El 'Mundial de Trump' acaba con el presidente de EE.UU.
colándose en la foto de los campeones, ignorando a Infantino.
Javier Ansorena, corresponsal
en Nueva York de ABC.
Fue una decepción que Tom Cruise, que presentó a los dos
equipos de la final desde el terreno de juego, no saliera de allí abajo volando
o con un salto de motocicleta. Hasta en eso tuvo el protagonismo Donald
Trump, en el colofón de 'su' Mundial. El presidente de EE.UU. decidió asistir
por fin a uno de los 104 partidos celebrados durante el torneo más largo de la
historia y se paseó por encima del terreno de juego con su helicóptero, el
Marine One, cuando las gradas ya estaban llenas y la gente se preguntaba por
qué volaban esos cacharros.
Trump lo vio primero desde el aire, después desde el palco del estadio de Nueva York/Nueva Jersey, donde se jugó el partido diplomático de esta final. El lugar prioritario lo ocuparon los dos capos de este Mundial: Trump y Gianni Infantino, el presidente de la FIFA. Al lado del presidente de EE.UU., su mujer, Melania, que se olvidó de quitarse las gafas de aviadora tras bajar del helicóptero. A la derecha de ellos, los otros organizadores del Mundial: Mark Carney, primer ministro de Canadá; y Claudia Sheinbaum, presidenta de México, a quienes Trump les ha atizado sin descanso. Y a la izquierda, la representación española: el Rey Felipe VI y la Reina Letizia, el presidente Pedro Sánchez —del que hubo cánticos con insultos en el partido— y el presidente de la Federación, Rafael Louzán.
Allí en el palco no se sintió el caos en la entrada al
estadio, provocado por los controles de seguridad que acompañan al presidente
de EE.UU. Y tampoco se sintieron ni abucheos ni ovaciones al presidente de
EE.UU.: no se vio su rostro durante la interpretación del himno de EE.UU., como
ocurre muchas veces. Pero sí se le vio por Fox, la televisión que retransmite
el Mundial en EE.UU., y se decantó por Argentina: «No quiero tomar partido,
pero es muy difícil apostar contra Messi», dijo. Después le subieron la
Copa del Mundo y la toqueteó. No hay mayor gafe que ese.
Su presencia en la final fue el colofón del Mundial de Trump.
Un Mundial con el que él no contaba. Lo recibió con bastante frialdad en 2018,
cuando la FIFA eligió a EE.UU., Canadá y México. Nadie, ni siquiera él,
esperaba ser presidente en 2026, en un país donde los presidentes tienen un
límite de dos mandatos. Pero Trump perdió su reelección en 2020 y, en una
remontada política que ni Argentina en este Mundial, recuperó la Casa Blanca. Y
con ella, tres grandes premios: la celebración del 250 aniversario de la
fundación de EE.UU. —este pasado 4 de julio—, los Juegos Olímpicos de Los
Ángeles 2028 y, claro, el Mundial que acaba de concluir.
Las carantoñas, los topetazos en la espalda, las sonrisas
hacia Gianni Infantino en el palco durante la final fueron la muestra de la
relación que ha dominado este Mundial: un Infantino obsequioso hasta la náusea
hacia Trump, y un presidente de EE.UU. satisfecho con estar en el medio del
foco en el evento más popular del mundo.
Tan contento está el multimillonario neoyorquino con el
Mundial, que EE.UU. se plantea volver a pedir vez para ser el país organizador:
sería para el Mundial de 2038, después del que acogerán España, Marruecos y
Portugal en 2030 y del de Arabia Saudí, ya asignado para 2034.
«Pero dejamos fuera a Canadá y México», espetó Trump a
Infantino en un acto previo a la final, en referencia a los dos países
organizadores de este Mundial junto a EE.UU.
El protagonismo de Trump será una de las cosas que se
recordarán de este Mundial. Sin duda, por uno de sus episodios más oscuros: la
decisión de la FIFA de suspender la sanción de un partido a un jugador de
EE.UU. —su mejor delantero, Folarin Balogun— para que pudiera jugar el partido
de dieciseisavos. Ocurrió tras presiones directas de Trump a Balogun, que el
presidente de EE.UU. no negó. Al contrario, alardeó de ellas. Y, en el mismo
acto en el que mostró su interés por organizar otro Mundial, dijo en la cara de
Infantino que fue el presidente de la FIFA quien tomó la decisión.
El 'show' de Trump llegó cuando se cumplió el gafe y España
se alzó con la victoria. Bajó al césped acompañado de Infantino, en medio de un
abucheo sonoro en cuanto le vieron en las gradas. Con sonrisa de
circunstancias, caminó hasta el escenario de los trofeos, con el resto de
autoridades: Sheinbaum, Carney, el Rey Felipe VI y los presidentes de las
federaciones.
En la entrega de medallas, Borja Iglesias, que ya ha hablado
de su falta de sintonía con el presidente de EE.UU., le hizo un 'Carvajal'*. Le
dio la mano, sin mirarle a la cara. Mucho más amable fue Luis de la Fuente, que
recibió los halagos de Trump: «Fantástico, fantástico», se le vio decir.
Después, como en el Mundial de clubes del año pasado, en el
mismo escenario, Trump la lió. Como estaba previsto, entregó junto con
Infantino la copa al capitán, Rodri. Algunos españoles, como Yeremi Pino, se
divertían imitando el célebre baile del multimillonario neoyorquino.
Infantino trató de sacar a Trump de la tarima. Pero el
presidente de EE.UU. hizo un 'photobomb', una invasión de fotografía, en toda
regla. Trump pasó del presidente de la FIFA y no se movió. Se quedó al lado del
equipo español, mientras Rodri levantaba la Copa, en la foto más deseada cada
cuatro años.
Tomado de ABC / España. Imagen: Reuters.
* En España, la expresión "le hizo
un Carvajal " significa dar un saludo extremadamente frío y distante,
mostrando incomodidad al dar la mano, por lo general sin mirar a la cara a la
otra persona. (Nota de Entre Todos D.)