Por Víctor Baptista *
Con la corta visita de Dinorah Figuera a Venezuela, se ha
conformado un nuevo escenario impulsado por EEUU que reafirma que su tutelaje
no es una quimera.
Trump ha decidido que los negocios van primero que los
cambios políticos. Cuando los sectores más extremistas de la oposición pedían
desde hace muchos años intervenciones militares, y apoyaban sanciones, él los
apoyó en su primer gobierno, pero el interinato no actuó con la debida
responsabilidad y todo se fue al traste.
En su segundo gobierno, el líder republicano fue advertido
por los servicios de inteligencia, especialmente la CIA, que en Venezuela una
intervención militar sería un desastre como lo fueron Irak y Libia. Por ello
apoyó que la intervención sería mediante una extracción que terminó sacando a
Maduro del poder. Era obvio, Venezuela representa para EEUU un área muy
importante geopolíticamente hablando, donde el petróleo, el oro y demás
minerales serian parte de sus políticas para América Latina.
Por otro lado, el Gobierno Americano, como parte de su
estrategia, decidió que su relación política prioritaria sería con Delcy
Rodríguez, que hoy funge como Presidenta encargada de la República.
Para nada es un secreto que Trump ha venido rechazando a María Corina Machado, argumentando que ella no garantiza con relación al gobierno chavista, eso que él llama la estabilidad económica, que es su principal objetivo.
Lo sucedido con la visita a nuestro país de Dinorah Figuera
es parte de ese plan del Departamento de Estado, ratificando así que no
comparte los lineamientos aprobados en la Cumbre de Panamá por los partidos de
la Plataforma Unitaria. Por eso se siente un ambiente de sorpresas en los
diversos factores de la oposición venezolana, y mientras estoy escribiendo
estas notas, no ha habido respuesta por parte de María Corina.
El plan de Trump,
apretando el tutelaje, ha sido lograr que el gobierno, en la figura de Jorge Rodríguez,
recibiera en Miraflores a Dinorah Figuera. Vienen, a mi modo de ver, algunos
acuerdos entre el “Rodrigato” y lo que fue la Asamblea Nacional 2015- 2020.
Este panorama, por supuesto, va a crear fricciones en un
escenario donde la oposición sigue muy fracturada, y necesita entenderse para
poder visualizar lo que pueda venir por parte de los EEUU. Esta nueva realidad
indica que, por lo menos este y el próximo año, no habrá elecciones, más aún
cuando todavía la ansiada TRANSICIÓN no ha comenzado.
Lo triste es que después de tantos años en los que la
oposición no ha podido ponerse de acuerdo respetando sus diferencias, tengamos
que calarnos un TUTELAJE, que solo demuestra lo torpe que hemos sido
políticamente. Esa torpeza se repite al activar a los partidos solo para pedir
elecciones, esto es parte de esa práctica tan nociva como lo es usar solo el
activismo emocional, que al final traen frustraciones muy dañinas.
*Dirigente político en el estado Aragua.
