Morris Katz, el ideólogo de la campaña de Mamdani,
tuvo un rol central en la elección que llevó a la izquierda alemana al triunfo
en la capital.
Por Julieta
Dussel y Julieta Dussel
Hace poco menos de un año, el joven socialista Zohran Mamdani
sorprendió al mundo al ser electo alcalde de Nueva York. Y con esa victoria
apareció una esperanza para el progresismo de Estados Unidos y de muchos
lugares del mundo. El triunfo de Mamdani, su carisma y su entusiasmo por
mejorar la vida de sus votantes permitían vislumbrar la posibilidad de
encontrar otra manera de conectar con los electores y cortar la ola de
ultraderecha que parecía imparable y venía extendiéndose por todo el planeta,
de la mano del big data, con el apoyo de los ultrarricos.
Pero también planteaba el interrogante sobre si era posible
replicar algo similar en otros lugares. Existía la duda sobre si otros
candidatos podían conectar con los electores como lo hizo Mamdani, o si se
trataba de un líder con un enorme carisma, imposible de emular.
Una primera respuesta apareció este último domingo cuando el partido Die Linke (literalmente “La izquierda”) ganó en las elecciones por la alcaldía de Berlín. Así, Elif Eralp, una abogada especialista en derechos de los trabajadores e hija de inmigrantes turcos, se impuso por el 25,7% de los votos. Por detrás quedaron la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU), el partido de Angela Merkel con el 18,8%, la ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD) con 16,3%, los Verdes con el 14,3% y el tradicional partido Socialdemócrata (SPD) que sólo obtuvo el 12%. Eralp aún no es alcaldesa, para eso necesita formar una coalición, pero todo apunta a que negociará con los Verdes y el SPD para formar gobierno. Si lo consigue sería la primera vez que un dirigente de Die Linke encabeza la alcaldía de Berlín desde la reunificación alemana, en 1990
¿Qué tienen en común este triunfo de Elif Eralp en Berlín con
el de Zohran Mamdani en Nueva York? Morris Katz, el estratega detrás de la
campaña de Mamdani, tuvo un rol central en la elección que llevó a la izquierda
alemana al triunfo.
Al igual que Mamdani, Katz pertenece a la élite cultural de
la costa este de Estados Unidos. Uno de los cuatro hijos de una familia judía
de Nueva York, su padre David Bar Katz es dramaturgo, y guionista de exitosas
series de televisión (Gigoló Americano, Ray Donovan). Su madre, Julie Merberg,
escribe y edita libros infantiles, y su padrino era el fallecido actor Philip
Seymour Hoffman.
Algunos lo han bautizado como “el Mozart de la comunicación
política”, quizás por su talento con tan sólo 27 años (hasta 2025 se agregaba
un par de años cuando tenía reuniones con clientes). Pero a pesar de su
juventud, tiene experiencia en el tema. Su primera experiencia fue en 2020, con
la campaña de Erica Smith al Senado. Con ella recorrió los 100 condados de
Carolina del Norte, en una gira que duró 100 días. Él mismo admitió que allí
empezó a valorar la importancia de encontrar una historia personal potente y
convertirla en el eje de la campaña.
Años más tarde Morris, se unió a la agencia Fight (Lucha),
que se dedica al asesoramiento de figuras políticas, la mayoría de ellas
incipientes y absolutamente todas, de izquierda.
Su primera reunión con Mamdani fue en 2024 en Kabab King, un
restaurante indio que era su base de operaciones en Queens, cuando el actual
alcalde era prácticamente un desconocido y tenía menos del 1% de intención de
voto. Según le contó Katz a la revista francesa Revue XXI, fue amor a primera
vista: “Era extraordinariamente inteligente, muy empático. Lo que me impactó
fue lo motivado que estaba por la idea de lo que Nueva York podría llegar a
ser. Pensé que si yo podía sentir eso en unos minutos, entonces toda la ciudad
también podría” .
Katz es sumamente frontal en sus opiniones. Para él su
enemigo es “el establishment” y aclara “en su conjunto”, lo que implica “luchar
contra los republicanos, pero también contra los demócratas cuando sea
necesario”. Para el consultor político, “la lucha contra la oligarquía no se
limita a Estados Unidos. La misma historia se repite en muchos lugares: las
grandes tecnológicas y la clase multimillonaria se han organizado
internacionalmente contra los trabajadores y la clase media. Por lo tanto,
nosotros debemos unirnos globalmente para contraatacar”.
Quizás por eso cruzó el charco y durante este año visitó
varias ciudades europeas. Tuvo reuniones en Bruselas invitado por la Alianza de
Izquierda Europea (una agrupación de partidos de izquierda de distintos países
de la Eurocámara), en Londres se entrevistó con una veintena de diputados y
comunicadores laboristas, y a partir de enero comenzó a colaborar activamente
como consultor externo en la campaña de Elif Eralp por la alcaldía de Berlín,
delineando la estrategia de la campaña, mientras que el día a día fue manejado
por la estructura del partido desde Alemania.
Pero entonces, ¿cuál es el método del joven Morris Katz? ¿En
qué consiste? Aunque no ha escrito un libro donde lo explicite, es posible
deducirlo a través de sus distintas intervenciones públicas:
-La disciplina del mensaje: Este es el pilar de su
estrategia. Elegir pocas propuestas de alto impacto y obligar a que cada
publicación, video o comunicado remita a ellas de forma obsesiva.
En las elecciones de Nueva York todo giró sobre el “costo de
vida”. Allí identificaron que muchas personas en la ciudad tenían dificultades
para llegar a fin de mes y poder pagar sus necesidades básicas (algo que nos
suena muy familiar a los argentinos). Entonces, el mensaje central de la
campaña se centró en el derecho de las personas a aspirar a una calidad de vida
digna, y eso se tradujo en 3 mensajes clave: Renta controlada, guarderías
gratuitas y colectivos gratis.
-Dejar “cocinar” al candidato (Let them cook)
Katz es extremadamente crítico del mundo de la consultoría
política, sobre todo de quienes asesoran al progresismo. Considera que (a pesar
de perder varias elecciones) muchos de ellos tienen su propio manual y tratan
de que los candidatos se acomoden a él, cuando según su razonamiento “cualquier
fan del deporte sabe que los mejores entrenadores son los que construyen el
equipo alrededor de su estrella”.
Está convencido de que si, en su lugar, otro consultor
político hubiera visto a Zohan Mamdani en 2024, lo primero que hubiera dicho es
“¿cuán rápido podemos correrlo al centro?”, o “Estos temas no miden bien en las
encuestas, descartémoslos”.
Pero su estrategia es la opuesta. Implica abandonar los
manuales rígidos y estandarizados de la consultoría tradicional, para permitir
que el candidato se muestre auténtico, fiel a su propia identidad, que hable en
su propio lenguaje sin filtros corporativos.
-La política no es persuasión, es entretenimiento y
cultura.
Está convencido de que “a nadie le gustan los anuncios
políticos”. La gente entra a las redes a pasarla bien, por lo que los spots
deben camuflarse en la cultura pop y no ser aburridos o interrumpir el clima
que la gente busca cuando entra a esas plataformas.
-Identificar y nombrar al “villano” claramente.
La campaña no puede limitarse a decir que las cosas están mal
de manera abstracta; para ser creíble ante la clase trabajadora, hay que
señalar a los responsables (las corporaciones, la clase multimillonaria, los
monopolios). Katz sostiene que “no se le puede decir a la gente que la están
perjudicando sin decirle quién fue el que la perjudicó. Si roban en tu casa, no
quieres que un político venga a decirte “qué lástima que te robaron”, quieres
saber qué va a hacer al respecto”.
-Hablarle a las mayorías.
La comunicación debe enfocarse en soluciones materiales que
mejoren la vida diaria de las personas (salud, escuelas, transporte) y no
enfrascarse en debates doctrinarios o identitarios. Katz quiere buscar votantes
desencantados de otras fuerzas políticas, incluidos antiguos votantes de
derecha.
-La pregunta: Otra de sus estrategias es tener una pregunta
que permita entrar en la conversación, algo sobre lo que todos tengan una
opinión. En las elecciones de Berlín fue “¿podes pagar el alquiler?”, en
Argentina podría ser “¿podés llegar a fin de mes?”.
Elif Eralp fue una muy buena alumna de la disciplina del
mensaje, y mientras el CDU y AfD se enredaron en el debate por el lenguaje
inclusivo, ella articuló su campaña sobre el aumento de los alquileres. Berlín
es una ciudad de inquilinos: 1,7 millones de hogares son habitados por
inquilinos y solo 300 mil por propietarios. Un problema muy concreto para la
mayoría de los berlineses, porque los alquileres aumentaron fuertemente en la
última década, pasando de 8,80 euros por metro cuadrado en 2015 a 15,78 euros
en 2025, una suba de casi el 80%.
En ese tema se centró la izquierda, con propuestas muy
concretas: entre ellas, hacer cumplir el resultado de un referéndum realizado
en 2021 en el que 59% de los votantes se pronunciaron a favor de transferir al
sector público las viviendas de grandes empresas inmobiliarias con más de 3000
unidades. La medida afectaría a más de 220 mil viviendas.
Otro aspecto en el que existen similitudes con la estrategia
de Mamdani fue el despliegue en el territorio. En los meses previos a las
elecciones, bajo el eslogan “Nunca solos, siempre juntos” Die Linke llevó la
campaña a los barrios y a las puertas de las casas. Organizó reuniones de
inquilinos y ofreció herramientas concretas para enfrentar los problemas
cotidianos, como asesoramiento a los vecinos, revisión de los contratos de
alquiler abusivos y un servicio para controlar las facturas de calefacción (que
aumentaron mucho en los últimos años). Así el discurso logró romper la
distancia con los votantes y estuvo acompañado por herramientas prácticas que
ayudaban a aliviar las dificultades del día a día.
Todo esto fue conseguido gracias a una importante
movilización feminista y juvenil, en la que más de 2000 voluntarios golpearon
140 mil puertas y consiguieron aumentar la participación, que escaló del 62,9%
al 74,2%. El esfuerzo dio sus frutos, Die Linke, un partido que en las
elecciones de 2023 había sacado el 12,2% de los votos, en estas consiguió
liderarlas con el 25,7%. Además, obtuvo el apoyo del 43% de los jóvenes entre
16 y 24 años, el 49% entre los de 25 y 34 años, y su mejor desempeño se dio entre
las mujeres menores de 30 años, donde consiguieron un 54% de los votos.
Esto probó que la izquierda puede ganar respaldo popular
cuando pone en el centro de la discusión el costo de vida y la crisis de los
alquileres. Allí se termina la brecha entre la clase trabajadora tradicional y
los jóvenes precarizados. Todos tienen los mismos problemas.
Frente al avance global de la derecha, el triunfo de la
izquierda en Berlín abre esperanzas para el progresismo. Parte de la
importancia de este triunfo reside en que fue la primera gran capital europea
en la que ganó una candidata que buscó expresamente el consejo de Morris Katz.
Eso cambia el peso de su influencia y permite pensar que otros candidatos de
izquierda (o progresistas) pueden triunfar en distintas latitudes aplicando su
método.
Pero tampoco hay que ser exitista. Aún no se ha probado que
esta estrategia funcione fuera de las grandes ciudades. En las áreas rurales,
la vivienda no es un tema tan central, hay mayor porcentaje de propietarios. En
esas zonas, los conflictos tienen más que ver con el desmantelamiento de los
servicios, la desindustrialización y la falta de futuro para los jóvenes.
Pero no se trata de copiar un manual, sino de adaptarse a las
circunstancias, rescatar la autenticidad y no perder el norte, en palabras de
Katz “para mantener este sistema, la extrema derecha está lanzando guerras
culturales como distracción. Por eso debemos ser disciplinados en los mensajes
que transmitimos. Esto es lo que permite que la gente nos escuche cuando
hablamos de poder adquisitivo o salarios, incluso cuando la extrema derecha
quiere hablar de todo menos de eso”.
Esta idea no es totalmente nueva en la consultoría política.
En 2004 el lingüista cognitivo George Lakoff publicó el libro “No pienses en un
elefante: Lenguaje y debate político”, donde explicó cómo los marcos
conceptuales (framing) moldean el razonamiento: la manera en que se presenta un
hecho puede modificar por completo su interpretación.
Un experimento de los psicólogos Paul Thibodeau y Lera
Boroditsky puso a prueba esa idea. A un grupo de personas se le dio la misma
información sobre el aumento de la delincuencia en una ciudad ficticia, pero
con una única diferencia: a unos se les habló del delito como una “bestia” que
acechaba la ciudad, y a otros como un “virus” que la infectaba. Ese pequeño
cambio bastó para diferenciar las soluciones que cada grupo consideró más
apropiadas: quienes leyeron la metáfora de la “bestia” prefirieron medidas
asociadas a castigos, capturas y vigilancia; quienes leyeron la del “virus”
prefirieron la prevención y las reformas sociales.
No se trata de que una palabra cambie mecánicamente una
opinión, sino de algo más sutil: la misma información puede activar maneras
distintas de interpretarla y así ciertas respuestas terminan pareciendo más
razonables que otras. El lenguaje no sólo describe el problema: también
organiza la manera en que lidiamos con él y las soluciones que creemos viables.
Un análisis de FrameLab, la consultora que fundó Lakoff,
concluyó que uno de los factores del éxito de Mamadani fue que evitó caer en el
marco de sus oponentes. No adoptó ni se defendió con el vocabulario que le
imponía la oposición, sino que reencuadró el debate y lo enfocó en su mensaje
(basado en necesidades materiales concretas): alquiler, transporte gratuito,
guardería para niños pequeños. Una vez más, lo que Katz denomina la disciplina
del mensaje.
Pero esto no se traduce en un manual que deban seguir todos
los candidatos. Para Katz, la clave está en la autenticidad y coherencia del
candidato, no en fabricar un personaje siguiendo un manual. Eso se vio
claramente en la manera original, disruptiva y libre de complejos en la que
Mamdani respondió a los ataques. Cuando lo criticaron por su juventud,
respondió con ironía en un video en el que anunciaba que para satisfacer los
reclamos “iba a cumplir años”. Cuando lo cuestionaron por su religión y
pretendieron arrastrarlo al clásico marco defensivo de “soy musulmán, pero no
soy terrorista”, Mamdani se negó a pedir disculpas, visibilizó la islamofobia y
reivindicó su identidad. Ahí está la autenticidad real de la que habla Katz,
una forma de hacer política que desarma los prejuicios con sinceridad, que
reivindica con orgullo quién es y en qué valores cree.
Aún no sabemos si ese método puede funcionar en nuestro país.
Pero después de Nueva York y Berlín, la pregunta ya no es si el progresismo
puede ganar hablando del bolsillo, sino si alguien se anima a intentarlo en
Argentina.
Tomado de Página 12 / Argentina. Imagen: AFP.