La guerra entre Ucrania y Rusia, que roza ya los 4 años y
medio de duración, está afectando seriamente a la fauna de Chernóbil.
Especialmente, porque la zona es un objetivo militar
Un equipo científico ha logrado documentar cómo el conflicto
armado entre Rusia y Ucrania altera la vida de la fauna salvaje
drásticamente. El hallazgo se detalla en un reciente estudio
publicado por la revista Science, donde se analizan las consecuencias
del breve periodo de ocupación militar en la zona. Las cámaras automáticas
instaladas en el área restringida capturaron imágenes reveladoras sobre
las alteraciones conductuales de múltiples especies.
Los investigadores, bajo el liderazgo de Svitlana
Kudrenko de la Universidad de Friburgo, analizaron cientos de miles
de imágenes registradas por dispositivos de fototrampeo antes,
durante y después de la invasión. Este exhaustivo análisis visual se
complementó con encuestas diarias a los trabajadores locales sobre
los niveles de ruido y perturbación ambiental. Los resultados demuestran que la
hostilidad humana genera un impacto ecológico inmediato en el
comportamiento animal.
La movilización de tropas y armamento pesado afectó
a las especies de formas muy diversas debido a sus diferentes hábitos de vida.
El registro de avistamientos del ciervo común se elevó de
manera notable durante las semanas de mayor hostilidad en la zona. Por el
contrario, los encuentros con corzos descendieron de forma drástica,
lo que sugiere que estos últimos huyeron hacia zonas boscosas más profundas.
Adaptación de las especies al conflicto
Este comportamiento tan dispar se debe a que el
ciervo común suele agruparse en espacios abiertos, mientras que el corzo es
un animal solitario y esquivo. La presencia de soldados alteró también los
ritmos de actividad de especies como el zorro rojo, que modificaron sus
patrones horarios tradicionales. Estas criaturas incrementaron su actividad
diurna con el fin de esquivar el peligro, adaptándose de forma flexible a los
ruidos del conflicto.
El comportamiento de carnívoros como el lince
siberiano también experimentó variaciones notables al aproximarse a
las infraestructuras humanas durante los picos de tensión. Los científicos
sospechan que estos depredadores y los zorros se acercaron a las
instalaciones militares atraídos por la posible presencia de residuos
de comida. Mientras tanto, el jabalí y
el perro mapache evitaron de forma sistemática cualquier
estructura construida por el ser humano.
Impacto evolutivo a largo plazo
Estas variaciones conductuales demuestran que las
hostilidades dejan una huella profunda en la biodiversidad, la cual va
mucho más allá de los límites físicos del territorio. Las variaciones en la
fauna se suman a las observaciones realizadas en otra investigación previa
sobre los perros
de Chernóbil que habitan las regiones afectadas. Aquellos cánidos
sometidos al estrés de las zonas de combate presentaban rasgos físicos
muy distintos a los de las áreas seguras.
La selección natural parece beneficiar a los ejemplares con orejas
más puntiagudas, hocicos alargados y menor tamaño corporal en
condiciones de extrema inestabilidad bélica. Estos rasgos físicos de tipo
salvaje asemejan a los canes a sus ancestros directos, los lobos, facilitando
su supervivencia en entornos hostiles. Los expertos todavía desconocen si la
breve ocupación militar en la zona restringida provocará cambios genéticos permanentes
a largo plazo.
La investigación evidencia que el ecosistema del área
ha sufrido una fuerte desestabilización que altera el equilibrio
alcanzado durante décadas de ausencia humana. Este territorio, que se había
transformado en un refugio de biodiversidad tras el accidente
nuclear de 1986, afronta ahora nuevos desafíos de conservación.
Los dispositivos de seguimiento científico continuarán registrando la evolución
de estas especies para medir el verdadero alcance de la perturbación
humana.
*Colaborador de National Geographic España
Tomado de National Geographic. Imagen: Svitlana Kudrenko /
Association for Studying Animal Behaviour.