*Rogier van der Weyden* (1399 o 1400–1464) fue primero
conocido como Rogier de la Pasture. Nació en Tournai, una antigua ciudad
francesa rodeada de tierras flamencas. El haberse criado en este entorno
bilingüe (francés y neerlandés) le permitiría con el tiempo desenvolverse con
naturalidad entre la nobleza francesa, la corte de Borgoña y la burguesía
flamenca. Sus padres fueron: Henri de la Pasture y Agnes de Wattrélos, antiguos
vecinos de la ciudad. Allí, el padre de Roger era un próspero maître-coutelier (fabricante
de cuchillos), mientras que la madre Agnes ostentaba el trato de demoiselle, lo
que hace presumir una pertenencia a un estrato social distinguido, o a una
familia de alcurnia en la región. En todo caso, se trataba de una familia
acomodada, que le dio acceso al futuro pintor a una buena educación.
De la ciudad de Tournai, sépase que centro urbano con un importante papel histórico, económico y cultural en el Condado de Flandes, durante la Edad Media. En 1427, Rogier se casó con Elisabeth Goffaert, hija de un zapatero bruselense –de Bruselas–. Poco antes había ocurrido la muerte de su padre. Ya para octubre de 1435 la familia aparece asentada en la ciudad. No más al mudarse, Roger comenzó a usar la versión flamenca de su nombre: «Rogier van der Weyden». El 2 de mayo de 1436 fue nombrado «pintor de la ciudad de Bruselas», un puesto de prestigio, comoquiera que la ciudad era para entonces la residencia principal de la rica corte de los duques de Borgoña. En Bruselas residió hasta su muerte en 1464, sin otra salida que un viaje a Roma en 1450, con motivo del Año Santo proclamado por el papa Nicolás V.
Sus pinturas se exportaron a Italia y España, y recibió encargos, entre otros, del poderoso duque borgoñés Felipe el Bueno (1396-1467), la nobleza neerlandesa y aristócratas extranjeros. En la segunda mitad del siglo XV, ya había eclipsado al magnífico Jan van Eyck en cuanto a popularidad. Sin embargo, su fama fue corta, solo duró hasta el siglo XVII, debido, como suele ocurrir, a los cambios de gusto y estilos pictóricos, cayendo sin exagerar en el olvido a mediados del siglo XVIII. Su reputación, como la de otros grandes pintores flamencos, se ha venido reconstruyendo a poquitos en los últimos siglos. Hoy se le reconoce, junto con Robert Campin –su maestro en Tournai– y Jan van Eyck, como el tercero entre los más grandes artistas prerrenacentistas neerlandeses ―los »Primitivos Flamencos»"―; y a Van der Weyden, quien los sobrevivió, como el más influyente de ellos.
Van der Weyden trabajaba con modelos naturales, respetando
minuciosamente los detalles. Sin embargo, a menudo idealizaba ciertos elementos
de los rasgos faciales de sus modelos, especialmente en sus trípticos. Todas
sus formas están representadas con una rica y cálida coloración y una expresión
facial reconocida por su expresivo patetismo y naturalismo. Sus retratos suelen
ser de medio cuerpo y medio perfil, y en ellos se muestra tan naturalista como
en sus trípticos religiosos. Van der Weyden empleó una gama de colores
inusualmente amplia y tonos variados; en sus mejores obras, el mismo tono no se
repite en ninguna otra zona del cuadro, razón por lo que incluso los blancos
son matizados.
*_El descendimiento de la cruz_* [en neerlandés: *De
Kruisafneming*] es considerada la obra maestra de este pintor flamenco. Es un
óleo sobre tabla, pintado probablemente hacia 1435 o más allá. Mide 220 cm de
alto y 262 cm de ancho. Este cuadro es la sección central de un tríptico
pintado por el artista como un encargo de la guilda o gremio de los ballesteros
de Lovaina, para la capilla de Nuestra Señora Extramuros. El tema es religioso,
obviamente y típico de la pintura gótica: Cristo bajado de la cruz. Los
Evangelios hablan de ello: José de Arimatea pidió al prefecto Poncio Pilatos
que le dejara llevarse el cuerpo del Cristo para enterrarlo. A pesar de que el
Nuevo Testamento no lo describe con detalle, la pintura y el arte en general sí
lo han representado, una y otra vez, buscando siempre la mayor devoción y
efectismo. Se exhibe actualmente en el Museo del Prado de Madrid, España. Y es
requeteconocido solo como *_El descendimiento_*.
¿Qué agrega Van der Weyden al tema de esta obra? Se entiende
comúnmente que el sufrimiento de Jesús y su muerte en la cruz ―la crucifixión―
ha sido asumida,w teológicamente, como muerte en sacrificio expiatorio. Y es,
de lejos, un tema preferencial, tanto en la escultura como en la pintura, por
su gran fuerza simbólica para representar la victoria del Cristo sobre la
muerte, y el paso crucial hacia su resurrección. Es una escena bíblica a la que
nuestro pintor aporta, a la par que una minuciosa relación de los detalles, una
singular maestría en el manejo de cada uno de los cuerpos, en su perspectiva, y
sobre todo en la densidad emocional que provoca el doloroso hecho bíblico para
sus allegados. Todos están consternados y lloran. *Y Van der Weyden no solo logra
mostrar ese sufrimiento en poses y rostros, sino que consigue poner lágrimas
casi reales en sus ojos. Tal es su realismo*.
*Historiador.
En la imagen, detalle de la obra maestra El descendimiento de
la Cruz, muestra el rostro de la Virgen María, con lágrimas pintadas con un
realismo y una técnica excepcional.