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01 julio, 2026

Cuba, nuevas medidas de la Revolución. Artículo de Frei Betto.

«Un factor es evidente: a pesar de las numerosas dificultades actuales, la resiliencia del pueblo es innegable. Es como si los cubanos, que ya han afrontado tantas amenazas del imperialismo y crisis en 67 años de Revolución, estuvieran ahora seguros de que no serán derrotados. Como me dijo un amigo en La Habana: ‘No tenemos electricidad, pero tenemos mucha energía’», escribe Frei Betto, escritor y autor de la novela « El vuelo de la locomotora» (Rocco), entre otros libros.

Aquí está el artículo.

En junio realicé mi tercer viaje a Cuba este año. Dos de ellos fueron en representación de la FAO, para asesorar sobre el Plan de Soberanía Alimentaria y Educación Nutricional del país. Debido al bloqueo impuesto por Trump , la isla caribeña sufre un estrangulamiento energético criminal, ya que depende del petróleo importado. Ningún país se atreve a romper el bloqueo por temor a represalias de Estados Unidos, ni siquiera China. En marzo, Rusia envió un petrolero con 740.000 barriles. Días después, un segundo petrolero ruso se vio obligado a desviarse hacia Brasil tras cruzar aguas haitianas.

La población cubana vive en estado de guerra. Debido a los frecuentes y prolongados apagones, muchas familias cocinan con carbón o leña recogida en sus patios. Los vehículos son escasos en las calles y no existe transporte público. Los hospitales y otros centros vitales funcionan con paneles solares, que resultan insuficientes para cubrir la enorme demanda.

Debido a la falta de combustible para los camiones, la basura se acumula en las calles de la ciudad y, en La Habana, una gran cantidad de medicamentos destinados a ciudades del interior permanece almacenada.

En busca de soluciones a la crisis, en la tercera semana de junio Cuba aprobó el paquete de reformas económicas más completo desde el triunfo de la Revolución en 1959. Con 176 medidas agrupadas en 23 áreas, la iniciativa, respaldada por el expresidente Raúl Castro , busca abordar la crisis más grave que atraviesa el país desde el " Período Especial " (1990-1995). Sin embargo, al flexibilizar el modelo centralizado, el gobierno de Miguel Díaz-Canel reaviva un debate crucial: ¿mejoran estas reformas el proyecto socialista o representan un retroceso?

La decisión de aplicar una “terapia de choque” en el Caribe surgió ante un escenario extremo: el endurecimiento del bloqueo estadounidense, la interrupción del suministro de combustible y la caída de los ingresos turísticos. El fracaso de la reforma monetaria y la ineficiencia estatal provocaron apagones de hasta 20 horas diarias y una escasez generalizada. El gobierno reconoce que la brecha entre ingresos y precios es insostenible y que la necesidad de cambios urgentes se ha vuelto imperativa.

Las reformas promueven una descentralización radical:

1) Fin de los monopolios estatales: el comercio exterior y la producción ya no serán dominio exclusivo del Estado, con la apertura a las importaciones y exportaciones directas.

2) Privatización y capital privado: Las empresas estatales pueden convertirse en empresas privadas con participación accionaria, y se permite la operación de bancos privados. El sector privado, que ya representa el 15% del PIB, tendrá mayor influencia, incluyendo la inversión inmobiliaria.

3) Inversión Extranjera y Diáspora: los inversionistas ya no necesitarán socios estatales, y los cubanos en el extranjero podrán invertir en el país.

4) Empresas mixtas: la asociación entre el Estado y el sector privado se ha legalizado para varios sectores, excepto para la salud, la educación y la defensa.

5) Reestructuración del Estado: el número de ministerios se reducirá de 27 a 20 para aumentar la eficiencia.

Las medidas incluyen la municipalización de la economía: los municipios se independizarán del gobierno central para establecer empresas, importar y exportar, y aprobar inversiones de cubanos residentes en el extranjero.

El discurso oficial, secundado por el primer ministro Manuel Marrero, asegura que las transformaciones «no constituyen una desviación del proyecto socialista; al contrario, responden a la lógica inherente de su desarrollo». La lógica es pragmática: para salvar el socialismo, es necesario adoptar nuevos instrumentos económicos acordes con la realidad actual.

Desde esta perspectiva, la apertura es una herramienta para fortalecer el proyecto socialista, no para abandonarlo. El reconocimiento del mercado como un “instrumento para la asignación eficiente de recursos” se considera un avance, no una capitulación. Además, la promesa de protección social busca mitigar los efectos de las reformas en los más vulnerables y preservar la esencia de la justicia social en el proyecto revolucionario. El presidente Díaz - Canel reitera que “Cuba está cambiando para seguir siendo libre” y para “vivir mejor”, presentando las reformas como un acto de soberanía.

Para algunos críticos, estas medidas representan una desviación significativa de los principios socialistas. La privatización de sectores clave, la autorización de bancos privados y el desarrollo inmobiliario privado se consideran una introducción de relaciones capitalistas en el corazón del proyecto socialista. El economista cubano Daniel Torralbas las clasifica como la "reforma económica más profunda en 70 años", lo que, para muchos, equivale a un cambio sistémico.

Existe el temor de que los cambios conduzcan a una concentración de la renta y a una mayor desigualdad, algo que ya se observó con la dolarización parcial. Algunos analistas señalan que la vida solo mejora para quienes tienen acceso al dólar, lo que crea una brecha social que contradice el ideal socialista igualitario. Además, la historia de aperturas seguidas de retrocesos genera desconfianza.

El éxito o fracaso de estas medidas en relación con el proyecto socialista dependerá de su implementación y de factores externos, como el fin del control energético estadounidense. El gobierno cubano apuesta a que la eficiencia económica generada por la apertura podrá financiar y preservar los logros sociales de la Revolución. Sin embargo, existe el riesgo real de que las fuerzas del mercado distorsionen el carácter igualitario del Estado.

En definitiva, Cuba está adoptando medidas audaces, propias del capitalismo, para salvar el socialismo, siguiendo el ejemplo de China y Vietnam. Que esto represente una mejora o un retroceso dependerá del resultado práctico: si una mayor eficiencia económica se traducirá en bienestar para la mayoría de la población sin sacrificar los pilares de la justicia social, o si abrirá una brecha irreparable en el proyecto revolucionario iniciado en 1959. El tiempo y la capacidad del gobierno revolucionario para gestionar esta transición determinarán si estas reformas marcarán el comienzo de un nuevo capítulo en el socialismo cubano o el presagio de su desaparición.

Un factor es evidente: a pesar de las numerosas dificultades actuales, la resiliencia del pueblo es innegable. Es como si los cubanos, que ya han afrontado tantas amenazas del imperialismo y crisis en 67 años de Revolución, confiarán ahora en que no serán derrotados. Como me dijo un amigo en La Habana: "No tenemos electricidad, pero nos sobra energía".

Tomado de IHU / Brasil.