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18 julio, 2026

Las cámaras ocultas de Chernóbil revelan el drástico e inesperado efecto que la guerra ha tenido en sus animales

NG 

La guerra entre Ucrania y Rusia, que roza ya los 4 años y medio de duración, está afectando seriamente a la fauna de Chernóbil. Especialmente, porque la zona es un objetivo militar

Rubén Badillo*

Un equipo científico ha logrado documentar cómo el conflicto armado entre Rusia y Ucrania altera la vida de la fauna salvaje drásticamente. El hallazgo se detalla en un reciente estudio publicado por la revista Science, donde se analizan las consecuencias del breve periodo de ocupación militar en la zona. Las cámaras automáticas instaladas en el área restringida capturaron imágenes reveladoras sobre las alteraciones conductuales de múltiples especies.

Los investigadores, bajo el liderazgo de Svitlana Kudrenko de la Universidad de Friburgo, analizaron cientos de miles de imágenes registradas por dispositivos de fototrampeo antes, durante y después de la invasión. Este exhaustivo análisis visual se complementó con encuestas diarias a los trabajadores locales sobre los niveles de ruido y perturbación ambiental. Los resultados demuestran que la hostilidad humana genera un impacto ecológico inmediato en el comportamiento animal.

La movilización de tropas y armamento pesado afectó a las especies de formas muy diversas debido a sus diferentes hábitos de vida. El registro de avistamientos del ciervo común se elevó de manera notable durante las semanas de mayor hostilidad en la zona. Por el contrario, los encuentros con corzos descendieron de forma drástica, lo que sugiere que estos últimos huyeron hacia zonas boscosas más profundas.

Adaptación de las especies al conflicto

Este comportamiento tan dispar se debe a que el ciervo común suele agruparse en espacios abiertos, mientras que el corzo es un animal solitario y esquivo. La presencia de soldados alteró también los ritmos de actividad de especies como el zorro rojo, que modificaron sus patrones horarios tradicionales. Estas criaturas incrementaron su actividad diurna con el fin de esquivar el peligro, adaptándose de forma flexible a los ruidos del conflicto.

El comportamiento de carnívoros como el lince siberiano también experimentó variaciones notables al aproximarse a las infraestructuras humanas durante los picos de tensión. Los científicos sospechan que estos depredadores y los zorros se acercaron a las instalaciones militares atraídos por la posible presencia de residuos de comida. Mientras tanto, el jabalí y el perro mapache evitaron de forma sistemática cualquier estructura construida por el ser humano.

Impacto evolutivo a largo plazo

Estas variaciones conductuales demuestran que las hostilidades dejan una huella profunda en la biodiversidad, la cual va mucho más allá de los límites físicos del territorio. Las variaciones en la fauna se suman a las observaciones realizadas en otra investigación previa sobre los perros de Chernóbil que habitan las regiones afectadas. Aquellos cánidos sometidos al estrés de las zonas de combate presentaban rasgos físicos muy distintos a los de las áreas seguras.

La selección natural parece beneficiar a los ejemplares con orejas más puntiagudas, hocicos alargados y menor tamaño corporal en condiciones de extrema inestabilidad bélica. Estos rasgos físicos de tipo salvaje asemejan a los canes a sus ancestros directos, los lobos, facilitando su supervivencia en entornos hostiles. Los expertos todavía desconocen si la breve ocupación militar en la zona restringida provocará cambios genéticos permanentes a largo plazo.

La investigación evidencia que el ecosistema del área ha sufrido una fuerte desestabilización que altera el equilibrio alcanzado durante décadas de ausencia humana. Este territorio, que se había transformado en un refugio de biodiversidad tras el accidente nuclear de 1986, afronta ahora nuevos desafíos de conservación. Los dispositivos de seguimiento científico continuarán registrando la evolución de estas especies para medir el verdadero alcance de la perturbación humana.

*Colaborador de National Geographic España

Tomado de National Geographic. Imagen: Svitlana Kudrenko / Association for Studying Animal Behaviour.