- Situación límite — Los bombardeos afectan áreas donde habitan
estos animales y obligan a reducir el trabajo de campo porque los
vehículos pueden confundirse con objetivos, lo que deja zonas sin
supervisión
Un animal puede ser famoso por su velocidad y, aun así,
quedar fuera del grupo que concentra toda la atención. El guepardo se
queda fuera de los llamados cinco grandes de África, una etiqueta que se asocia
a león, elefante, búfalo, rinoceronte y leopardo, pero aun así sigue siendo uno
de los depredadores más buscados en safaris por su forma de cazar y su
capacidad de alcanzar más de 100 km/h.
Esa ausencia no reduce su valor como símbolo del continente,
aunque sí cambia cómo se protege y cómo se percibe su situación. El
caso resulta aún más llamativo cuando se mira a su pariente asiático, que
comparte origen y rasgos, pero vive en condiciones mucho más duras. La
diferencia entre su popularidad global y el riesgo real que afronta abre una
pregunta que solo se entiende al mirar lo que ocurre hoy fuera de África.
La población iraní cae a cifras mínimas bajo vigilancia individual
El guepardo asiático en Irán ha quedado reducido a
menos de 30 ejemplares y la guerra reciente ha agravado una situación
ya crítica para su supervivencia, según Mongabay. Bagher
Nezami, director nacional del Conservation of the Asiatic Cheetah
Project, explicó a medios estatales iraníes que los 27 individuos
identificados en libertad están “documentados y monitorizados”, lo que permite
seguir cada caso de forma individual.
La guerra y la falta de medios dejan a la especie sin
apoyo
La cifra había subido desde los 20 registrados el año
anterior, pero ese avance quedó en suspenso tras un cambio brusco en el
contexto del país. La presión sobre una población tan reducida convierte
cualquier alteración en un problema inmediato.
Nueve días después de que guardas forestales grabaran a una
hembra con cinco crías en la provincia de Jorasán del Norte, Estados
Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados sobre territorio iraní. La
respuesta militar desencadenó un conflicto que ha afectado también a zonas
donde viven estos animales.
El conflicto militar agrava la situación en las reservas
Un conservacionista local citado por Mongabay advirtió
que los vehículos de campo pueden ser confundidos con objetivos militares en
áreas remotas del desierto, lo que obliga a reducir la presencia humana en los
hábitats. Sarah Durant, investigadora de la Zoological
Society of London, explicó que “la protección de quienes trabajan sobre el
terreno se ha convertido en una cuestión urgente a nivel internacional”. Esa
reducción de actividad deja sin vigilancia espacios donde cada
individuo cuenta.
El seguimiento de estos animales depende en gran parte de cámaras
automáticas que se activan con el movimiento, un sistema que permite
identificar a cada ejemplar por el patrón de sus manchas. Sin embargo, las
sanciones internacionales han limitado la entrada de equipos y
han impedido usar dispositivos conectados a redes móviles o satélites.
Los collares GPS, que ya se emplearon en 2007
para estudiar sus desplazamientos, ofrecen información más detallada, pero su
uso se ha visto frenado por restricciones técnicas y políticas. Los estudios
recientes recogidos por Wild Tomorrow indican que estos
sistemas resultan necesarios para entender cómo se mueven en
territorios amplios y dispersos.
Ya solo viven en una pequeña zona de Irán
Las diferencias entre el guepardo asiático y los africanos
ayudan a entender su situación. El asiático es más pequeño y presenta
un pelaje más claro, adaptado a zonas áridas y montañosas, mientras que los
africanos suelen tener mayor tamaño y tonos más oscuros. Ambos alcanzan
velocidades similares, en torno a 100–110 km/h en carreras cortas, ya que
comparten la misma base física. La diferencia principal está en el entorno y en
el tamaño de las poblaciones, mucho más amplias en África.
El área en la que vivía este felino se extendía desde la
península arábiga hasta la India, aunque hoy se limita a una pequeña
parte de Irán. Durante el siglo XX desapareció de la mayor parte de
ese territorio por la caza, la pérdida de presas y la degradación del entorno.
En 1959 obtuvo protección legal y se crearon parques
nacionales, pero la revolución de 1979 y la guerra con Irak interrumpieron
esos esfuerzos. Esos años se describen como un periodo perdido para la
conservación, porque la población cayó sin seguimiento ni medidas eficaces.
Las carreteras provocan la mayoría de muertes registradas
Las carreteras se han convertido en uno de
los mayores riesgos para la especie. Más de la mitad de las muertes registradas
se deben a atropellos, y algunos casos muestran hasta qué punto influye este
factor. Una hembra conocida como Helia perdió a una de sus
crías tras cruzar una vía en la provincia de Semnan. Durante varios días
permaneció cerca del lugar, mientras voluntarios trataban de frenar el tráfico
para evitar otro accidente. Las autoridades han instalado vallas y pasos subterráneos,
pero la expansión de infraestructuras sigue atravesando zonas donde estos
animales necesitan moverse.
El número de individuos sigue siendo extremadamente
bajo, aunque hubo señales recientes de mejora. El avistamiento de cinco
crías en 2026 marcó un récord, ya que nunca se habían observado más de cuatro
juntas. Entre 2020 y 2024 nacieron al menos 31 cachorros en el norte del país,
aunque menos de la mitad sobrevivieron más de un año. Wild
Tomorrow advierte que una población de 27 ejemplares no tiene
margen para otro periodo sin control ni seguimiento.
La crisis política reduce los recursos para proteger la
especie
La situación económica y política complica cualquier plan de
recuperación. Peter Zahler, director de conservación de campo en
Zoo New England, explicó a Mongabay que “los programas
ambientales rara vez se consideran prioritarios tras un conflicto”. Jamshid
Parchizadeh, investigador en Michigan State University, añadió que la
reconstrucción del país absorberá la mayor parte de los recursos disponibles.
Antes del conflicto ya había limitaciones de financiación, y ese
escenario reduce aún más la capacidad de actuar sobre el
terreno.
A estos factores se suman problemas ecológicos que
ya estaban presentes. La fragmentación del hábitat obliga a los animales a
cruzar zonas sin protección, donde aumenta el riesgo de caza y conflictos con
humanos. La escasez de presas también afecta de forma clara, porque sin
ungulados suficientes no pueden mantener su alimentación.
El conservacionista citado por Mongabay explicó
que “la disponibilidad de presas es esencial para su supervivencia”, y añadió
que la presión sobre estos animales puede aumentar en momentos
de dificultad económica. En ese contexto, cada desplazamiento fuera de las
reservas expone a los últimos ejemplares a un entorno cada vez más difícil de
sostener.
Tomado de elDiario.es
/ España.