El presidente uruguayo posó con pulgares arriba a
bordo del portaaviones estadounidense horas antes de que el Frente Amplio
condenara a Trump. Esa foto causó polémica y debate a lo interno.
El documento programático del Frente Amplio – coalición
gobernante en Uruguay- el quinquenio
2025-2030, difundido en diciembre de 2023, incluye una caracterización del
orden internacional contemporáneo. Allí se afirma: “Estados Unidos y sus
aliados se resisten a perder su hegemonía a nivel global, ante el avance de
potencias emergentes (…). Vivimos en un mundo en donde el imperialismo
norteamericano y sus aliados de la OTAN ponen en riesgo la supervivencia
del planeta”. Esta definición ideológica forma parte de las bases que
orientaron la campaña que llevó al actual presidente a la investidura.
El domingo 3 de mayo, el Secretariado Ejecutivo
del Frente Amplio emitió una declaración escrita en rechazo a las
expresiones del entonces candidato y actual presidente estadounidense Donald
Trump. El comunicado sostiene que las “amenazas de intervención militar” de
Trump en Cuba “se inscriben en una práctica de agresiones a nivel planetario y
representan una escalada de hostilidad que pone en riesgo nuevamente la paz del
continente”. El texto no menciona al gobierno uruguayo ni al
presidente Yamandú Orsi.
Menos de 24 horas antes de la publicación de ese comunicado,
una fotografía generó malestar en sectores del oficialismo. La imagen muestra
al presidente Yamandú Orsi con los pulgares hacia arriba a bordo del
portaaviones USS Nimitz. Dirigentes de distintas corrientes
del Frente Amplio manifestaron, en público y en privado, su
descontento por lo que consideraron una falta de previsión política.
La fórmula gubernamental ante los conflictos internacionales
La administración actual ha utilizado en reiteradas ocasiones
una distinción entre la coalición gobernante y el Estado. “Una cosa es la
fuerza política, otra cosa es el gobierno”, es la frase empleada por
el Poder Ejecutivo para justificar decisiones en materia de política
exterior que contrastan con los posicionamientos de la izquierda. Este
mecanismo se aplicó durante la guerra en Gaza, cuando el
presidente Orsi evitó calificar la situación como “genocidio” de
Israel, mientras que el Frente Amplio y el secretario de la
Presidencia denunciaron un exterminio de la población gazatí. La misma lógica
operó respecto a la situación interna de Cuba.
La visita presidencial del sábado al USS
Nimitz expuso una nueva contradicción entre el discurso ideológico de los
líderes del oficialismo y la conducta de quienes ocupan cargos en el Estado. La
fotografía con los pulgares hacia arriba, similar a la que tomó el presidente
argentino Javier Milei días antes, encendió críticas tanto dentro como fuera de
la coalición de gobierno.
El debate se bifurcó en dos ejes principales. El primero, de
carácter legal, giró en torno a la necesidad de solicitar autorización
al Parlamento para la visita del portaaviones. El segundo, de
naturaleza política, cuestionó la oportunidad y la forma en que se desarrolló
el encuentro.
La controversia jurídica por la venia parlamentaria
El Partido Nacional y
el PIT-CNT señalaron que el gobierno incurrió en una violación
constitucional. Según estos actores, el Poder Ejecutivo debió
requerir venia al Parlamento antes de concretar la visita al USS
Nimitz. La oposición argumentó que la presencia del presidente y de altos
mandos militares a bordo de una nave de guerra estadounidense requería
autorización legislativa previa.
El Ejecutivo y la Embajada de Estados
Unidos respondieron que el buque nunca ingresó a aguas jurisdiccionales
uruguayas. Fuentes de la delegación nacional informaron al diario El Observador
que el vuelo desde la base aérea de Carrasco insumió aproximadamente
45 minutos para alcanzar la plataforma. Bajo esta premisa, el gobierno sostiene
que no se violó norma alguna.
En un segundo nivel del debate se analizó la naturaleza de la
aeronave que trasladó a los jerarcas. Se trata del Grumman C-2A Greyhound,
un avión de transporte logístico de la marina norteamericana. Dos unidades de
este modelo aterrizaron en la base aérea, aunque sus trayectorias no figuran en
plataformas de seguimiento como FlightAware o Flightradar24.
Los C-2A serán retirados de servicio en junio de este año.
El senador Felipe Carballo, integrante del Frente
Amplio y miembro de la Comisión de Defensa, visitó la base aérea el
lunes posterior al evento. Carballo declaró al mismo medio que “no hay ningún
tipo de ilegalidad por parte del presidente en ir a visitar el portaaviones,
porque el avión que lo vino a buscar es solo un avión logístico, sin armamento,
nada que indicara que fuera de combate”. El legislador agregó que la
tripulación estadounidense estaba compuesta por cuatro personas, dos mujeres y
dos varones.
El antecedente normativo del gobierno anterior
Fuentes del Poder Ejecutivo explicaron que existe
un decreto del año 2021, aprobado durante la administración de Luis
Lacalle Pou, que regula los sobrevuelos y aterrizajes en territorio uruguayo.
Ese texto, utilizado mayoritariamente para autorizar vuelos sanitarios
provenientes de las Islas Malvinas, establece que las solicitudes deben
presentarse al Comando de la Fuerza Aérea con al menos 48 horas de
anticipación, detallando razones y características del vuelo.
El Ministerio de Defensa tenía conocimiento de la
invitación al USS Nimitz desde diciembre del año anterior. El
portaaviones ha navegado frente a las costas de varios países de la región como
parte del despliegue “Southern Seas 2026”, que será el último antes de su
desactivación. El buque recibió previamente las visitas de los
presidentes Javier Milei –en cuyo caso hubo operaciones militares
conjuntas con fuerzas argentinas– y José Antonio Kast frente a las
costas chilenas.
La tripulación transportada por los C-2A
Greyhound incluyó al presidente Yamandú Orsi, al embajador Lou
Rinaldi, al canciller Mario Lubetkin, a los subsecretarios de Defensa e
Interior –Joel Rodríguez y Gabriela Valverde– y a los comandantes de
la Fuerza Aérea (Fernando Colina), del Ejército (Mario
Stevenazzi) y del Estado Mayor de la Defensa (Rodolfo Pereyra).
La dimensión política del malestar interno
En Torre Ejecutiva señalaron que la visita
al USS Nimitz estaba planificada con semanas de antelación. Los
organizadores no podían prever que el día anterior Donald Trump declararía que
Estados Unidos “tomará el control” de Cuba “casi de inmediato”. Sin embargo,
dentro de la izquierda el reproche es de naturaleza política. Varios
dirigentes, bajo condición de anonimato, consideraron que la visita fue
inconveniente. Algunas voces sostienen que debió enviarse una autoridad de
menor rango o que el presidente pudo evitar posar con los pulgares hacia
arriba, tal como lo hizo Milei días antes.
El Parlamento aún debe votar un proyecto de ley
impulsado en el período anterior por el MPP. La iniciativa busca definir
con precisión qué se entiende por “tropa” y en qué casos de incursiones
extranjeras de militares se debe solicitar venia parlamentaria. Este asunto ya
generó controversias previas para el gobierno actual.
En abril de 2024, el entonces senador opositor Alejandro
Sánchez –actual secretario de la Presidencia– reclamó en un acto
del MLN la renuncia del canciller y del ministro de Defensa por no
enviar la venia para autorizar el ingreso de un buque de la Guardia
Costera norteamericana. “El gobierno entreguista que tenemos, bastante
cipayo, le abrió las puertas del puerto de Montevideo a esta nave sin siquiera
pasar por el Parlamento para autorizar el ingreso”, afirmó en aquella ocasión.
El Poder Ejecutivo defiende que la presencia
de Orsi en el portaaviones eliminó cualquier indicio de “tensiones”
con Estados Unidos a un “costo 0” para el Estado. La premisa oficial es que
Uruguay debe mantener buenas relaciones con todos los países,
independientemente de sus orientaciones políticas.
Tomado de La red 21 / Uruguay.