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05 julio, 2026

Nekrosocialismo del Siglo XXI”

Un modelo político que no solo fracasa, sino que reproduce concentración del poder, estanflación económica y parálisis de capacidades estatales.

Dr. Manuel Fariñas / Opinión

La historia reciente de Iberoamérica ofrece un contraste elocuente entre dos izquierdas: una que se modernizó, se democratizó y aprendió a gobernar con instituciones; y otra que se aferró a un imaginario revolucionario fosilizado, incapaz de gestionar la complejidad del siglo XXI. 

Mientras en Chile, Uruguay o Portugal la izquierda democrática consolidó políticas sociales sostenibles, fortaleció la institucionalidad y apostó por la transparencia, en Venezuela se incubó un experimento político que terminó por destruir las capacidades del Estado. Ese experimento el llamado “Socialismo del Siglo XXI” no produjo un modelo alternativo, sino una maquinaria de erosión sistemática. 

El resultado fue un país que llegó a los terremotos de 2026 con posibles fallas graves en la construcción de infraestructura y urbanismo. Reseñas fotográficas reflejan escombros y edificaciones, que quizás se realizaron sin la supervisión de profesionales cualificados, ni el seguimiento de las normativas de construcción, lo que tal vez causó el colapso. Los hospitales, que ya sufrían escasez de insumos, quedaron sin capacidad de respuesta. Los cuerpos de bomberos y defensa civil, históricamente subdotados, enfrentaron la emergencia con herramientas obsoletas, vehículos sin mantenimiento y sin protocolos modernos de gestión de riesgos. 

La tragedia no solo pudo haber sido natural: también, podría haber sido político. Quizás, fue el desenlace de un proceso de nekrosocialismo, un modelo que elimina la independencia de los poderes públicos, produce insondables desequilibrios económicos y desampara la vida. 

En contraste, la izquierda democrática iberoamericana ha demostrado que el progresismo solo es viable cuando se sostiene sobre tres pilares: 

- Instituciones fuertes  

- Políticas públicas evaluables  

- Respeto irrestricto a la democracia. 

La comparación no busca idealizar a unos ni demonizar a otros, sino mostrar que la diferencia entre progreso y desastre no es ideológica, sino institucional. Allí donde la izquierda se modernizó, los países avanzaron. Allí donde se convirtió en culto personalista y extractivo, los países se hundieron. 

Es la hora de la independencia funcional de los poderes: Legislativo, Ciudadano y Judicial. Que se investigue hasta las últimas consecuencias. Las víctimas y sus familias, aunque sea un pleonasmo merecen conocer la verdad cierta.