Un documental
sobre el expresidente brasileño ha destrozado las esperanzas presidenciales de
su hijo, Flávio Bolsonaro, después de que se filtrara que negoció la
financiación de la película con un banquero caído en desgracia.
Por Adam B. Ellick
Brasil está
viviendo una edad de oro del cine. En los últimos dos años, el país ha
producido dos películas que llegaron a los Óscar, Aún estoy aquí y El
agente secreto, que abordan la sombría época de la dictadura militar.
Pero ahora
un thriller cinematográfico de otro tipo ha acaparado la
atención de la nación: Dark Horse, un retrato heroico del ascenso
al poder del expresidente Jair Bolsonaro, que no menciona su condena por haber
tramado un golpe de Estado hasta los créditos finales.
Aunque la película aún no tiene fecha de estreno, ya ha acaparado toda la atención, hasta el punto de formar parte de las investigaciones que han echado por tierra las aspiraciones presidenciales de uno de los hijos de Bolsonaro.
Esta película
biográfica es inusual en varios aspectos: la ha producido un productor
ejecutivo que nunca antes había hecho una película, se ha rodado en inglés en
un país donde relativamente pocos hablan ese idioma, no hay una fecha concreta
para su estreno en cines y, según se informa, su costo la convertiría en la
película más cara producida en Brasil.
La
financiación de la película se ha convertido en una obsesión nacional después
de que, en mayo, un sitio web de noticias brasileño empezara a publicar
grabaciones de audio y mensajes de texto filtrados en los que el hijo de
Bolsonaro, Flávio Bolsonaro, buscaba financiación de un banquero caído en
desgracia que se encuentra en el centro de un escándalo bancario de miles de
millones de dólares.
Flávio
Bolsonaro, que es senador, tiene pensado enfrentarse al presidente de izquierda
de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, en las elecciones de octubre e intentar
dar un giro a la derecha al país más grande de Latinoamérica.
A su padre lo
condenaron a 27 años de cárcel por intentar anular su derrota electoral hace
cuatro años. (Por motivos de salud, está cumpliendo la condena bajo arresto
domiciliario).
El banquero
caído en desgracia, Daniel Vorcaro, era el director de un importante banco
brasileño llamado Banco Master y está encarcelado como parte de una amplia
investigación por fraude financiero que ha salpicado a gran parte de la élite
política del país.
El banco
acabó quebrando, lo que supuso la pérdida de millardos de dólares en
inversiones de pensiones públicas y en un fondo que asegura depósitos
financieros —el equivalente brasileño de la Corporación Federal de Seguro de
Depósitos de Estados Unidos—, dijeron las autoridades. Vorcaro ha negado haber
cometido delito alguno.
Horas antes
de que el sitio web de noticias The Intercept Brasil publicara las grabaciones
de audio y los mensajes de texto filtrados, el medio le preguntó a Flávio
Bolsonaro sobre sus vínculos con Vorcaro. Bolsonaro negó tener relación alguna con el banquero.
Pero en un
video publicado en X poco después de que saliera el reportaje de The Intercept,
Bolsonaro, que no ha negado la autenticidad de las grabaciones ni de los
mensajes de texto, defendió sus conversaciones con Vorcaro.
“Lo que pasó
fue que un hijo buscaba financiación privada para una película privada sobre la
historia de su propio padre”, dijo en el video.
Un vocero de
Flávio Bolsonaro se negó a hacer comentarios y remitió las preguntas al equipo
de la película.
La
publicación de una serie de filtraciones por parte de The Intercept
relacionadas con Vorcaro y el Banco Master ha obligado a Bolsonaro y a otros
políticos que aparecen en el material a defenderse, y en ocasiones han hecho
declaraciones aparentemente contradictorias, lo que ha intensificado la
atención pública.
Fernando
Meirelles, un aclamado cineasta brasileño que dirigió otra película nominada al
Óscar, Ciudad de Dios, ha seguido de cerca cómo se desarrollaba el
escándalo y dijo que lo que más le llamó la atención fueron las afirmaciones
contradictorias.
“Cuando era
joven, que te atraparan mintiendo en público era algo muy grave”, dijo. “Mentir
se ha vuelto algo extrañamente tolerado, casi se ha rebautizado como estrategia
o actuación”.
La Policía
Federal anunció este mes que se estaban llevando a cabo investigaciones
enfocadas en la financiación de la película Dark Horse y en si
se habían cometido delitos financieros.
Desde que
estalló el escándalo en torno a la película, Bolsonaro se ha quedado muy por
detrás de Lula en las encuestas presidenciales, después de que ambos estuvieran
prácticamente a la par.
Felipe Nunes,
director de Quaest, una de las principales empresas brasileñas de sondeos, dijo
que la credibilidad de Bolsonaro se ha visto mermada entre los votantes que lo
veían como alguien más moderado y digno de confianza que su padre.
“Se sintieron
traicionados por él después de que dijera públicamente que no tenía nada que
ver con la película”, dijo Nunes. “Eso generó desconfianza”.
Cuando buscó
el apoyo financiero del banquero, Flávio Bolsonaro, según los mensajes de
WhatsApp publicados por The Intercept, parecía querer asegurarse de que Jim
Caviezel, el actor que interpretaba a su padre, y Cyrus Nowratesh, el director,
recibieran una remuneración adecuada.
“Ni se te
ocurra pensar que no vamos a pagarle a Jim Caviezel, Cyrus”, le escribió a
Vorcaro en un mensaje. “Son figuras de renombre en el cine estadounidense y
mundial”.
Según las
grabaciones de audio, los mensajes de texto y los documentos publicados por The
Intercept, Bolsonaro supuestamente negoció un compromiso de unos 24 millones de
dólares por parte de Vorcaro para la producción de la película. Eso superaría
con creces los 5 millones de dólares que costó El agente secreto,
que, hasta ahora, es la película más cara que se ha producido en Brasil.
La productora
ejecutiva de la película, Karina Ferreira da Gama, declaró
a los medios brasileños que la película no había recibido
ningún dinero de Vorcaro, pero días
después, tras más filtraciones de The Intercept Brasil, explicó
que Vorcaro había aportado 11 millones de dólares para la película.
The Intercept
también publicó extractos bancarios que mostraban millones de dólares enviados
por aliados de Vorcaro a un fondo de Texas controlado por un abogado de Eduardo
Bolsonaro, hermano de Flávio Bolsonaro, para ayudar a financiar la
película Dark Horse.
Bolsonaro
había dicho antes que no tenía ningún papel de gestión en la película. Pero
después de que un contrato publicado por The Intercept mencionara a
Eduardo Bolsonaro como productor ejecutivo con autoridad sobre la gestión
financiera de la película, este dijo que había fungido como productor ejecutivo
para conseguir la financiación inicial, pero que había dejado ese cargo.
Eduardo
Bolsonaro, que vive en Texas desde el año pasado, presionó sin éxito al
gobierno de Donald Trump para que, mediante aranceles y sanciones, obligara al
gobierno de Lula a retirar los cargos contra Jair Bolsonaro. Un tribunal
brasileño lo declaró culpable y lo condenó a prisión el año pasado por
solicitar la injerencia de Estados Unidos en el juicio de su padre.
Eduardo
Bolsonaro dijo que las acusaciones sobre la financiación de la película eran
“un intento de difamación”, y añadió que invertir en una película “no es un
delito”.
Las
peculiaridades que rodean a la película van más allá del dinero.
Ferreira da
Gama no tiene ningún trabajo cinematográfico registrado en IMDb ni en la
agencia nacional de cine de Brasil. La agencia está investigando la producción,
ya que, según afirman, la película nunca se registró ante la agencia, tal y
como exigen sus normas, antes de que comenzara el rodaje en Brasil. La
productora no ha respondido a las preguntas de la agencia, dijo su personal.
Ferreira da
Gama no respondió a varias peticiones de comentarios.
Varios
miembros del equipo de filmación contaron a The New York Times que el
presupuesto de Dark Horse no se ajustaba a las ambiciones de
la película y que algunos trabajadores pagaron utilería y transporte de su
propio bolsillo. Hablaron bajo condición de anonimato porque, según dijeron,
habían firmado acuerdos de confidencialidad para trabajar en la película.
Algunos
brasileños se mostraron desconcertados por el hecho de que la película
estuviera en inglés, a pesar de haberse rodado casi íntegramente en Brasil,
donde solo un pequeño porcentaje de la población habla inglés. Caviezel
dijo en Instagram que la película se estrenaría en
septiembre, aunque la distribuidora dijo que el plan era estrenarla después de
las elecciones de octubre.
Meirelles, el
director, dijo que la saga en torno a Dark Horse sigue dando
tantos giros argumentales que parece que la realidad ha superado a la ficción.
“A veces la
realidad se vuelve tan absurda que solo el cine puede darle sentido”, dijo.
“Y, por
alguna razón, no podemos dejar de mirar”, añadió. “En portugués, decimos que
nos encanta ‘ver arder el circo’. Es temporada de schadenfreude en
Brasil”.
Leonardo
Coelho, Ju Faddul, Lis Moriconi y Ana
Ionova colaboraron con reportería.
Texto tomado
de The New York Times. Foto de Eric Lee/The New York Times.
