La abogada y escritora Germania Galidez, envió, para su
publicación, a la redacción de Entre Todos Digital dos de sus más recientes
poemas: GRIETAS y EL DÍA QUE TEMBLÓ LA TIERRA. Galíndez en una respetada
jurista y dirigente gremial afincada en Puerto Cabello, que dedica buena parte
de su tiempo a la literatura y a la divulgación sobre temas legales. Para
nuestro medio es un privilegio publicar una pequeña parte de la amplia obra
literaria de la doctora Germania Galidez. Esperamos publicar mucho más en un
futuro inmediato. Ahí les van.
Ha pasado el terremoto y en mi vida
son múltiples las grietas que vislumbro
no solo son del cuerpo las heridas
y a todo este dolor no me acostumbro.
Si miro a las paredes de mi cuarto,
los signos de este sismo allí han quedado
igual que en los caminos y el asfalto
y en toda infraestructura que ha golpeado.
Grietas en mi salud y mi alegría,
grietas que hacen temblar mi tolerancia
y lágrimas saladas día tras día
que agrietan poco a poco la arrogancia.
Grietas por las que observo la constancia,
el temor de algunos y de otros egoísmos
y aflora con rencor la intolerancia
mientras el alma alcanza el misticismo.
Este sismo ha dejado tantas grietas
que es Nirvana del alma lo vivido,
inicio de una vida como asceta
y esencia del dolor por los caídos.
Hay grietas económicas sin duda,
grietas hay en la vida y las palabras
y las almas falsarias ya desnudas
dejan ver su faceta más macabra.
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EL DIA QUE TEMBLÓ LA
TIERRA
El día que tembló la tierra
se escaparon los demonios.
El primero de ellos traía en sus hombros
la tentación del miedo,
miedo a perder la propia vida,
a los seres queridos,
la casa que con tanto esfuerzo se compró para los hijos.
El miedo de pensar que Dios se encuentra distraído.
Detrás de este apareció otro,
cargando con la duda
y esparció la pregunta:
¿Será que a Dios le importa lo que estamos pasando?
¿Por qué hay niños perdiendo su casa y familiares?
¿Por qué caen por igual iglesias, escuelas, hospitales y
bares?
Después surgió un demonio cargado de egoísmo,
tratando de contagiar a aquellos
para quienes lo importante no es ayudar
sino llegar primero.
Casi al lado de este
pude ver otro demonio, queriendo envenenar a aquellos
que no colaboran si no son ellos los protagonistas
principales;
y los que aparecen identificándose con una organización o
tendencia política
cómo si la muerte a su alrededor los sorprendió
en medio de un mitin,
sacando provecho a la desgracia;
y los que ayudan solo por figurar,
para que los vean y se toman la foto.
Otros demonios se dedican a susurrar a los oídos de las
autoridades
para que no permitan el paso de la ayuda a los particulares.
Demonios vanidosos, tristes y solapados,
que nos hacen pensar en un castigo;
lo cual no es cierto, pues Dios es amor
y Jesús está a nuestro lado,
nos abrazó durante el terremoto
y permitió que haya sobrevivientes;
da fuerza a los rescatistas que no han dormido;
a los medicos que no saben dónde ir
y van a todos lados;
está con los bomberos cuya única herramienta son sus
manos;
con la familia pobre, que vació su alacena
para colaborar con los damnificados;
está con las ancianas que rezan el Rosario;
con el joven que ayuda como motorizado;
sosteniendo en sus brazos a cada voluntario;
arrullando en sus piernas
a tantos niños arropados por la orfandad y el frío...
Espanta a los demonios y sigue a nuestro lado
cubriendo con su amor
a los venezolanos.