Por Carlos Torrealba Rangel* / Opinión
Cada vez estoy más convencido de que
las elecciones presidenciales en Venezuela deben realizarse, a más tardar, en
el segundo semestre de 2027, y que la ruta junto con sus pasos institucionales
deben definirse de forma clara y precisa este mismo año.
Venezuela necesita con urgencia un gobierno legítimo y soberano que no solo recupere la democracia y la institucionalidad, sino que defienda con firmeza la soberanía nacional. Hoy más que nunca, ante acuerdos como el recientemente firmado con Estados Unidos -que entrega el control de gran parte de nuestras reservas estratégicas de crudo-, se hace evidente la necesidad de un liderazgo que actúe bajo el interés de los venezolanos y no bajo el tutelaje o la conveniencia de potencias externas. Venezuela es y debe seguir siendo un país libre, independiente y dueño de su propio destino económico y energético.
Por ello, el nuevo gobierno que
emerja de las urnas debe asumir un compromiso de vida con la democracia y la
soberanía. La era del chavismo, que facilitó la entrega de recursos bajo
dinámicas de debilidad institucional, debe quedar definitivamente atrás. La
relación con Estados Unidos debe ser la relación de dos Estados soberanos, no
de vasallaje. El deber de la sociedad será aprender la dura lección del
rentismo, el populismo, el autoritarismo y la destrucción sistemática de la
economía y del tejido social.
Es momento de que Venezuela ingrese
de lleno al siglo XXI. Debemos convertirnos en una sociedad verdaderamente
democrática, con una economía moderna, diversificada y de progreso, donde la
riqueza petrolera sirva al bienestar de todos sus ciudadanos y no como moneda
de cambio geopolítica.
*Economista.
