Presentada en la cumbre más
grande de la Organización de Cooperación de Shanghái, la iniciativa china
plantea reformar el sistema internacional sin reemplazar a la ONU, en momentos
de fuerte tensión geopolítica global.
Por Carlos Loría
China puso sobre la mesa su
propia hoja de ruta para rediscutir cómo se gobierna el mundo. El 1 de
septiembre de 2025, en Tianjin, Xi Jinping presentó la Global Governance
Initiative (GGI) durante el encuentro «SCO Plus«, en el marco de la cumbre
más concurrida que haya tenido la Organización de Cooperación de Shanghái en
sus 24 años: asistieron líderes de más de veinte países y delegados de diez
organismos internacionales. El planteo, en pocas palabras, es que los Estados
empujen juntos hacia «un sistema de gobernanza global más justo y equitativo».
Con esta propuesta ya son cuatro las grandes iniciativas diplomáticas que lleva la firma de Xi. Antes vinieron la de Desarrollo Global, la de Seguridad Global y la de Civilización Global. Desde la cancillería china explican que cada una apunta a un terreno distinto —desarrollo, seguridad, civilización y ahora gobernanza— y que pueden convivir sin pisarse. La idea de fondo, según Beijing, es aportar algo de «estabilidad y certeza» en un mundo que describe como sacudido por cambios profundos.
El anuncio se acopló al 80º
aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial y al de la fundación de
las Naciones Unidas, dos efemérides que le sirvieron a China para encuadrar su
iniciativa como una defensa del orden multilateral de posguerra, y no como un
movimiento para reemplazarlo.
La GCI como alternativa a la ONU (sin
sustituirla)
Los fundamentos de la GGI están
detallados en un «concept paper» difundido por la cancillería, y son cinco.
Primero, la soberanía igualitaria: cada país, sin importar su tamaño, su
poder o su riqueza, debería tener margen para elegir su sistema político y su
modelo de desarrollo.
Segundo, un derecho
internacional aplicado con la misma vara para todos, sin dobles
estándares. Tercero, el multilateralismo como vía hacia la paz y el
desarrollo. Cuarto, un enfoque puesto en las personas. Y quinto, la insistencia
en «resultados reales«, es decir, resolver problemas concretos y no quedarse en
declaraciones.
Hay un punto donde el documento
oficial es tajante, quizás para adelantarse a las suspicacias: la reforma que
propone la GGI «no significa derribar el orden internacional existente ni crear
un marco paralelo fuera del sistema internacional actual«. Lo que se plantea,
dicen, es hacer funcionar mejor las instituciones que ya existen (en alusión a
la ONU), sobre todo pensando en las necesidades de los países en desarrollo.
Para argumentar por qué hace falta
una iniciativa así, el paper enumera tres problemas del sistema
vigente: el Sur Global sigue subrepresentado en los espacios donde se
toman las decisiones; la autoridad de la ONU viene erosionándose por medidas
unilaterales de algunas potencias; y las instituciones muestran poca capacidad
de respuesta frente a temas como el cambio climático, la brecha digital o la
regulación de la inteligencia artificial.
Entre los representantes de países
del Sur Global que estuvieron en Tianjin, la recepción fue buena. Varios
hablaron de una propuesta «oportuna» y de un aporte de «sabiduría china» para
pensar los problemas actuales. Del lado académico chino, Tian Dewen, del
Instituto de Gobernanza Global y Desarrollo de la Universidad Renmin, plantea
que la GGI apunta a discutir la idea de que toda potencia en ascenso termina
buscando la hegemonía; según él, China se presenta como «defensora,
constructora y reformadora» del orden actual, no como su reemplazo.
No todas las lecturas fueron
entusiastas
Especialistas en política exterior
china advierten que, aun con el respaldo declarado al sistema de Naciones
Unidas, el modelo que propone la GGI —basado en principios amplios y sin
carácter vinculante— tiende más a acuerdos de mínima que a compromisos
institucionales fuertes, sobre todo porque los intereses nacionales chocan en
asuntos como la IA o el clima.
Desde think tanks occidentales, la
crítica es más frontal, obviamente, ocnubilados por el velo del fantasma
del comunismo. Algunos analistas sostienen que, detrás del lenguaje de la
equidad, lo que la GGI busca es filtrar dentro del sistema internacional
principios de gobernanza más cercanos al modelo político chino, en un momento
en que Beijing y Washington disputan quién marca las reglas.
En su discurso, Xi también pidió
«oponerse inequívocamente al hegemonismo y la política de poder», y llamó a los
miembros de la OCS a empujar un mundo multipolar y una democratización más real
de las relaciones internacionales. Con la GGI, China suma un capítulo más a una
serie de movimientos diplomáticos con los que apuesta a instalarse como actor
central en la definición de las reglas del siglo XXI, en plena pulseada por el
diseño del orden global.
Tomado de La Red 21 / Uruguay.
