diciendo lo que Jesús: nos es necesario volver a nacer.
Son numerosos los escollos… han de ser
muchos los incrédulos… será un lastre la poca fe… hará daño el rencor de los
despechados… perturbará la mezquindad de los avariciosos… importunará la prisa
de los ambiciosos… incordiarán los yerros de los torpes… pero al final la
tarea será ultimada con éxito, ubérrimas nuestras riquezas como para no
serlo.
La libertad será reconstruida… la república será refundada… la democracia representativa abrirá
sus puertas a la participación sin dejar de serlo… atrás quedarán el insulto y
la anarquía… atrás quedará la imposición de los soberbios… atrás quedarán el
ardid y la celada de los tramposos.
Las fuerzas productivas han de
desatarse impetuosas… el mercado
multiplicará la riqueza que el Estado ha de compartir entre todos… fluirán la
electricidad y el agua… y seremos educados y seremos sanados.
Hemos de reconstruir nuestra
soberanía con sabiduría y sin desplantes…
convirtiendo la afrenta en oportunidad… transformando nuestra debilidad en
fortaleza… rehaciendo nuestra capacidad de ser soberanos —más allá de la
algazara y el alboroto de los estólidos— pues sólo es soberano quien es
capaz de serlo y no tanto quien lo proclama a voz en cuello.
Con Whitman cada uno de nosotros recitará
su poema postrero: Anuncio que las personas naturales se levantarán,
Proclamo que la justicia ha triunfado, Proclamo la libertad y la igualdad sin
concesiones, Anuncio la justificación de la franqueza y la justificación del
orgullo.
Ante cada dificultad… ante cada duda…
ante cada derrota… mirando en lontananza hemos de decirnos: Nos es necesario
volver a nacer.
Y cuando decaiga el ánimo… en cada
traspié… en cada jalón… en cada trecho de la ruta… con Vallejo hemos de
decirnos: Otro poco de calma, camarada, un mucho inmenso de calma chica, al
servicio menor de cada triunfo y en la audaz servidumbre del fracaso.
Porque esta Venezuela revuelta ha de renacer
de sus escombros… como de la sombra surge la luz… como del silencio surge la
palabra… como del odio surge el amor.
Ya oteamos a lo lejos la tierra
prometida que espolea nuestros corazones, que justifica nuestros sueños…
podemos acceder a ella si cumplimos la palabra: que renazca Venezuela y sea el
recinto de libertad y justicia, felicidad y prosperidad que merecemos.