Por Víctor Baptista*
Viendo la serie HOMELAND en Netflix,
estrenada para la TV norteamericana en 2011 con 8 temporadas, donde se mezclan
drama, espionaje paranoia, en conflictos globales guerras, atentados y ese
submundo de lealtades y traiciones, que han girado y sigue girando en la
política norteamericana, e internacional. Puedo observar cuanto de ello hay en
la política venezolana.
Desde la llegada del chavismo, donde
el militarismo la autocracia y la vocación totalitaria se han impuesto, los
partidos todos, oposición y gobierno, han sido marcados por el virus de la
intransigencia, del o estás conmigo o contra mí, de la imposición a rajatabla
por el todo o nada. Ello ha configurado un cuadro igual al comportamiento de
los servicios de inteligencia para marcar, espiar, vilipendiar, y destruir al
que piensa distinto, para lo cual se sirven de las redes sociales.
En el gobierno hasta el 03 de enero mantenían cierta coherencia interna que ya no existe, ahora el fuego cruzado lo exponen públicamente, sin anestesia. Delsystas, Cabellistas, Maduristas, y algunos Chávecistas han decidido entrar en batalla, en su peor momento político y social.
En la oposición son varios los años,
donde la destrucción es el pan nuestro de cada día, los bot están a la orden
para el vilipendio, el agavillamiento entre los autócratas de linaje contra quienes
piensen distinto.
El HOMELAND está presente
irremediablemente y pareciera no terminar. Hay un proceso que puede ayudar a
impulsar la transición, falta mucho, pero para que esa vía pueda tener éxito se
requiere dejar el HOMELAND, recuperar sindéresis, tender puentes y no
derribarlos para que, en medio de las diferencias, podamos acordarnos y así
hacer posible la transición que pueda culminar con las elecciones y poner en
práctica los cambios políticos económicos y sociales que los venezolanos
queremos.
Todo depende de que podamos convivir
con tolerancia y tener claro que primero debe estar Venezuela.
*Dirigente político en el estado Aragua.
