Dr. Manuel Fariñas / Opinión
Venezuela hoy, sábado 1 de agosto de 2026, amanece con la puesta en escena de una iniciativa política que podría marcar un punto de inflexión: representantes de la Asamblea Nacional de 2015, encabezados por Dinorah Figuera, y la Asamblea Nacional vigente, conducida por Jorge Rodríguez, se sentarán en una mesa de trabajo para “implementar una hoja de ruta hacia la reinstitucionalización del país”.
El proceso cuenta con acompañamiento diplomático de Estados Unidos, al estilo de una negociación política que despierta expectativas, sospechas y una pregunta central: ¿cómo se mide si esto avanza o si solo es otra foto para la historia?
La experiencia iberoamericana demuestra que las transiciones exitosas no se construyen con discursos, sino con mecanismos verificables. España, Chile, Colombia, Guatemala y El Salvador lo aprendieron a golpe de crisis: sin transparencia, sin actas claras y sin metas medibles, las mesas se convierten en rituales vacíos.
Por eso, desde la sociedad civil venezolana (dentro y fuera del país) urge establecer un formato exigible, un instrumento ciudadano que permita evaluar cada semana si la mesa está cumpliendo su propósito o si se está desviando hacia la opacidad.
Cheque en blanco, la trampa de la “foto política”. En Venezuela ya conocemos el libreto:
1º) Se anuncia una mesa. 2º) Se publican imágenes de los delegados. 3º) Se habla de “avances”, “ambiente positivo”, “espíritu constructivo”. 4º) Y luego… nada verificable.
La reinstitucionalización no puede depender de percepciones. Debe depender de datos, actas, acuerdos, plazos y responsables. La experiencia iberoamericana lo confirma. Los Pactos de la Moncloa en España, la salida pactada en Chile tras el plebiscito, y los acuerdos de paz en Colombia y Centroamérica tuvieron algo en común: Cada sesión producía documentos verificables. Sin eso, no habría transición, solo narrativa.
Un formato exigible, si no se llena, si no se rinde cuentas, el acuerdo no existe. Para evitar que esta mesa venezolana se convierta en un ejercicio cosmético, debe haber un Informe Semanal de Avances, una plantilla estable que la sociedad civil podría exigir que se publique. Tal como una herramienta de control democrático.
PLANTILLA MODELO: INFORME SEMANAL DE LA MESA DE
REINSTITUCIONALIZACIÓN
(Si la mesa no responde a puntos como estos, es porque no hubo avance real)
1. Identificación de la sesión: Fecha, lugar, delegados
presentes, tema central.
2. Objetivo específico: Debe ser concreto y
verificable.
3. Acuerdos alcanzados. Cada acuerdo debe incluir: a.-
Descripción, b.- Responsables, c.- Plazo, d.- Indicadores verificables, e.- Mecanismo
de seguimiento.
4. Puntos sin acuerdo: Debe incluir posiciones de
ambas partes y razones del desacuerdo.
5. Medidas de confianza: Garantías, no escalamiento,
medidas humanitarias, victimas.
6. Avances institucionales: CNE, TSJ, Poder Ciudadano,
Poder Legislativo, Poder Ejecutivo.
7. Avances socioeconómicos: Medidas de emergencia,
servicios, salarios, pensiones.
8. Verdad, justicia y reparación: Libertad plena de
presos políticos, comisión de DDHH.
9. Acta técnica: Documentos presentados, propuestas
aceptadas/rechazadas, tareas.
10. Comunicación pública conjunta: Debe ser un
comunicado único, verificable.
11. Semáforo para la sociedad civil: 🟢 avance real, 🟡 avance parcial, 🔴
estancamiento
12. Próxima sesión: Fecha, tema, objetivo verificable, documentos requeridos.
Checklist final: un detector de humo democrático: ¿Hubo acuerdos con plazos?, ¿Se identificaron responsables?, ¿Se publicaron indicadores verificables?, ¿Se explicó qué no se acordó?, ¿Hubo avances en confianza?, ¿Hubo avances institucionales?, ¿Hubo avances sociales?, ¿Hubo comunicado conjunto?, ¿Se definió la agenda siguiente?
Medición: Hubo tres vacíos = avance débil, Se dieron cinco vacíos = mesa estancada, siete vacíos = la mesa está rota, aunque no lo digan.
Por qué un formato así es importante: Porque Venezuela sigue necesitando más que negociaciones. La sociedad civil necesita verificación, seguimiento, memoria documental y responsabilidad pública.
La reinstitucionalización no será producto de la buena voluntad de los actores políticos, sino de la presión organizada de la sociedad civil, dentro y fuera del país. Este modelo de formato pretende convertirse en un instrumento para que el país deje de ser espectador y se convierta en auditor democrático.
Conclusión: la mesa comienza su tarea hoy, pero la evaluación empieza hoy y es continua.
La historia iberoamericana nos enseña que las transiciones se construyen con acuerdos, pero se sostienen con la vigilancia de la sociedad civil. Esta mesa de trabajo puede ser un punto de partida, pero solo será un punto de quiebre si cada semana produce resultados verificables.
Este artículo es una invitación a que la sociedad civil venezolana, adopte algún formato como herramienta de control democrático. Porque si la mesa no rinde cuentas claras, no estaría reinstitucionalizando nada.
