Como si fuera
la época colonial, el virrey de Venezuela se llama Marco Rubio.
‘The New York
Times’ explica cómo el secretario de Estado manda en Caracas en nombre del imperialismo
de Trump
Por Francesc Peirón*
El título de
virrey es el que recibían los gobernadores que administraban el imperio español
hasta que Venezuela y la mayoría de las otras provincias de ultramar se
rebelaron y obtuvieron la independencia a comienzos del siglo XIX.
Pero en el
siglo XXI, el titular del Departamento de Estado y jefe de la diplomacia de
Estados Unidos se encarga de supervisar y dar órdenes a la presidenta interina
y títere, Delcy Rodríguez, a pesar de que no ha puesto allí los pies en mucho
tiempo.
La que fuera
mano derecha de Nicolás Maduro hasta que fue secuestrado en su casa y
trasladado a Nueva York a principios de año, aceptó ser la testaferro del nuevo
imperialismo de Donald Trump, quien ha modificado el orden de las cosas y ahora
se refiere a Venezuela como el próximo estado 51 de EE.UU. en lugar de Canadá.
Esto no significa que haya cambiado sus propósitos expansionistas, sino que los ha ampliado, además de Groenlandia o el canal de Panamá.
Aquel 3 de
enero, horas después de la operación de caza de Maduro, hoy encarcelado en la
Gran Manzana a la espera de ser juzgado como presunto capo del narcoterrorismo,
Rodríguez mantuvo conversaciones en español con Rubio, originario de Cuba,
quién le dejó claro que o se sometía a la voluntad de la Casa Blanca o iba a
ser testigo de una ofensiva mucho más amplia contra la infraestructura de
Venezuela, sus bases militares y sus altos funcionarios, por supuesto, ella
incluida en esa represalia.
Al caer
Maduro, Rubio informó a la presidenta interina que o se sometía a Trump o
acabaría mal
Tras algunas
negociaciones, Rodríguez aceptó, según relató este domingo The New York
Times en un extenso reportaje con el que ilustra como Rubio es el
verdadero gestor de Trump en ese país caribeño.
Lo cierto es
que Rubio, que compite con el vicepresidente J.D. Vance como herederos para
liderar a los republicanos en el 2028, ya gobierna Venezuela desde la
distancia. En los últimos seis meses, ejerce un poder efectivo sobre una nación
soberana de una manera que ningún funcionario estadounidense había ejercido
desde que L. Paul Bremer III llegó a Bagdad en 2003 para administrar el Irak
ocupado por EE.UU.
Rubio
controla ahora, en la práctica, las finanzas de Venezuela, la distribución de
sus recursos naturales y su gobierno, siempre a partir del reportaje del Times.
Está profundamente involucrado en las operaciones cotidianas del ejecutivo.
Mantiene un contacto muy estrecho con Rodríguez, presidenta interina gracias a
EE.UU. Ambos intercambian mensajes en español por WhatsApp, donde comparten
rumores, felicitaciones de cumpleaños y selfis.
“Pese a ese
trato cordial, la relación entre Rubio y Rodríguez dista mucho de ser una
asociación entre iguales. Es una manifestación del poder estadounidense en la
era Trump, en la que el vencedor se queda con todo, sin importar la soberanía
ni el derecho internacional”, remarcó el Times en su artículo.
El control
directo sobre los ingresos públicos de Venezuela, en particular, distingue la
influencia que Washington ejerce allí de la que mantiene en la mayoría de los
demás países supeditados a su poder militar y financiero.
El
Departamento del Tesoro recibe los ingresos procedentes de la mayor parte de
las exportaciones venezolanas y luego los transfiere a Venezuela a través del
sistema bancario del país, en una relación comparable a la de unos padres que
entregan una paga a sus hijos, cita como ejemplo la cabecera neoyorquina. Rubio
y su equipo fijan las condiciones sobre el destino de esos fondos y determinan
quién puede utilizarlos.
Los
detractores denuncian que el control del país caribeño es una colonia al estilo
del siglo XIX
Este sistema
ha permitido a Rubio detener los planes de corrupción más flagrantes de
Venezuela. También reporta algunos beneficios al ejecutivo de esta neo colonia
pues utiliza la protección del Departamento del Tesoro para recibir ingresos
sin verse acosado por los numerosos acreedores que buscan recuperar miles de
millones de dólares en deuda impagada.
Pero el
acuerdo ha otorgado a Rubio una enorme capacidad de presión sobre Rodríguez,
quien depende de ese dinero para pagar a los trabajadores y sostener la moneda
nacional.
Algunos
detractores del gobierno de Trump han reaccionado horrorizados ante estas
revelaciones. En otras reacciones recogidas en la web de Common Dreams,
sitio de noticias independientes y sin ánimo de lucro, Elizabeth Saunders,
profesora de Ciencia Política en la Universidad de Columbia, describió el poder
de Rubio sobre Venezuela como “una locura”, además de “negligente, inadmisible
e impugnable”.
Para Orlando
J. Pérez, profesor de Ciencia Política en la Universidad del Norte de Texas en
Dallas, esa información convertía en una burla las declaraciones de Rubio en
las que aseguraba querer devolver la democracia a Venezuela. “Al parecer se ha
transformado de un guerrero de la promoción de la democracia en un operador de
la realpolitik transaccional”, subrayó Pérez.
Kenneth Roth,
exdirector ejecutivo de Human Rights Watch, escribió que el control
estadounidense sobre Venezuela parecía similar al tipo de poder imperial
ejercido por las naciones europeas en el siglo XIX.
“Trump ha
convertido a Venezuela en una colonia efectiva de Estados Unidos, con Marco
Rubio como virrey y Washington controlando los ingresos petroleros del país y
dictando sus principales políticas exteriores e internas. La democracia ha
quedado relegada a un futuro lejano”, señaló Roth.
El secretario
de Estado controla las finanzas, la distribución de recursos y el gobierno
El
historiador Bradley Simpson, de la Universidad de Connecticut, consideró que el
actual acuerdo de EE.UU. con Venezuela representa un regreso al imperialismo
abierto. “Literalmente hemos vuelto a los días de la diplomacia del dólar de la
década de 1910”, indicó.
“Cuando
Estados Unidos invadía países, se apoderaba de sus sistemas financieros y los
administraba como colonias de facto, algo descaradamente ilegal y enormemente
corrupto. ¿Dónde están la Organización de Estados Americanos o la ONU para
denunciar esto?”, cuestionó Simpson en ese sitio web.
La sumisión
de Rodríguez alcanza la humillación. Cuando la Fox contactó para entrevistarla,
respondió que tenía que pedir permiso a Trump. Una vez que EE.UU. atacó Irán,
Venezuela hizo un comunicado a favor de su aliado en Oriente Medio. Pese a ser
suave, el gobierno de Caracas lo tuvo que borrar. Y hace poco, al asegurarse
que el Departamento de Justicia de EE.UU. investigaba a Rodríguez, cosa
anhelada por la oposición, que la ve igual o peor que Maduro, Trump denegó esa
opción. Rodríguez envió un mensaje de agradecimiento, pero antes lo supervisó
Rubio.
Tomado de La
Vanguardia / España. Imagen: Eric Lee / Ap-LaPresse.
*Corresponsal
de 'La Vanguardia' de España en Nueva York.
