El contrasentido en el cual
navega el presidente de la máxima entidad del fútbol.
Gianni Infantino no orina agua
bendita en materia política. Tampoco los cinco presidentes que tuvo la FIFA en
los últimos 65 años: Stanley Rous, Joao Havelange, Joseph Blatter, el
efímero Issa Hayatou y el suizo-italiano-libanés hasta hoy. La última
nacionalidad se la debe a su esposa y la obtuvo en febrero de 2026.
Su alto perfil combina al tono con
Donald Trump, los monarcas árabes del Golfo, el histriónico mandatario
colombiano Abelardo de la Espriella – estuvo en su reciente toma de
posesión – y hasta con Mauricio Macri, al que le dio el manejo de la fundación
FIFA. Infantino prefiere a cualquiera que orbite entre la derecha y el
neofascismo. Le garantizan los mejores negocios para la corporación que encabeza.
Ni él ni la federación que lidera
pueden cuestionar a dirigentes, entrenadores, futbolistas o hinchas por “hacer
política”. Es un contrasentido. La sanción que le aplicaron a la
AFA porque los jugadores de la Selección mostraron la bandera de
Malvinas se consideró “una manifestación no deportiva”. Por lo tanto punible.
Había un antecedente semejante. El 7 de junio de 2014, Argentina le ganó a Eslovenia 2-0 en un amistoso previo al Mundial de Brasil y los jugadores posaron detrás de una bandera con la misma inscripción que frente a Inglaterra en Atlanta, la noche del 15 de julio: “Las Malvinas son argentinas”. La AFA recibió una multa aquella vez de 30 mil francos suizos. Ahora fue de 10 mil dólares.
Si un seleccionado nacional se
embandera con una reivindicación histórica, sentida, basada en derechos
legítimos sobre territorio argentino, bienvenida sea la política. Aún
con un estadio de fútbol como escenario.
La FIFA no tiene legitimidad, basada
en su presunta legalidad, para silenciar o castigar a jugadores por festejar
una victoria mostrando un “trapo” pintado por pibes de Fuerte Apache, como
contó Thiago Almada. Su reputación política es muy turbia. Con una agravante.
Representa a 211 federaciones o países, 18 más que las Naciones Unidas.
Ejercer la libre expresión de una
idea es un derecho humano. Un derecho que en la historia del siglo XX y lo que
va del XXI, la FIFA amordazó o ignoró en cuantiosas oportunidades. Omitió el
terrorismo de Estado en varias Copas del Mundo. En la Italia de
Mussolini en 1934, en la Argentina de 1978 durante la dictadura cívico
militar de Videla, Massera y Martínez de Hoz y por qué no, en los Estados
Unidos de 2026 donde se producen asesinatos, deportaciones y ataques xenófobos
a inmigrantes practicados por el ICE. Es la nación con la mayor población
carcelaria del mundo y que en política exterior, ha estado en guerra
durante casi toda su historia independiente de dos siglos y medio.
Un dato final. Infantino condecoró
con el premio de la Paz FIFA a Trump, un criminal de guerra, promotor
del primer intento de golpe de Estado en su país en 2021 y condenado
por 34 delitos graves en EE.UU.
Tomado de Página 12 / Imagen: AFP.
Getty Images vía AFP.
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