El calor favorece la propagación de
estos parásitos, que pueden dejar huevos en distintos rincones de la vivienda y
hacer que la infestación reaparezca, aunque ya no se vean pulgas sobre el
animal
Por Antonio Baena
Encontrar una pulga sobre el perro
puede ser solo la parte visible de un problema mucho mayor. Durante el verano,
las altas temperaturas y una mayor actividad de las mascotas favorecen la
propagación de estos parásitos, que no permanecen únicamente sobre el animal.
Una parte importante de su ciclo de vida se desarrolla en el entorno doméstico,
donde pueden quedar huevos y otras formas inmaduras, que esperan a completar su
desarrollo.
Por eso, matar las pulgas que se ven
en el perro no siempre acaba con la infestación. Los huevos pueden caer de su
pelaje y terminar en lugares tan habituales como su cama, las alfombras, los
sofás, las mantas o las grietas del suelo. De hecho, los huevos pueden
representar aproximadamente el 50% de una infestación, lo que explica que el
problema pueda reaparecer días o semanas después de haber eliminado las
pulgas.
Los huevos pueden representar alrededor de la mitad de una infestación y esconderse en camas, alfombras, sofás y otros lugares frecuentados por el perro
En este sentido, una de las
principales señales que pueden alertar de la presencia de pulgas es la
denominada “suciedad de pulga”. Se trata de pequeñas partículas negras o
rojizas que corresponden a las heces de estos parásitos. Para comprobarlo, se
puede peinar al animal y colocar los restos recogidos sobre un papel blanco. Si
al añadir unas gotas de agua aparece un halo rojizo alrededor de las
partículas, puede ser indicativo de que existen pulgas activas.
Sin embargo, no es una tarea sencilla
y la dificultad aumenta porque los huevos son diminutos y prácticamente
imposibles de localizar a simple vista. Una pulga adulta puede poner cientos de
huevos a lo largo de su vida, que después se dispersan por las zonas
frecuentadas por el perro. De esta forma, aunque el animal deje de mostrar
parásitos visibles, el hogar puede tenerlos en sus diferentes fases del ciclo y
convertirse en el origen de una nueva infestación.
Acabar con las pulgas exige actuar al
mismo tiempo sobre el animal y sobre el entorno para impedir que el ciclo
vuelva a comenzar
Asimismo, el primer frente de
actuación debe ser el propio perro. Antes de centrarse exclusivamente en
limpiar la vivienda, es importante asegurarse de que la mascota cuenta con una
protección antiparasitaria adecuada. Existen diferentes formatos, como pipetas,
espráis o collares, y la elección depende de factores como las características
del animal y las recomendaciones del veterinario.
No obstante, tratar solo al perro no
basta. Para cortar realmente el ciclo, hay que prestar atención a todos los
lugares donde duerme, juega o pasa buena parte del día. Camas, mantas, cojines
y juguetes deben lavarse siguiendo las indicaciones de cada tejido y utilizando
la temperatura más alta que sea posible. También conviene prestar especial
atención a alfombras, sofás y rincones donde puedan haberse acumulado huevos o
larvas.
Por otro lado, es importante tener en
cuenta que una plaga tampoco desaparece necesariamente después de una primera
limpieza. Los distintos estados del parásito pueden desarrollarse a ritmos
diferentes y hacer que continúen apareciendo pulgas adultas durante
semanas.
Aquí es donde entra en juego una
segunda estrategia, actuar contra las fases inmaduras. Los reguladores del
crecimiento de los insectos, conocidos como IGR, dificultan que los huevos y
las larvas completen su desarrollo. Algunas soluciones antiparasitarias
combinan estas sustancias con compuestos destinados a eliminar las pulgas
adultas, con el objetivo de intervenir en diferentes etapas del ciclo.
Aun así, la prevención resulta
especialmente importante para evitar que el problema vuelva a empezar. Mantener
al perro protegido durante los periodos de mayor riesgo, lavar con frecuencia
sus elementos textiles y revisar las zonas donde suele descansar permite
reducir las posibilidades de que los huevos y larvas encuentren las condiciones
necesarias para completar su ciclo.
Por lo tanto, eliminar una plaga de
pulgas exige mirar más allá del animal. Detectar las señales, tratar al perro,
limpiar a fondo la vivienda y mantener las medidas antiparasitarias durante el
tiempo necesario son pasos complementarios. Si solo se eliminan las pulgas
adultas visibles, los huevos y las formas inmaduras que permanecen escondidos
pueden hacer que el problema reaparezca cuando parecía ya resuelto.
Fuente: La Vanguardia / España.