Por Gonzalo Oviedo* / Opinión
El dolor que embarga los corazones de
decenas de miles de familias venezolanas es muy grande por la sensibles e
irreparables pérdidas de muchos de sus seres queridos a causa de los terremotos
que sacudieron a nuestra nación el pasado 24 de junio.
Nuestra patria está golpeada, hoy
la abate la gigantesca dimensión de esta tragedia y, entre otras muchas cosas,
nos golpea que los deudos – amigos y familiares - no puedan, en muchos casos, despedir
a sus seres queridos con dignidad.
Sobre todo para los creyentes, es primordial tener una cristiana sepultura como la tuvo nuestro Señor Jesús cuando fue crucificado en la cruz y su cuerpo fue pedido a Poncio Pilatos, la autoridad de ese tiempo, por un hombre rico, José de Arimatea, quien lo llevó, envuelto en un lienzo limpio a la tumba, dónde se le dio cristiana sepultura.
Para quien escribe estas líneas, es
triste ver a mis hermanos, llenos de dolor, buscando a sus familiares entre los
escombros, escarbando con las uñas, con el corazón roto, abrazados a un rayo de
esperanza para conseguir a los seres que aman con vida, pero al conseguirlos ya
fallecidos y no poder despedirlos con dignidad porque trasladan los cuerpos a
un crematorio sin que sus familiares puedan verlos por última vez, la tragedia
se hace aún mayor.
*Dirigente político de Mariara (Carabobo).
